Improvisar una biografía

15/02/2021

Editada por primera vez en 2004, Correrías de un infiel , de Osvaldo Baigorria, desconcertó bastante en sus primeros años de circulación. En el centro de la novela aparece el retrato alucinado de otro Baigorria, el famoso coronel unitario que, ante el asedio de Rosas, pasó veinte años refugiado entre ranqueles (de 1831 a 1852), hizo buenas migas al sur de la frontera y se convirtió en cacique. La biografía, la no-ficción y la crónica, géneros que tradicionalmente tensionaron el discurso histórico, son a su vez tensionados por el autor, que se da a la doble tarea de escribir una ficción y, al mismo tiempo, poner en el mundo un estilo.

La vitalidad que ofrece el paso de un registro a otro sobre el trazo firme de una escritura sin vacilaciones y una sorpresiva capacidad de interpelación, caracterizan a este texto que la editorial independiente Blatt & Ríos acaba de rescatar.

Leé la reseña firmada por Jeremías Pereyra en La Izquierda Diario, por acá.

Indio alzado

10/02/2021

Felipe Quispe Huanca me aventaja 30 años, pero también, al menos, 30 metros de sendero. No puedo seguirle el paso entre las q’oas y las pajabravas de la ladera que domina la comunidad de Ch’ijilaya en el rebelde municipio de Achacachi. El Mallku se regodea al verme acezar y sonríe con una dentadura perfecta: “Vos no servirías para la lucha armada”.

Decide hacer un alto en la caminata. No sé si como una concesión a mi fatiga, o en su afán de practicar uno de los “deportes” favoritos de los aymaras: la contemplación del horizonte. El paisaje es bellísimo. Hacia el norte, la cordillera real de los Andes: el Tuni Condoriri, el Illampu… Felipe me señala un punto indeterminado en la falda de las montañas, más allá del pueblo de Achacachi, y dispara el primer titular del día: “Es la Rinconada, ahí todavía entrenamos con el Ejército de los Ayllus Rojos”.

Decido creerle. Apenas un par de años antes, una multitud tiñó con el carmín encendido de sus ponchos las faldas del cerro Sopocachi, en la entrada a Achacachi; para ser más precisos, en Kalachaka, el puente de piedras, una imaginaria fortificación que los campesinos de la región conocen como “El Cuartel General Túpak Katari”. Aunque en aquella ocasión, ante un par de docenas de azorados periodistas, blandieron viejos fusiles Mauser de la época de la Revolución Nacional, en el fondo y fuera del voyeurismo de las cámaras, tronaba la repetición de los fusiles de automáticos. El Ejército de los Ayllus Rojos no era una leyenda urbana.

Cuando estoy más concentrado en el recuerdo, el Mallku me saca del trance, gira la cabeza hacia el oeste y me señala otro punto, mucho más cercano, entre la ladera y el azul del lago Titicaca: “Es la escuela de Ajllata Grande, ahí íbamos a estudiar de changos”. Insiste en hablar siempre en primera persona del plural, un rasgo común del pensamiento comunitario que profesa.

Aunque la escuela de Ajllata lleva el nombre del Libertador Simón Bolívar, en la década de los años 40, cuando Felipe Quispe era un escolar, bien podía representar un templo del colonialismo. Todavía parece hervirle la sangre cuando me cuenta que su maestro le dio una feroz paliza cuando se rebeló contra la prohibición de usar lluch’u. Aquel día, recuerda, los gorros de lana que son rasgo de identidad de los indígenas de los Andes terminaron alimentando una hoguera en el patio de la escuela y, al mismo tiempo, otra en el corazón de Felipe.

Una crónica de largo aliento firmada por Arturo Choque Montaño, en la revista boliviana Rascacielos. Se lee completa por acá.

Esto es hardcore

10/02/2021

“Abramos nuestras cabezas y entendamos que es tiempo de cambios. / Destruyamos las barreras que nos separan cada vez más. / No miremos hacia el pasado dejando de lado odio y violencia. / Vayamos por mejores caminos, luchar unidos o caer divididos. / Diferentes Actitudes Juveniles es algo que tenemos que aceptar para lograr nuestros objetivos. / Apartar nuestros prejuicios, luchar unidos o caer divididos. / Todas las voces en un solo grito. Poder juvenil”. El clásico de clásicos de Diferentes Actitudes Juveniles (DAJ) puede funcionar como un disparador, una declaración de principios que de un saque te puede llevar 30 años atrás, los tiempos dulces de la cocaína y el amargo menemato, cuando pibes del suburbio del suburbio de Buenos Aires y el Conurbano profundo gestaron en estas pampas la segunda ola del punk criollo, la del acelerado y apasionado hardcore.

