“Entre escritores el nombrar a los otros puede significar una declaración de pertenencia o el ritual prometeico con que se inicia una escuela estética pero también se nombra para devolver una invitación a un congreso o para incentivarla, bendecir discípulos, pagar mangazos sin cantante y sonante o extorsionar a los jóvenes para que se pronuncien contra el olvido, cuando no para honrar mecenas como el pobre Virgilio que seguramente debía no olvidarse nunca de nombrar a Cayo Clinio Mecenas”, cuenta María Moreno en la revista Debate. Se lee completo por acá.