Symns: La verdad del sueño

Por Vanina Escales

“Evidentemente, toda vida es un proceso de destrucción” escribe Francis Scott Fitzgerald hacia el comienzo del Crack-Up y El señor de los venenos (1), autobiografía de Enrique Symns, provoca evocarlo. El relato del libro de Symns sigue un orden cronológico con excepción de la introducción. Esta presentación es una puesta en claro de cuáles van a ser los temas y cuál el tono, además de funcionar a modo de advertencia. Comienza por el año 1987, durante los últimos días de la revista Cerdos y Peces, y alude a su entrada en la cárcel por una causa de tráfico de drogas; las violaciones de niñas por parte de Tostao; la boca de Elisse como un ano; la disposición cocainómana para el sexo; la autoridad injusta, brutal y prescindible; los niños que crecen de rodillas; la ley popular o el principio ordenador que permite salvarse con un billete de cien escondido entre las nalgas. 

También relata la primera humillación que desató la maquinaria Symns, identificada por él de la mano de un profesor que descubrió su falso título de secundaria y lo echó de la carrera de psicología. Dos autoridades en pugna: la de los títulos oficiales y la de los saberes autodidactos. Siempre, dos autoridades combatiendo; el problema es político y Symns -dice que- nunca gana. Es moralista, quiere crear valores, cambiar unos por otros, subvertir. A su modo, denuncia (buchonea) falsos ídolos contemporáneos enquistados en instituciones: el ahorro, el prudente deseo cristiano, la educación formal, el periodismo como traductor objetivo de lo real, etc. Pero la evocación del comienzo no funciona del todo para Symns, ya que –sobreviviente- la diluye en el epílogo del libro, “Siempre hay que volver”. Y es precisamente eso lo que opaca la tentación de encasillarlo entre personajes reactivos y paranoicos. El resentimiento difícilmente crea y, si lo hace, no resiste volver a ser: lo activo siempre “‘vale más’ y vale absolutamente lo que vuelve, lo que soporta volver, lo que quiere volver” (2).

En El señor de los venenos podemos leer los acontecimientos y las experiencias que Symns considera que pueden explicarlo. No todas las experiencias, no todos los días ni todas las noches de Symns, sino las que hacen que él se reconozca a sí mismo o por las que quiere ser reconocido. En este sentido uso esta cita de Philippe Lejeune que trae Anna Caballé con la idea de que toda autobiografía puede leerse como la expansión de una frase, que podría resumirse en “me he convertido en yo mismo”; “en la forma en que uno llega a ser lo que es y a sentirse, en el desarrollo y manifestación de la mismidad, hallamos el espíritu más puro de dicha escritura” (3). Y también podemos leerlo a la sombra del “pacto autobiográfico” que consiste en un contrato de lectura que se establece entre el autor y el lector y que opera como un compromiso de veracidad que viene garantizado por la firma (4) del autor como si fuera algo así como un contrato legal.

Las autobiografías, en general, están escritas en primera persona, acá, en cambio, también aparece la tercera y el uso de la segunda persona al contar mi experiencia como si fuera la tuya –¿muleta heredada de su época de monologuista en la que se dirigía directamente al público, tal vez? “No era sólo que si se te caía el Arturito éste rodaba a esconderse en el lugar más remoto de tu campo perceptivo y en el último sitio donde irías a buscarlo; además, tus llaves nunca estaban cuando resultaba imprescindible utilizarlas”–. La tercera aparece sobre el final, en tres apartados que cuentan el derrumbe chileno, empezando por su cumbre: “Symns alcanzó finalmente el reconocimiento que merecía y los beneficios económicos que tanto había despreciado durante largos años de underground.”; para terminar por la pregunta “¿dónde queda el fondo de una caída?”. La tercera persona funciona finalmente como un repliegue del “yo” que narra a lo largo del libro. Cocaína y despersonalización.

