El parnaso del hip-hop

23/08/2016

A Erik “El Croto”, el rap le dio de comer. Durante años se ganó el mango vendiendo chucherías y rapeando en las formaciones del Roca que van de Bosques a Temperley. “No esperás a que te compren, le ofrecés algo más a la gente: un espectáculo arriba del vagón”, explica el joven de Monte Grande. Erik integra la crew HAL, junto a su primo, un auténtico veterano de la escena doble H de la zona sur: Guillermo es de Burzaco, tiene 35 años y empezó a escuchar rap en los ya lejanos ’90. Es de la generación que tomó la posta de los padres fundadores del rap en el país, aquel parnaso integrado por Mike Dee, Frost y el mediático Jazzy Mel. “A mí no me gusta entrar en la batalla –confiesa–, y quizá eso lo aprendí de la vieja escuela. Para mí el rap es contar mis aventuras, como charlar en una ronda con amigos”. Guillermo pita un cigarrillo y cuenta que trabaja de fletero. Cuando puede, le da rienda suelta a su otra pasión, el graffiti. “Pero la calle está muy dura. Para hacer un buen graffiti necesitás 600 pesos, y ahora no están. Por eso prefiero dar la batalla, pero en la calle, ganando la moneda”.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro se lee en Tiempo Argentino por acá.

Simpatía por el demonio

18/08/2016
Desde hace algunos días, un extraño mal aqueja al padre Manuel Acuña. Fiebre, mareos y escalofríos azotan su cuerpo. “Está algo débil, pero los va a recibir igual”, explica Paula Martínez, la joven secretaria del hombre a cargo de la Parroquia Del Buen Pastor, en Santos Lugares. Al parecer, el exorcista más famoso de la Argentina se enfrenta a sus propios demonios: un virus gripal ingresó en su organismo luego de la misa carismática del domingo pasado. El médico fue rotundo en su diagnóstico. Para la cura, nada de agua bendita y oraciones. “Con un poco de reposo voy a andar bien”, dice Acuña, mientras se abanica en la cocina de su hogar.
Tiene 54 años, es obispo luterano, especialista en “sanidad espiritual” y responsable del primer exorcismo transmitido en vivo por la tevé argentina. Muchos lo recordarán por sus intervenciones en programas de la fauna mediática local e incluso internacional: sus batallas contra el diablo llegaron hasta el Discovery Channel y tienen miles de visualizaciones en YouTube. “Al exorcista se lo admira o se lo odia. Muchos dicen que hacemos un trabajo tremendo, pero para otros somos chantas. Para ser franco, la única crítica que me molesta es la que brota de la total ignorancia”, asevera rotundo Acuña, custodiado por su frondosa biblioteca, un ejército de angelitos forjados en cerámica y un póster del film El Exorcista.
Una crónica firmada por Nicolás G. Recoaro en Tiempo Argentino, se lee completa por acá.

La enfermedad como destino

11/08/2016

A algunos les crecerá desde el omóplato un miembro largo como un antebrazo o una doble fila de dientes. Algunas mujeres serán tan fértiles que podrán dar a luz a un niño tras otro después del primero sin volver a tener relaciones sexuales hasta caer exhaustas tras múltiples embarazos. Y algunos infantes padecerán la “maldición de Sísifo” que a los dos años de vida les hará perder todas las habilidades adquiridas desde su nacimiento, obligándolos a reaprender todo de nuevo por dos años más hasta detenerse en otra regresión, y así hasta morir con una mente de bebé en un cuerpo de adulto.

Estas son algunas de las enfermedades contenidas en una enciclopedia médica del siglo XVI que irá descubriendo un novicio llamado Máximo, quien también tiene sus discapacidades, guiado por un anciano bibliotecario que está perdiendo la vista. Primera novela de Vikram Paralkar, médico hematólogo nacido en India y emigrado en 2005 a Estados Unidos, donde se dedica a la clínica y a la investigación en la Universidad de Pensilvania, Las afilicciones puede leerse como una serie de casos revisados por una concepción medieval y pre-científica de la medicina. Cuenta entre sus precursores a Las ciudades invisibles de Italo Calvino y a El libro de los seres imaginarios de Borges, aunque los modos de construir las referencias históricas y religiosas contribuyen a un clima de “realismo mágico” que el autor mismo ha admitido tener entre sus influencias. Y faltan ritmo, velocidad y tensión dramática para relatar cómo cada individuo sufre su enfermedad, intenta curarse y es finalmente derrotado.

Hay ideas notables, como la Amnesia inversa, una falla de la memoria que afecta a quienes conocen al enfermo y no al revés: la víctima ve cómo los demás, incluso sus seres queridos, se van olvidando de ella hasta que nadie la reconoce. O la Aevum insolitum, un trastorno por el cual cada imagen, busto o retrato envejece al mismo tiempo que la persona que representa. O el Corpus fractum, que reproduce en el rostro de cada uno los rasgos de aquellos a los que traicionó, estafó o lastimó al entrar en contacto.