Épocas de pogo, mosh y guitarras furiosas. Pero también, y sobre todo, de autogestión, contracultura y resistencia contra el neoliberalismo, el servicio militar obligatorio y las leyes de impunidad. Tierra arrasada por la hiperinflación alfonsinista y el endeudamiento menemista que fue terreno fértil para la génesis del BAHC (Buenos Aires Hardcore) y sus satélites bonaerensesLos ecos de aquel Big Bang llegan hasta el presente.

El libro Hazlo tú mismx, de los periodistas Andrea Leal y Carlos Sanabria, se suma a la profusa biblioteca punk argentina con la noble intención de tejer la historia oral del BAHC. Engordado por doce capítulos de fina pluma, la obra publicada por los sellos Inerme Libros y Madreselva repasa el devenir de bandas como DAJ, No Demuestra Interés (NDI), Existencia de Odio (EDO) y mil y un grupos más conocidos por sus acrónimos. Pero también suma las andanzas y desandanzas de experiencias poco recordados, pero difícil de olvidar, como Os Mocos, Detenido Desaparecido, Massacre en el autocine (MEEA) y El Cuervo Muerto.

Crónicas ruidosas, sin nostalgias tangueras, que te meten en un viaje por Catalinas Sur, San Telmo, Bragado, Paso del Rey y la sureña Quilmes. MacKarthur, Arlequines, Zona Cyborg, Punkilandia y la plaza Malvinas Argentinas de La Boca. El parnaso reunido en ese disco capital que es Mentes Abiertas, las ferias de fanzines, los recitales contra el gatillo fácil, la autogestión y la comunidad como pilares. “En una época en la que se abrazan demasiadas certezas y hay un atrincheramiento en las grandes fortalezas de personalidades deslumbrantes –dicen Leal y Sanabria en el prólogo-, la historia de los perdedores no se escribe sola: seres apócrifos, comunes y corrientes, desconocidos que, concentrados en valorar la autosuficiencia por encima de todo, ruidosos con sus instrumentos, pero sin reclamar con fatuidad o altivez un lugar en el canon de la música, se interconectaron para preservar un espacio libre en el que pudieran presentar nuevas ideas sin tener que pasar por el filtro de la perversión ni la especulación.”

Hazlo tú mismx recupera todas esas voces en un solo grito: ¡Poder juvenil!

Una reseña de Nicolás G. Recoaro, publicada en Tiempo Argentino, por acá

Indiadas, correrías y reediciones

31/01/2021

La identidad como un problema difícil de resolver por la mixtura de razas o por el “fantasma en la sangre”, el “comunismo sexual anárquico” en los indios del “Desierto” argentino, el “minitour” a los ranqueles de Lucio V. Mansilla, la fidelidad en el amor o a la religión y las fronteras actuales en la sociedad son algunos de los ejes que Osvaldo Baigorria trabaja en su novela “Correrías de un infiel”, reeditada este año.

Como un baqueano, Baigorria (Buenos Aires, 1948) va, en la novela reeditada por Blatt & Ríos, detrás de las huellas de la identidad. El escritor sostiene que es una vieja pregunta filosófica, estatal, institucional, como cuando la policía nos pide el documento nacional de identidad y afirma que el problema “es que se constituye alrededor de una comunidad imaginaria: la nación, la generación, la orientación sexual, etcétera y en base a un relato fundacional y homogeneizador que tiene mucho de ficción”.

El escritor -quien vivió en distintos países y desarrolló proyectos de investigación sobre narrativas de pobladores originarios y minorías y es autor de “En pampa y la vía”, “Sobre Sánchez” e “Indiada”, entre otros libros- sostiene que no somos idénticos, que ese “fantasma en la sangre” es más que nada una fantasía, a veces un delirio. “En cierto modo, uno elige a sus antepasados, como Kafka que creó a sus precursores según la famosa fórmula de Borges”, dice el autor en diálogo con Télam.

Leé la entrevista completa por acá.