A esta altura, una aclaración. Symns nos dice que escribe su autobiografía pero también escribe ahí mismo que la cocaína hace olvidar (5). El olvido, aunque no es un dato menor en el que quiere reconstruir una vida, es lo más leve dentro de las experiencias de la embriaguez. Tenemos el relato de la experiencia del opio donde “no sólo todo lo que uno imagina parece increíblemente real, sino que además los tiempos también parecen reales”. Symns cuenta una violación imaginaria nacida del opio. Pero lo real, allí sería la ensoñación y el relato del “viaje”, metáfora más que difundida en el mundo de la embriaguez. Con este influjo vamos a encontrar varios momentos en el libro. Podríamos decir que se convierte en un cronista inmóvil de mundos tan posibles como imaginarios. La embriaguez como forma de experimentar el tiempo, el espacio y el relato de eso mismo. Al leer imaginamos la influencia de estimulantes o narcóticos en pasajes con asombrosos cambios de ritmos y velocidades. Droga y escritura. En el relato de la cocaína no hay reflexiones sino puro movimiento y ansiedad. En el relato de la mezcalina, “un fenómeno muy común era que el ojo se liberaba de la traición óptica que le permite existir y si, por ejemplo, un sujeto se levantaba desde un sillón y caminaba hasta la puerta ubicada a una docena de pasos, uno veía toda la frecuencia de imágenes desde que partía hasta que llegaba… ¡en el mismo instante!”.

Pero también hay algo en particular en el uso de drogas, el relato autobiográfico y la verosimilitud que –¿debería?– desprenderse del texto. Lo verosímil se crea en un contexto ampliado que incluye otras narraciones. Junto a Symns podemos sentar a otros ensayistas de sí mismos, y encontrar en sus palabras bajo influencia experiencias similares. Thomas De Quincey, Ernst Jünger, Aldous Huxley, Henri Michaux y Walter Benjamín, como ejemplos. Las deformidades del cuerpo o directamente la ausencia de miembros (“Enrique… no hay paredes.” “Estas no son mis manos.”). Frases que podemos leer una y otra vez en un relato compartido entre desconocidos. No es original pero es, aún así, la descripción de un extrañamiento de sí –y para sí– tan sorprendente que o bien lo familiar que se vuelve siniestro o lo ajeno deviene puro placer, por poner dos combinaciones posibles. Según Deleuze, en la droga “el deseo cargaría directamente el sistema-percepción. Por percepción hay que entender tanto las percepciones internas como las externas, y especialmente las percepciones de espacio-tiempo” (6). Las drogas operarían extendiendo el mundo. Es una experiencia, también, de la geografía por cuanto el “disidente toxicológico” es un viajero, un explorador, un buscador de umbrales.

Ahora, al fin, un poco más lejos del libro y más cerca de lo particular del género, parece importante tener en cuenta que, en determinadas situaciones, la autobiografía surge como resistencia del que se sabe sobreviviente. El libro de Symns funciona como el testimonio narrado de una época pasada, que permanece como huella oral y material de hemeroteca, pero que ya no existe. Se trata de la reconstrucción del espíritu contracultural de la década de 1980. ¿Forzamos conceptos robados de la filosofía si incluimos sus escritos dentro de la llamada literatura menor (7)? ¿No es acaso el autor miembro de una minoría en extinción que conoce el código del lenguaje pero que intenta pervertirlo hasta hacerlo sonar extraño, otro, forastero? El terrorismo verbal de Symns ataca justamente lo que encuentra erguido y se cree jerarquía; entrampa a la hegemonía cultural y política del buen hacer y del buen decir, con una guerra de guerrillas desconcertante, farsesca y cruda. Lo que se reconstruye en estas crónicas autobiográficas es la forma subjetiva y política de los desplazamientos en la Ciudad. Y en el caso de Symns, además, las nuevas experiencias del cuerpo en la vida postdictatorial.

Notas:
(1) Symns, Enrique, El señor de los venenos, Cuenco de Plata, Buenos Aires, 2004.
(2) Deleuze, Gilles, Nietzsche y la filosofía, Anagrama, Barcelona, 1986, pág. 166.
(3) Caballé, Anna, “Viaje a la semilla”, en: Archipiélago: Cuadernos de crítica de la cultura, Nº 69, 2005, págs. 39-48.
(4) La igualdad identitaria entre “autor”, “narrador” y “protagonista” constituye el rasgo saliente de la autobiografía canónica.
(5) Symns: “Uno de los efectos más notables de la cocaína es esa potenciación extrema de la desatención y la consiguiente pérdida de memoria”.
(6) Deleuze, Gilles, “Dos cuestiones sobre el uso de la droga”, en: Archipiélago: Cuadernos de crítica de la cultura, Nº 28, 1997, págs. 73-76.
(7) Deleuze, Gilles y Guattari, Félix, Kafka. Por una literatura menor, Era, México, 1978.