Algunas epidemias evocan figuras bíblicas, como la Confusio linguarum, en la cual las víctimas de pronto pierden sus lenguas nativas y solo pueden hablar con sílabas nuevas y extrañas. Hay varias plagas que afectan la memoria: por ejemplo, la Aflicción de Mnemósine produce una memoria tan prodigiosa que –como Funes- el afectado recordará hasta la forma de una mancha en la página que ha leído y otros detalles ínfimos. Hay otra enfermedad que obliga a observar todos los defectos, hipocresías y secretos más indecibles de las personas y que pudo haber estado inspirada en el cuento del siglo XIX “El misógino”, de John Davis Beresford, donde cierto astigmatismo moral hace que uno, al mirar por sobre el hombro a los demás, no pueda evitar ver todos sus vicios y mentiras. Plagiado incluso hasta el título por el sacerdote y escritor Leonardo Castellani en la década del 1970, el tema tiene aquí una nueva vuelta de tuerca en un caso llamado “intoxicación con Erysifia”.

Con pocas excepciones, las causas de estos padecimientos son de índole moral: contagios psíquicos, heridas y ulceraciones que se producen ante cada acto de malicia, arrepentimientos mal digeridos, castigos divinos por crímenes y pecados. Y aunque el karma de la enfermedad está tratado con humor negro, el médico parece imponerse sobre el novelista, y a veces el moralista sobre el médico, en el tratamiento narrativo de estas patologías fantásticas.

Versión completa de la reseña firmada por Osvaldo Baigorria, publicada con recortes bajo el título “Enfermedades imaginarias” en revista Ñ del 6 de agosto de 2016. Las aflicciones (traducción de Laura Wittner) fue editada por La Bestia Equilátera.

Escuela Libertaria

08/08/2016

En 1984 Diego decidió dejar Arrecifes, en el norte de la provincia de Buenos Aires, para estudiar Bellas Artes en la capital. Al poco tiempo también llegó a la vieja sede de la FLA, en Constitución. Durante aquellos años de la primavera democrática, conoció a un educador anarquista que le abrió las puertas a un nuevo mundo. “Lo que en un primer momento me parecía una casa algo decrépita llena de viejitos, se transformó en un lugar maravilloso. Conocí a gente que estuvo en la Guerra Civil Española”, resalta el artista plástico.

Como si estuviera dibujando sobre un lienzo, pinta una imagen de aquellos días iniciáticos: “Por la casa pasaba siempre un señor que escribía y que estaba muy interesado en el anarquismo. Recuerdo mucho una tarde en que los viejos le estaban sirviendo un té al sol. También le daban un poco de hilo para que cosiera un botón flojo. Resulta que este hombre era un compañero del Borda, y los viejos militantes leían sus textos y le pasaban libros para que siguiera escribiendo. Esa escena me conmovió y decidí involucrarme de lleno.”
Primero descubrió la fabulosa y, obviamente, algo anárquica biblioteca. Después, el monumental archivo conformado por diarios, folletos, volantes y fílmico. Con cinco compañeros, dedicó miles de horas a darle un orden a ese universo. Diego forma parte de una generación “bisagra” entre la vieja guardia ácrata y los jóvenes que se acercaron a la FLA a principios del nuevo milenio. “Para el 2000 casi no quedaban viejos militantes. Entonces empezamos a pensar nuevas caminos, para mantener vivo ese espacio, que nos había recibido generosamente.”

En los años en que la crisis del neoliberalismo expulsaba a millones del sistema, la casona de la calle Brasil cobijó a los desocupados de La Matanza, a militantes del MTD y también a HIJOS. Diego cuenta que la casa comenzó a tener una dinámica renovadora. El Bachi es hijo de esos nuevos vientos.

En 2007, un grupo de docentes se acercó a la FLA con la idea de crear una escuela. Todo ese año, las asambleas fueron dándole forma a un proyecto de educación popular, autogestivo, gratuito y de matriz horizontal. La injerencia del Estado y la oficialización del bachillerato despertaron acaloradas discusiones. “El conflicto más gordo se dio para que fuera libre. Nuestro interés era que participen personas que quisieran ser parte de un proyecto con una pata social. Las diferencias muchas veces son un colchón”, agrega Diego. Finalmente, las clases comenzaron en marzo de 2008 y Diego armó allí un taller de serigrafía.
En 2010, un grupo de militantes violentos ocupó la casona de la calle Brasil, y tanto la FLA como el Bachi tuvieron que buscarse un nuevo espacio y arrancar casi de cero. Y lo hicieron. En la actualidad, Diego sigue dando una mano. Como la que le tendieron aquellos viejos anarcos.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro en Tiempo Argentino. Se lee completa por acá.

