Dama de compañía

25/09/2016

La visita del amante es lo más delicioso que hay en el mundo”, escribió Sei Shonagon (968-1025 d.C.), asistente de la emperatriz Sadako, en su diario. Pero ese visitante podría llegar a avergonzarla, como aquella vez en que el Capitán Medio de la División de los Guardias de la Izquierda se quedó a dormir en casa de la escritora sobre una estera de paja en la cual ella había dejado olvidado su cuaderno personal. Al levantarse por la mañana, el oficial lo sustrajo y así habría comenzado a circular lo que pronto sería conocido como El libro de la almohada, según relata la última anécdota de este clásico de la literatura japonesa, tal vez como guiño de autoficción para dar a entender que la autora no quería difundir sus confesiones.

“Sei Shonagon” fue el apodo de una mujer de no más de 30 años que trabajó como dama de compañía de una casi adolescente emperatriz en la década del 990, y “Shonagon” era el término que designaba su cargo en la corte como ayudante de menor rango, según la traductora Amalia Sato. La descripción de su rival literaria Murasaki Shikibu, autora del otro clásico en la misma época, El romance de Menji, coincide con la imagen que uno puede hacerse al leer este diario: culta, frívola, altiva o engreída, Sei Shonagon fue la creadora de un género híbrido que incluye ensayos digresivos, microrrelatos, catálogos, impresiones, argumentos y pautas de conducta que oscilan entre el pudor y el disparate.

Por Osvaldo Baigorria, se lee completo por acá.

Anarquismo trashumante en catalán

14/09/2016

osvaldo

Contar lo que me rodea

13/09/2016

14159153_1090228101024524_1120064616_n

Las aguas bajan turbias

12/09/2016

Sentado sobre el esqueleto de una lancha, Orlando Héctor Arroyo recuerda al Tuqui, su primer bote. “Me dijeron que no servía ni para hacer un asado. Pero todavía camina. Me costó una pila de plata en los ’70”, cuenta y dibuja con sus curtidas manos una etérea montaña de billetes. Tiene 68 años y más de 40 de vida isleña. Desde los 12 trabaja por su cuenta. Plantó sauces, cazó nutrias y cortó juncos. Sobre todo cortó juncos. “Nunca bajo patrón –resalta Arroyo–. Pero todo se terminó cuando llegó el Colony Park y nos echaron”, dice y convida un mate amargo. Ahora pasa sus días en el continente, en una barriada cerca San Fernando, lejos del río. “A veces vengo a la costa a ver las embarcaciones y me da tristeza. O recuerdo cuando cortaba juncos y sentía que el perro salía corriendo porque había visto una nutria, y yo dejaba la hoz y salía disparado a agarrarla. Extraño la isla, el río… No es tan fácil olvidar”.

Arroyo no olvida los últimos meses de 2008, cuando las topadoras del emprendimiento inmobiliario Colony Park arrasaron su casa y las de otras 20 familias que vivían sobre los arroyos Anguilas y La Paloma, en la Primera Sección del Delta del Paraná. “¿Sabe qué sentí? –confiesa el veterano junquero–. Mire, yo estuve cuatro veces al borde de la muerte. Pero acá me tiene, luchándola. Por eso vengo a la cooperativa, porque este es mi lugar.”

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, publicada en Tiempo Argentino, se lee completa por acá

Esclavos siglo XXI

11/09/2016

“A las 4 de la madrugada en El Vergel todo está oscuro y hace frío. Formados en dos filas, hombres y mujeres enfundados en chamarras esperan su turno para entrar a los baños que, a la distancia, huelen a excremento. Otros se mojan la cara en los lavaderos para ahuyentar el sueño. Todos se alistan para preparar el almuerzo y la comida que llevarán al corte de pepinos y jitomates.

A la plazoleta, que se encuentra a unos metros de la entrada principal, llegan unos 50 camiones amarillos, destartalados, con los asientos rotos y empolvados. Los conductores dejan el motor encendido mientras esperan que mujeres, hombres y adolescentes aborden para llevarlos a la jornada en el campo.”

El periodista Kau Sirenio Pioquito trabajó siete días en los surcos de la empresa Los Pinos y comprobó que en los campos de Baja California, la explotación de hombres, mujeres y niños no pasa la prueba del tiempo. Se lee completo por acá.

Cross a la mandíbula de los libreros

06/09/2016

Para los libreros, Corrientes ya no es lo que era. A las siete de la tarde, sólo un puñado de clientes se deja tentar por las ofertas. Los carteles de las librerías, siempre hiperbólicos, prometen libros a 30 pesos, ofertas por doquier o simplemente la fatal “Liquidación total”. “Faltan clientes, pero sobran las personas que se acercan a vender sus libros para hacerse de efectivo”, confiesa Matías, el encargado de la librería Sudeste, a pasitos de Callao. “En estos últimos años –cuenta– veníamos creciendo, pero se frenó. Además, subieron mucho de precio los libros, sobre todo los nuevos. Nosotros nos manejamos más con usados, que gotean. Agosto fue el peor mes del año.” Para capear la crisis, sugiere leer un clásico de Naomi Klein, La teoría del shock, porque “explica muy bien el roscazo que nos estamos comiendo”.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, se lee completa en Tiempo Argentino, por acá.

La madre Teresa según Caparrós

05/09/2016

Algo me molestó desde el principio. Llegué al moritorio de la madre Teresa de Calcuta, en Calcuta, sin mayores prejuicios, dispuesto a ver cómo era eso, pero algo me molestó. Primero fue, supongo, un cartel que decía “Hoy me voy al cielo” y, al lado, en un pizarrón, las cifras del día: “Pacientes: hombres: 49, mujeres: 41. Ingresados: 4. Muertos: 2”. En el pizarrón no existía el rubro “Egresos”. En el moritorio de la madre Teresa, su primer emprendimiento, la base de todo su desarrollo posterior, no hay espacio para curaciones.

La señorita Agnes Gonxha Bojaxhiu, también llamada Madre Teresa de Calcuta, consiguió en sus últimos veinticinco años una fama y un apoyo internacional extraordinarios. Le llovieron medallas, donaciones, premios, subvenciones, todo tipo de dinero para que ayudara a los pobres del mundo. La señorita Bojaxhiu nunca hizo públicas las cuentas de su orden pero se sabe, porque ella se jactó de eso muchas veces, que fundó, con ese dinero, alrededor de quinientos conventos en cien países. Pero no fundó una clínica en Calcuta.

Se lee completo por acá.