Ocurrió hace un año, se dijo y se escribió mucho en los medios pero ahora una historia singular da cuenta de ese acontecimiento (que comentamos a su tiempo en esta entrada) mejor que cualquier acumulación de cifras y argumentos. La última Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación, organizada por el IPYS y reunida en Buenos Aires del 3 al 6 de setiembre, eligió esta crónica y reportaje de Ana Prieto, publicada en el blog Aguilas humanas, para participar en el panel sobre salud pública. De ella destacamos:
La gripe que supimos conseguir
“Si Natalia hubiera esperado de pie tal vez se le habría notado bien la panza y hubiera tenido algún tipo de prioridad. Pero ellos fueron respetuosos del orden de llegada y la salud de Natalia siempre había sido buena, con su alimentación cuidada y su cuerpo fuerte de profesora de gimnasia. Por una tos no iban armar lío.
El chequeo duró dos minutos, abrí la boca, estetoscopio en el pecho, respirá hondo, Reposo, Ibupirac y Tafirol.
- ¿Y ese virus que anda por todos lados?
- No, no, esto es una gripe común-, le dijo a Ariel el médico de guardia, y anotó en su recetario Ibupirac y Tafirol, uno cada ocho horas, de los dos.
“Cristian entró al hospital con más miedo que su hermana; la idea del nuevo virus le daba vueltas pero trataba de no pensar en eso y no mencionó que había escuchado por radio esa mañana que en Argentina había siete muertos y más de mil casos positivos. A Natalia la atendió un doctor muy joven que tomó sus datos, le revisó la garganta, y puso el estetoscopio en su pecho para escuchar un silbido brumoso, como si el aire quisiera abrirse paso a través de una sinuosa capa de nubes. “Principio de neumonía”, dijo, y la mandó a hacer nebulizaciones con salbutamol, el medicamento del famoso ventolín que inhalan los asmáticos. Durante una hora y media estuvo en una piecita con una máscara en la nariz y la boca, aspirando esa corriente amarga y húmeda.
- No está bien, no mejora, le duele la cabeza- le dijo Cristian al médico cuando salieron.
- Es normal quedar así después de las nebulizaciones- contestó, y les dio una receta de amoxicilina y otra vez Ibupirac y reposo.
““El hospital de la gripe A”. Así empezó a llamar la prensa al hospital Federico Abete del partido bonaerense de Malvinas Argentinas a fines de junio de 2009. Y es que en pocos días se convirtió en una suerte de sanatorio de campaña que se especializó en la epidemia y abrió sus puertas a pacientes graves de toda la provincia.
“Estamos a fines de agosto, el pico de la epidemia terminó hace tres semanas, y nadie sabe cuántos enfermos hubo, cuántos murieron, cuántos diagnósticos fueron negativos de las miles de muestras que se supone que se analizaron.
“Cuando la gripe empezó a expandirse a mediados de junio, los mismos rumores corrían por toda la ciudad: que tal persona había muerto sin diagnóstico, que tal otra se curó pero no se sabe todavía si lo que tuvo fue gripe A; que ya no se hacen los análisis, que sí se hacen, que sólo el Malbrán puede hacerlos, que los laboratorios privados también.
- ¡No tosás que nos contagiás a todos!- ordenó la médica y los dejó helados hasta que llegó otro doctor que se alarmó por el resultado del análisis y le dijo a Natalia que se levantara y fuera hasta la silla de ruedas que estaba a unos metros. “Si los médicos le piden que camine, es porque no está tan mal”, pensó Cristian.
“En Argentina la información y la alerta sanitaria se hicieron esperar hasta que pasaran las elecciones legislativas del 28 de junio, dos días después de la muerte de Natalia. Hasta ese momento, para todos los que no teníamos por costumbre asomarnos a un hospital, la gripe A era poco menos que un invento de los medios y de Roche. Ya el 15 de junio el hospital Federico Abete había recibido su primer caso grave de gripe A: una nena de año y medio, previamente sana, que murió a los tres días. A esa fecha el Austral ya tenía 81 casos con diagnóstico positivo, con y sin internación. Graciela Ocaña, por entonces Ministra de Salud de la Nación, había pedido que se declarara una emergencia sanitaria similar a la de México y que las elecciones se postergaran. Pero no se hizo ni lo uno ni lo otro y ella presentó su renuncia el 29 de junio.
“Nadie buscó datos acerca de cuántas personas con H1N1 se habían curado, ni cuántos “casos sospechosos” fueron en realidad casos de gripe común. Y aunque el gobierno pidiera calma todos los días, sus datos cruzados y sus silencios no ayudaron a mantenerla. Me voy sin números pero hubieran sido, al fin y al cabo, los números de un solo hospital. Pienso que en un país como éste pretender cifras absolutas es una tarea imposible. Y pienso que, después de haber visto a Ramiro y a María, las cifras ya no me interesan para nada.”
-Ana Prieto
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