Pajaritos de colores vas a ver

31/01/2021

 A vuelo de pájaro, desde el cielo pintado de celeste, la Reserva Ecológica muestra sus verdes luminosos y mustios de mañana veraniega. Pinta tórrida la jornada en el pulmón natural que florece pegado al río barroso, a los rascacielos frígidos de Puerto Madero, a los carritos que venden choripanes siempre generosos. Pero el infierno de enero no apichona a los socios del Club de Observadores de Aves de la Reserva Ecológica Costanera Sur (CoaRecs). A las nueve y pico ya se van amuchando en la entrada de Viamonte, con barbijo y distancia recomendada en estos tiempos de peste. Diez entusiastas del avistaje y su ritual sabatino habitual: la caminata para despuntar el vicio de observar pajaritos. ¿Qué irán a ver?

“Zorzales, horneros, chimangos, teros, garzas, lechuzas. Aunque la Reserva siempre te da sorpresas”, dice Carlos Álvarez, equipado con binoculares y la cámara siempre lista. Confiesa que cuando arrancó en el gremio, seis años atrás, le costaba distinguir una paloma de una calandria: “Al de afuera por ahí le parece una pavada, pero no es tan fácil. Yo hice cursos, estudié las guías.” Álvarez ganó horas de vuelo y hoy es coordinador del club retoño de Aves Argentinas, la institución centenaria que nuclea a los dedicados observadores y protege fauna y ambientes.

Carlos es médico y anda por los 63. Se acercó a la Reserva en búsqueda de tranquilidad luego de un pico de estrés y un problema coronario que lo habían hecho aterrizar de emergencia: “Esto me dio paz y también pasión por los bichos. La actividad del avistaje combina poner el cuerpo y la formación intelectual. Hay que aprender a mirar, a escuchar, conocer las características de cada especie y también de la vegetación. Todo es un desafío. Pero me tranquiliza”. Poco después de arrancar con el avistaje, se diría que Carlos resurgió como un ave fénix. 

En la Argentina existen unas mil de las aproximadamente 10 mil especies de aves que hay en el mundo. Eso significa que nuestro país es tierra y cielo fértil para el birdwatching. La selva misionera, las yungas del Noroeste, el monte chaqueño, la Puna y la Prepuna, la Pampa, el Litoral marítimo y austral, la estepa patagónica y los bosques australes son verdaderos paraísos para los aficionados.

Pero ojo, no hay que cruzar siquiera la General Paz ni salir a la ruta para disfrutar del vuelo de los pajaritos. Basta con acercarse a la Costanera Sur, la Ribera Norte o los bosques palermitanos. Álvarez detalla con precisión de censista: “En la Reserva tenemos un récord de 345 especies vistas desde su creación en 1986. El promedio anual anda por las 250. Y en el año 2014 se censaron 290”. Una auténtica bandada.

La Costanera Sur cobija especies que no se pueden ver en otras partes de la ciudad de la furia, como el pitiayumí, que revolotea haciendo gala de su plumaje azul y oro. “En cualquier salida  promedio te ves entre 70 y 90 aves. Te vas empachado”, dice Carlos mientras a unos pocos pasos, un hornerito sigue su camino por un sendero que no se bifurca. 

Según los que saben, la temporada ideal para disfrutar de la observación en el campo arranca en las primeras semanas de la primavera. Los pájaros empiezan a buscar ramitas para construir sus nidos. Y con los primeros calores, también empiezan los cortejos amorosos: “Son meses muy vivos en la Reserva. En invierno y en un verano tan caluroso como ahora, decae la actividad. Mi consejo es no venir los sábados: generalmente hay mucha gente y eso a veces las aleja. Si venís un día de semana, te sentás en alguno de los miradores, ponés la mente en blanco y disfrutás del canto”. Un concierto digno del no tan lejano Teatro Colón.

Pipí cucú

Cora Rimoldi cuenta que de muy chica, cuando su natal Villa Devoto era barrio-barrio, se mandaba a los baldíos y lotes vacíos para disfrutar del revoloteo de los pajaritos y las mariposas. Hace 15 años, le picó el bichito de volver a aquella pasión de la infancia: “Regresé de grande, con mi marido. Él más a través de la fotografía, y yo con los binoculares. No me interesa tanto el registro físico del bicho, sino la impresión que queda en mi memoria al verlo.”

Como la mayoría de sus colegas, Cora se formó con los libros de Samuel “Tito” Narosky, una eminencia de la ornitología sudamericana. Con más de 40 mil ejemplares vendidos, las guías de identificación de aves de la Argentina y Uruguay que escribió Narosky son best sellers a la altura de los libros de José, su hermano aforista.