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6 comentarios para “Symns: La verdad del sueño”

  1. oz Dice:

    Está bueno Vanina. En segunda relectura veo más clara la propuesta del título. ¿Cuál fue el sueño de Symns? ¿Y cuál es la frase que en su expansión permite que se construya la autobiografía? Acertás al proponer no el tema de la ficción sino el de la imaginación, que en esta autobiografía parece estar justificada por efecto de las drogas (por eso las violaciones imaginarias, las escenas que habrían ocurrido sólo en la mente del autor). Pero es que siempre (haya o no sustancias que la activen) el tema es la imaginación, algo más contundente, concreto y fáctico que la categoría de “ficción”, que siempre me evoca algo “ficticio”, mentiroso. En cambio la imaginación, la capacidad de generar imágenes y su relación con la intimidad ( hay un ensayo de Link sobre “la imaginación intimista” en http://linkillo.blogspot.com/2007/08/la-imaginacin-intimista.html). Esa intimidad que el autobiográfo muestra sólo en fragmentos, que exhibe en pedazos, a veces a pesar de sí -no toda experiencia, decís con precisión, sino aquellas del cuerpo en la vida posdictatorial, experiencias que hacen que (Symns) se reconozca o por las que quiere ser reconocido. ¿Y cómo quiere ser reconocido Symns? En un libro recién publicado por Mansalva, de Alberto Giordano, de Rosario: “El giro autobiográfico de la literatura argentina actual” que recomiendo leer, se habla de Daniel Link, de María Moreno, Pablo Pérez, etc. y de “la primacía del personaje por sobre la autenticidad del ejercicio intimista”, la construcción del sí mismo como personaje artístico, una construcción que por supuesto no es totalmente racional ni programada porque uno siempre muestra “más de lo que sus palabras o silencios comunican”… Entonces, por ahí, en estas ideas sueltas que trato de hilvanar, quiero decir que veo tu rescate de Symns en su construcción como personaje-sobreviviente de una época, una época en la que ciertas experiencias eran vividas (imaginadas, soñadas) como resistencia. Creo que no digo nada nuevo, pero ese habría sido el sueño de Symns, que ya está implícito en el título El señor de los venenos: el sueño de conducir una resistencia a través del opio, de la cocaína, de la embriaguez con sustancias que puedan expandir los límites de la percepción. “Si se abriesen las puertas de la percepción, el mundo aparecería tal como realmente es: infinito” (Blake). El sueño de liderar una minoría –en extinción? o desaparecida?- en resistencia con armas psicotrópicas. Pero que ya se enuncia a sí misma con sarcasmo: tiene armas que envenenan. Un terrorista envenenador. Un cuadro que anuncia que quiere volarte la cabeza. Un guerrillero tóxico.

  2. cicuta Dice:

    SYMNS LEYENDAAAAAAAAAAAAAA!

  3. blogcronico Dice:

    Para leer notas históricas y otras actuales de y en torno a Symns, ver el blog de Elsa Cicuta: http://www.laotracicuta.blogspot.com/
    Warning: también hay material gráfico que puede (debe) ofender a algunos espectadores. Se recomienda que un menor lo mire acompañado de padre, tutor o encargado.

  4. ELSA CICUTA Dice:

    Gracias por la reseña bibliografica de mi blogs!!!jajja
    saludos!

  5. willy Dice:

    Lo de Symns son “las flores del mal”.Su literatura tiene un efecto desaletargante, como algunas de la sustancias que menta, y si su posición ética no tiene nada de nuevo (es la de Diogenes, la palabra cínico viene de “kion” que significa “perro”) es también el Brian Jones o el Syd Barret de los Redondos, una suerte de “mala conciencia” ineludible para Solari que en la entrevista para la misma revista donde Symns publica sus ultimas perlas declaro:“La única manera de sustentar en una sociedad de consumo tus sueños es siendo fuerte económicamente”

  6. Ronald Gallardo Duarhtt Dice:

    Fuerza amigo Enrique. Desde El Quisco – Chile, litoral de los poetas que caen al mar como pájaros salvajes.
    Aquí un video cortó – en tu nombre.
    Abrazotes
    Ronald Gallardo Duarhtt

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