Circo romano tuerca

21/05/2017

El tamaño sí importa. Sobre todo en esta clase de espectáculos Made in USA. “¡Pero qué gomas!”, piropea a las camionetas Jorge Antúnez, uno de los tantos fanáticos que pugna por ingresar a la exclusiva Pit Party, en la previa del show de Monster Jam. Antúnez no da respiro a la cámara de su corpulento Smartphone. Retrata las patonas de caucho de los mastodontes, que alcanzan los dos metros de altura. También las carrocerías relucientes, tatuadas con diseños y colores estrafalarios. “Espero que estos bichos estén a la altura, que la rompan toda. Pero casi que no tengo dudas, porque los yanquis son especialistas en vendernos espejitos de colores”, dice el joven antes de hundirse en la marea de curiosos que inunda la playa de estacionamiento del Estadio Único de La Plata.  En los stands, las familias hacen fila para comprar merchandising y sacarse la selfie de rigor con alguno de los ocho pilotos y carruajes que visitan por primera vez la Argentina. El más solicitado es el veterano Charlie Pauken, chofer de Grave Digger. Su palidez vampírica y su señorial carmela hacen juego con la carrocería del bólido sepulturero. “No tenía ni la más remota idea de que éramos tan populares en Sudamérica”, confiesa alucinado Pauken y no deja de sonreír para los flashes. La multitudinaria convocatoria –casi 45 mil tickets por los dos shows en el país– no desmiente al piloto nacido y criado en Maumee, un diminuto pueblito rural de Ohio. “Con casi 30 años de experiencia, puedo decirle que en pocos lugares vimos este fanatismo. ¡Los argentinos son el mejor público del mundo!”, exagera para la tribuna.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se publicó en Tiempo Argentino: se lee completa por acá.

Poesía estatal

15/05/2017

 

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Yo remo

15/05/2017

Nahone vive en Olavarría y Almirante Brown, al lado del mítico Café Roma. Practica remo desde sus años en la “colimba”. Arrancó en el ’71, cuando lo destinaron a la División Salvamento y Buceo de la Prefectura. “Ahí aprendí a construir botes: el palo hueco, la botavara… Mientras estaba bajo bandera, me iba a navegar por la Dársena F y Punta Carrasco”, rememora, y les alcanza los salvavidas a sus compañeros prestos a partir. En el Roma lo “gastan”, le preguntan con sorna sobre el placer de navegar en aguas non sanctas. “Dicen que es pura contaminación. ¿Quiere que le diga cuál es la zona más contaminada del país? El cruce de corrientes y Cerrito. Muchos se llenan la boca hablando de contaminación en simposios. Nosotros generamos consignas ecologistas desde nuestra propia vivencia”, dice Nahone, y repite como un mantra: “Remando el Riachuelo, oxigenamos sus aguas”.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, publicada en Tiempo Argentino, por acá.

Luche y vuelve

08/05/2017

“No, señor, al vestuario no se puede entrar. Esa es una regla que aprendí de Karadagian. Se pierde la magia”, dispara, con cara de pocos amigos, el fornido Sergio “Rocky” Rolando. El pope de la Federación Argentina de Catch (FAC) cuida hasta el último de los detalles antes de que comience la primera pelea de la tarde en el Club Checandone, de Villa Domínico: desde el volumen de los parlantes hasta la elasticidad de las cuerdas que marcan las fronteras del ring. En las gradas, improvisadas en la canchita de futbol 5, una jauría de pibes pelean por un lugar junto al cuadrilátero. “Vine con mis nietos. Me gusta el catch desde la época de Titanes en el Ring, en los ’60 mi viejo tenía la única tele blanco y negro del barrio, y se juntaban todos los vecinos en casa a ver las peleas. Estaban la Momia, Comanche y el ‘Ancho’ Rubén Peucelle, que tenía un lomazo bárbaro”, confiesa Mirtha, emperifollada de gala para el evento. No muy lejos, Rocky Rolando se baña en Off para combatir la marabunta de mosquitos que invade el sur de Avellaneda. Ya suena un inoxidable clásico del film de su tocayo Balboa. Rolando se calza una campera adornada con tiras de cuero y un gorro oscuro haciendo juego. Sube, toma el micrófono, traga saliva y agita a la masa: “¿¡Quieren ver lucha!?” Le responde el grito ensordecedor de los chicos de Domínico. El gladiador eleva los brazos al cielo y dice: “¡Bienvenidos a la magia del catch!”

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, publicada en Tiempo Argentino. Se lee por acá.

Poesía Estatal en la Feria del Libro

01/05/2017

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El jueves 4 de mayo a las 19, con guitarra de Alfredo Jaramillo, en Zona Futuro de la Feria del Libro, Pabellón Amarillo.

Segunda mano

24/04/2017

Con ojo clínico, Nelly analiza los atributos de una bufanda escocesa. “¡Mire qué lana, bien bonita! Usted sabe, con estos primeros fríos se larga la temporada de invierno, hay que ir buscando precio y calidad, y dejarse sorprender por lo que aparece”, asegura la señora nacida y criada en Pompeya. Dos veces por semana visita con puntualidad las instalaciones del Cottolengo Don Orione en ese barrio del sur. En el sector ropería se aprovisiona de muy variopintas prendas de segunda mano, aunque primeras marcas. Luego las revende en una feria de Florencio Varela. “Acá vestí a mis hijos y aprendí a ganarme mis pesitos. Antes se conseguían cosas más interesantes: acá compré los zapatos que usé el día de mi casamiento, unos Liotti que me quedaban al pelo, parecía la Cenicienta. Hay que reconocerlo, el Cottolengo nunca me dejó a pata. Pero bueno, con la crisis, ya no se regala ni un pañuelo”, dice Nelly sobre los tiempos violentamente austeros que vive el país. En las ferias, cuenta, la venta de rezagos y ropa usada aumentó en los últimos meses. “La mano viene brava, bravísima”, subraya. El trueque volvió a salir a escena.

 

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, se lee en Tiempo Argentino por acá.

Lo lloraremos como a los héroes muertos

22/04/2017

Por Álvaro Bisama

La primera vez que escuché la voz de Pedro Lemebel fue en un casette pirata que circulaba en la década del 90. Yo era pendejo y estudiaba castellano en una universidad de Valparaíso. Lemebel aún no publicaba ningún libro. Yo ya había escuchado sobre las Yeguas del Apocalipsis, de ese mito urbano del Santiago de los 90. Las Yeguas habían estado ahí, habían incendiado todo y luego se habían deshecho tal y como los hacían las bandas de rock, dejando un vacío que era una extraña nostalgia. Pero Lemebel escribía. Leía esas crónicas en la radio Tierra, colaboraba con algunas revistas desaparecidas como “Página Abierta”, existía en los bordes de la narrativa chilena de los 90, tan dada a la felicitación, tan ridícula en sus sueños de gloria.
Lemebel no era nada de eso. Sus textos ya contenían la ferocidad de una escritura va descubriendo sus propios modos, decantando un estilo, una gramática que puede contener o inventar un mundo. Sus textos hablaba de lo que no se hablaba en esos años: muchachos muertos por el SIDA, música popular sonando el dial de los espacios íntimos de la memoria, íconos pop donde el deseo era un disfraz de la nostalgia, además de la descripción de un Santiago secreto que no había sido tocado por la literatura chilena en muchos años y que, en esa época, podía proponerse como la refutación de todo el discurso oficial del gobierno de Frei Jr. sobre los derechos humanos y los logros económicos de los “jaguares de América Latina”. Leer el resto de esta entrada »