En sus mil y una caminatas por la Reserva, Cora pudo avistar unas cuantas rara avis: “Esto tiene mucho de coleccionista. Entonces, hay figuritas difíciles. Con los binoculares pude ver hasta un halcón peregrino que anida en la torre del edificio ICBC. Una vez se me apareció un esparvero común, que es un ave rapaz. Pasó volando a todo trapo. Fue efímero, un instante, lo reconocí por su plumaje. En el momento, lo único que se me pasó por la cabeza fue decir: ‘Hermoso’”.

Javier González es un aplicado contador público que se encarga de registrar con precisión matemática las aves que irrumpen en la recorrida. Anda siempre con su libretita y la birome afilada a mano. El placer del avistaje lo descubrió en un viaje familiar a los Esteros del Iberá, tierra santa de la disciplina: “Yo vivo de lunes a viernes encerrado en la oficina frente a la computadora. Acá venís y a los 20 minutos ya te olvidás de todos los líos. El avistaje me enseñó el respeto absoluto por la naturaleza, su equilibro perfecto. Y también a disfrutar la belleza de los animales.” Javier frena su reflexión para apreciar la majestuosidad de un elegante gavilán mixto que hace la digestión en la copa de un árbol solitario, a pocos metros de un mirador. “Le debe gustar mostrarse. Hay bichos, como las tacuaritas y las ratonas, que son muy curiosos, se acercan y parece que quieren ver qué hacemos.”

Cachuditos, burritos, bichos feos, celestinos, anambés, cabecitas, chivís. Son algunas de las especies que se han visto o escuchado esta mañana: “Después, los datos del censo los subo a la plataforma eBird, donde se aglutinan registros de todo el planeta y hay mapas globales de distribución de las especies”, se despide el contador oficial.

Cuarentena y plumeros

Lili Rodríguez visita la Reserva desde el ’97. Dice que tiene una paciencia infinita para seguir el crecimiento de los pichones: “Los chicos me cargan y me dicen que soy como una tía buena”. Por la cuarentena, el año fue muy fulero para la amante de la naturaleza: “Me pegó el perder el contacto con las aves y no venir a caminar. Imaginate que vivo en un departamento y me la pasaba haciendo avistaje desde el balcón. Tenía tanto síndrome de abstinencia que ponía un plumero cerca para ver algo.”

El doctor Álvaro Ortiz Nareto es uno de los veteranos del grupo. Práctica el avistaje desde el lejano 1992: “Me desconecta de lo cotidiano, de la vida y la muerte que acompañan mi trabajo en estos tiempos tan duros. Lo definiría como un placer, un éxtasis, cuando uno aprecia un nido y lo empieza a seguir, ver cómo fluye la naturaleza.” Aficionado a la fotografía, el facultativo guarda en su casa la foto que pudo sacarle al mítico pájaro campana en una excursión por Brasil: “Lo encontramos en una quebrada. Se escuchaba el tum, tum, tum de su canto y nos dimos cuenta que era él. En ese momento me convertí en un niño. Como que ahí perdí la noción de quién era yo y todo se redujo al puro placer de verlo: totalmente blanco e impoluto, su pico y cuello entre celeste y fucsia. La belleza hecha realidad.”

Crónica de Nicolás G. Recoaro publicada en Tiempo Argentino, por acá

Felipe Quispe: el último vuelo del cóndor

21/01/2021

 Mallku es una palabra aymara que da nombre al imponente cóndor. Símbolo de fortaleza, libertad y lucha para los pueblos originarios del Altiplano. Los aymaras también llaman mallku al líder de su comunidad. Felipe Quispe Huanca fue referente indio, campesino, político y social. Pero sobre todo fue “El Mallku”, así lo llamaban desde hace décadas sus compañeros en la batalla cotidiana por los derechos siempre postergados de los pueblos indígenas que habitan Bolivia y mucho más allá. Murió ayer martes 19 de enero en la ciudad de El Alto de un paro cardíaco. Preparaba su candidatura a la gobernación de La Paz. Tenía 78 años.

Yawar Mallku (“Sangre de cóndor”, como el título de la película de Jorge Sanjinés) corría por las venas de don Felipe. Combatió contra dictaduras y gobiernos racistas, neoliberales y traidores a la causas populares. Diputado, guerrillero, historiador, secretario general de la Confederación Central Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, cabeza pensante del Movimiento Indígena Pachakuti (MIP), docente y escritor. También un potente polemista. Con Evo Morales tuvo idas y venidas. Senderos que se bifurcan y trifurcan en la apasionada vida del Mallku.