El Campeonísimo

27/07/2016

Portada libro El Tour de Francia, de Mario Fossati 2

Al cierre del Tour de Francia de 1952, los aplausos del Parque de los Príncipes son todos para el dominador absoluto de la carrera: Fausto Coppi (1919-1960). Después de 23 etapas, casi 5000 kilómetros, y un dura caída, el “Campeonísimo” alcanza la gloria por segunda vez en la Grande Boucle. Este triunfo, más que ningún otro, le valió a Coppi el título –hasta nuestros días– de “héroe del deporte italiano”. El país que luego de la sangrienta Segunda Guerra Mundial hacía equilibro sobre dos ruedas para salir de la miseria.

En aquel mítico Tour, también hubo otro fuera de serie que acompañó a Coppi en su epopeya. El periodista Mario Fossati (1922-2013) fue testigo directo de las proezas de su paisano. Fossati había sobrevivido de milagro a la campaña de Rusia y se ganaba el pan colaborando en La Gazzetta dello Sport. Cuentan que el joven cronista siguió la prueba a sol y sombra desde una moto y que nutrió sus crónicas con jugosos reportajes registrados en los hoteles donde los competidores reposaban sus cansados esqueletos. Dos décadas más tarde, luego de trajinar las redacciones del Giorno y La Repubblica, ya erigido como uno de los periodistas deportivos más importantes de Italia, Fossati decidió inmortalizar sus andanzas y desandanzas en aquella mítica competencia de principios de los años cincuenta. Así nació el único libro que escribió en su dilatada carrera. Una joya oculta de la crónica deportiva del pasado siglo.

Publicado originalmente a finales de los ’70, pero recientemente traducido al español por la editorial Gallo Nero, el libro El Tour de Francia. Fausto Coppi hacia la gloria permite conocer las mil y una peripecias de aquella edición que bordeó la agonía épica y la estrategia bélica. Es importante recordar que en 1952, el Tour todavía estaba reservado a las selecciones nacionales, lo que le daba un beligerante encanto patriótico, que más tarde dimitió ante el mercantilismo.

Como si estuviera rodando un clásico del neorrealismo italiano, Fossati relata la agónica obra maestra de Coppi con ritmo cinematográfico. La escalada del Alpe D’Huez, los celos y envidias en el team italiano –brillaban Gino Bartali y Fiorenzo Magni apoyando al piamontés-, las largas rectas de Le Mans, las charlas con Biagio Cavanna –el masajista ciego mentor de Coppi– y aun las confesiones nocturnas en los hoteles, “la tienda de los guerreros, el lugar en el que el campeón desvela a sus más íntimos los misterios de la carrera, manifiesta sus dudas, confía sus temores y lanza sus desafíos”.

El Tour de Francia es un libro de estilo elegante, pero sobre todo riguroso. También potente. Como una escapada del eterno Campeonísimo.

Una reseña de Nicolás G. Recoaro publicada en Tiempo Argentino. Se lee por acá.

Los gauchos beat

26/07/2016

caja negra argentina beat

Los llamaron “beatniks” como contraseña para el escándalo en tiempos de intolerancia. No era una autodefinición. Quedó el mito y se perdió la obra, pero en Argentina Beat. Derivas literarias de los grupos Opium y Sunda (1963-1969) hoy se recuperan los textos, fotos, portadas de fanzines, poemas, manifiestos y semblanzas de la parte más marginal de esa bohemia porteña que en aquellos años rondaba la “manzana loca” (M.T. de Alvear, Alem, Córdoba y Maipú, con su Instituto Di Tella, Bar Moderno, etc.), antes de su dispersión por el mundo y el autoexilio interior.

Un artículo de Osvaldo Baigorria sobre el libro Argentina Beat. Salió publicado en la revista Ñ, pero se lee completo por acá.

Hoy te convertís en héroe

25/07/2016

Con mostaza y una gruesa capa de papitas paille. Así le gusta el súper pancho a Deadpool. “Salí muy temprano de Merlo y todavía no almorcé. Tengo más hambre que el Chavo del 8”, confiesa Brian, el joven detrás de la máscara de la estrella pistolera de Marvel Comics. Curtidas zapatillas negras, pantalón de gimnasia colorado, pasamontañas al tono y una bolsa de consorcio rojo shocking sobre su torso. “Es una versión bizarra. ¡Soy Pobrepool! En el cosplay también sufrimos el ajuste”, explica el fornido muchacho, que se gana el mango como empleado municipal en el Conurbano profundo. Brian no es el único con hambre de gloria en la Usina del Arte. La entrada al histórico palacete de aires florentinos, en el sur último de la Ciudad, está superpoblada por estoicos héroes de cómic y personajes surrealistas de animé que le ponen el pecho al frío dominical. Todos quieren obtener el mejor lugar, para participar en el encuentro de la Asociación Internacional de Cosplay.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro en Tiempo Argentino, se lee por acá.


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