En su libro Mi captura, Quispe recuerda sobre su lucha: “Nunca pensé en ser un hombre importante, sólo tenía un dolor profundo por la situación social que estaba viviendo el país, sobre todo las formas de discriminación racial contra el indio. Es por ello que cuando en una conferencia de prensa la periodista Amalia Pando me preguntó por qué escogí este camino, mi respuesta fue simple: “Por qué no quiero que mi hija sea su sirvienta y ni que mi hijo su cargador de canastas”. Creo que con esta respuesta le rompí el alma a la señora Amalia y también fue una interpelación contundente a esta sociedad racista”.

Conocí al Mallku hace más de 15 años, poco después de que se desatara sangrienta la Guerra del Gas. Pude entrevistarlo varias veces en La Paz y también en su comunidad de Ajaría Chico, cerca de Achacachi, donde había nacido, en las tierras de los combativos Ponchos Rojos, las milicias aymaras. La crónica que sigue recupera una visita a sus pagos en el nacimiento del crudo invierno de 2007. Trae al presente su pensamiento, sus luchas, sus reflexiones. Un último vuelo del Mallku.

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El viaje hasta Ajaría Chico lleva más de dos horas desde La Paz. Al amanecer, el minibús atraviesa a todo trapo las rutas que bordean el Lago Titicaca. Llegamos puntuales a Achacachi, capital de la provincia de Omasuyos y ciudad bastión de las luchas indígenas. “El Mallku debe estar festejando el solsticio”, comenta el conductor de la movilidad y hace dudar a este cronista de la presencia de don Felipe en su comunidad. El viaje continúa y la pequeña camioneta se interna por un camino diminuto. Diez casas se ven en la ladera de un cerro junto al lago sagrado. El cartel que anuncia Unidad Educativa Ajaría Chico indica que el largo viaje ha concluido.

La majestuosa Cordillera Real, coronada por las nieves eternas del Illampu, es el telón de fondo que tiene el pueblito. Algunos pibes navegan el Titicaca en busca de totoras para alimentar a su ganado. Otros hacen pastar a las ovejas en el campo. Desde una casa de adobe, una radio rompe el eterno silencio.

Una señora que pisa descalza papines para elaborar chuño me indica el camino para llegar a lo del Mallku. Felipe saluda con el brazo en alto desde el portón de su casa sencilla, decorado con los soles símbolos del MIP. Luego invita a pasar. Para la entrevista, se sienta sobre una piedra en su terreno y convida hojas de coca que guarda en un pequeño aguayo.

-Mallku, cuénteme cómo empezó su militancia.

-Lo que me ha despertado fue la muerte del Che Guevara. He sido militante del Ejército de Liberación Nacional (ELN) desde muy joven, en una célula de tres personas. Entre los tres pintábamos una letra cada uno en las calles: “E-L-N”. Así he aprendido a ser militante. En el año ’71 cayó una compañera de la célula y ahí rompimos el hilo. Después, en el ‘78, hemos fundado un movimiento indígena con el nombre de Tupac Katari (MRTK), que coordinábamos con la gente del ELN, y a través de ellos, hemos salido a otros países. En el año ’87 rompimos definitivamente. Había un comandante que me decía: “nosotros estamos liberados, yo tengo todo, soy familiar de Víctor Paz y de Jaime Paz Zamora. Ustedes, indiecitos, libérense, trabajen y concientícense. A mí no me discriminan porque soy blanco”. Eso me ha dolido mucho, por lo cual me he salido del ELN y casi nunca me identifico con él. Luego, fundé el Ejército de Liberación Tupac Katari (ELTK) en los años noventa, metiendo bombas y recuperando dinero. Estuvimos presos cinco años, y luego que salimos tuvimos que deponer las armas, que tenemos guardadas por ahí, ya que no las íbamos a entregar como cojudos que somos. De ahí viene mi filiación, mi militancia, mi pensamiento político. No vengo de la organización sindical, aunque he militado en ella como una mascarita. Por dentro yo tengo otra visión.

-¿Cómo surgió el MIP y cuáles son sus principales lineamientos? 

-Nos orientamos por el indigenismo. No hablamos de izquierdas ni de derechas, aunque si tendríamos que clasificarnos estaríamos en la ultraizquierda. Hoy en día, somos el peligro más grande que tiene el Estado boliviano. Ayer, el peligro estaba encarnado en los partidos marxistas-leninistas, hoy somos los indígenas los que estamos marcados como peligrosos. Reclamamos nuestro territorio debido a que la gente que nos ha gobernado han sido todos extranjeros. El imperialismo gringo no puede ni vernos, si fuera por ellos, harían una limpieza étnica en Latinoamérica. Los indígenas que estamos luchando en Bolivia, en Ecuador y Perú creemos en la lucha de naciones. Por estrategia y por táctica debimos aliarnos a la izquierda, pero ya llegará nuestro momento.

-Si el MIP llegara al gobierno, cuál sería la relación con los otros sectores sociales que forman parte de la actual Bolivia.

– La única manera de que el MIP llegue al gobierno es por medio de una revolución. Sería un gran error discriminar a la gente no indígena que vive en Bolivia. No deberíamos asumir un revanchismo político, más bien, plantaríamos la igualdad ante la ley, pero en forma real. Que haya respeto mutuo, como hermanos. El revanchismo sería un suicido, no puedo pensar en pleno siglo XXI como Tupac Amaru o Tupac Katari.

-Muchos creen que Bolivia se está jugando una segunda independencia. ¿Cuál es la mirada de los sectores indigenistas respecto a esta situación?

-En 1825, Bolívar y Sucre matan a sus abuelos, a los criollos. Nos liberamos por una parte, pero se dio el proceso de resometer a los sectores indígenas, se republicanizó a los pueblos originarios.  En el 1952, la revolución trajo la nacionalización de las minas, el voto universal y la reforma agraria. Cambiamos un poco, pero no mucho. Hoy se está planteando la tercera revuelta. Es un proceso, se pueden tardar unos diez años o mucho menos, depende de nosotros, de los pueblos campesinos. El poder está en nuestras manos. En el ejército, la masa de soldados es indígena; en las fábricas, los obreros son indígenas; en las minas y en el campo, la mayoría somos nosotros.

-Hace poco, publicó un libro, Mi captura, sobre sus años de lucha armada. ¿Por qué decidió escribirlo?

-Han pasado más de 15 años de los hechos que narra el libro, hubiese preferido presentarlo antes, pero el ministerio público era manejado por reaccionarios y es difícil sacar material que cuenta las injusticias que vive el pueblo. Las torturas y castigos que sufrimos con otros compañeros del Ejercito Guerrillero Tupac Katari (EGTK) pueden ayudar a tener memoria de lo que hacen con los luchadores sociales, como hicieron con el Che Guevara o Tupac Katari.

-Álvaro García Linera estuvo varios años militando a su lado. ¿Cuál es la relación que tienen con el actual vicepresidente?

-El Álvaro Linera fue un compañero de lucha en los años del EGTK. Esos cerros que ve usted del otro lado (señala la Cordillera Real) la hemos recorrido de punta a punta en la época que entrenábamos con la guerrilla. Recuerdo que me hacía darle patadas cuando le venía la flojera en las marchas, quizás de ahí vienen los problemas de columna por lo que lo aperaron hace poco (risas). Hemos compartido cientos de charlas en la escuelita de esta comunidad de Ajaría Chico, hemos dormido en aquella casita de adobe que ve sobre el cerro. Pero las cosas ha cambiado cuando aceptó la propuesta del MAS, como que mostró sus intereses y se llevó buena parte de las propuestas que veníamos llevando con el MIP.

-¿Siente que el MAS le arrebató sus propuestas?

-Evo Morales y el MAS han robado nuestro plan de gobierno, pero el pueblo empieza a notar que hacen las cosas a medias: la nacionalización, las autonomías indígenas y regionales, todo a medias. Ya veremos qué pasa en los próximos meses.

-Felipe, hoy se festeja el solsticio. ¿Qué opina de los festejos del Inti Raymi en Tiwanaku?

-Las cosas cambiaron mucho. En Tiwanaku debe haber gran fiesta hoy día. Antes, cuando era joven iba, pero ya está muy comercializado y con muchos turistas. Antes era más religioso e iban los sabios y yatiris a pronosticar, ahora es más manejado por el comercio y se perdió el significado real.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, publicado en Tiempo Argentino, por acá

La Coyote

18/01/2021

A fines de 1974 o principios del ’75, Osvaldo Baigorria entrevistó a la recientemente fallecida Margo St James, pionera de la sindicalización de prostitutas en San Francisco, para la breve revista argentina Algún Día, dirigida por Osvaldo Daniel Ripoll. Salió en el número 3 s/f de la revista en 1975, con el título “Coyote. La rebelión de las marginadas”.

Se puede leer en por acá.