Symns en pantalla grande

12/04/2018

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Extranjeros

02/04/2018

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Recolgados

02/04/2018

La Negra despegó sus pies de la tierra por primera vez en febrero de 2002. El bautismo de vuelo fue en la casa de unos amigos, en Villa Urquiza. Unos artistas corporales llegados de Brasil para una convención de tatuajes la guiaron en su asunción inicial en cuerpo y alma. “Desde afuera, la suspensión corporal se puede ver como algo extremo –reflexiona la muchacha de flequillo azabache, y pita hondo un cigarrillo armado–. Muchos se preguntarán qué sentido tiene meterte unos ganchos en la piel y salir a volar. La respuesta es sencilla: el sentido de sentir. Por eso me animé aquel día”. Una década y media después, ese sentimiento sigue vivo. Sobrevuela toda su existencia.

La historia de La Negra despega hace 39 años. Es hija de un ingeniero agrónomo y de una profesora universitaria uruguayos que dejaron la Banda Oriental en los años de plomo. La morocha tuvo una infancia nómade –entre Carlos Casares, Venado Tuerto y Rosario– siguiendo los conchabos campestres de su padre. Su adolescencia la encontró en el cemento porteño, durante los años dulces del agrio menemato. Entre las pistas del Morocco, la movida queer y lo que quedaba del under ardiente de los ’80 halló un espacio de pertenencia. También de autonomía frente a los mandatos sociales: “Fui independiente desde muy chica, y en esos tiempos arranqué a explorar y a empoderarme. Y el cuerpo era un elemento central en esas búsquedas. Entonces llegaron los tatuajes”.

El primero se lo hizo a los 14. Nada muy rebuscado ni demasiado contracultural: un corazoncito con alas, “muy Aerosmith”, ríe La Negra y aclara: “No, en serio, ahí me di cuenta de que verdaderamente era dueña de mi cuerpo. Que lo podía decorar, que tenía derecho a verlo como quisiera. En ese tiempo todavía no era cool hacerse tatuajes, no lo había absorbido el capitalismo”. Ya perdió la cuenta de la cantidad que lleva grabados en su piel barroca. Los ríos de tinta tatuados sobre su cuerpo –al igual que sus piercings– narran su historia de pionera del body art en la Argentina.

Aunque no se siente parte de ninguna tribu urbana o de los colectivos que los sociólogos llaman “nuevos primitivos”, La Negra dice que su exploración quizá la conecta con los pueblos originarios de América y Asia, que hacían un culto divino del cuerpo: “De chica flasheaba mucho con las fotos de la National Geographic y de la Muy Interesante. Las pinturas corporales, la desnudez no desnuda, los rituales. Esos momentos comunitarios donde los seres humanos se sentían dioses. La suspensión tiene mucho de eso. Cuando estás arriba, te sentís parte de un todo, en conexión con los que te rodean y acompañan. Esas son cosas que nuestra cultura fue perdiendo. Por eso también está bueno sacar los pies de la tierra”. Elevarse por un rato.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se lee entera en Tiempo Argentino, por acá.

Rezo por vos

06/03/2018

El maha mantra es la banda de sonido que flota en el aire. Dieciséis palabras en un loop eterno. “Hare Krishna, Hare Krishna, Krishna, Krishna, Hare, Hare, Hare Rama, Hare Rama, Rama, Rama, Hare, Hare”, rezan hace más de una hora, sin prisa, sin pausa, una docena de calvos devotos. El repique acelerado sobre los parches del mridanga acompaña el canto vespertino, en el templo de Colegiales, corazón espiritual de Palermo Bollywood.

Con barro traído del Ganges, el monje Vasudeva Das lleva tatuada la tilaka, una marca que representa a dios en su rostro. También el cansancio por la jornada dilatada. “Es que nos despertamos a las 4 de la matina para los primeros rezos. Después salimos a vender libros, cocinamos, estudiamos… Por ahí se tiene una idea muy light de nuestra vida, pero en realidad es más bien activa”, explica este porteño de 27 años, más de cinco dedicados con devoción a las deidades de la India. Cuenta que era vecino del templo, miembro de una familia con poco fervor religioso y egresado de un frío colegio industrial. Siempre tuvo curiosidad por la metafísica, por encontrar respuestas a sus titubeos existenciales. Leía a Nietzsche: “Antes de entrar acá, veía que la gente era muy artificial, muy careta. Desde chico siempre me hice preguntas sobre la vida, la muerte… En un encuentro humanista conocí a los devotos; empezaron a cantar el maha mantra y sentí una alegría que es difícil de poner en palabras. Te llena”. Se acercó al templo y probó una clase de Bhakti Yoga, la práctica de la contemplación y devoción absoluta. Le gustó. “Y empecé a estudiar el Bhagavad-gītā, uno de nuestros libros sagrados, los principios, a llenar el vacío”. Al tiempo, decidió hacerse monje residente, dejó atrás el nombre de Lucas que figura en su documento, se encomendó por completo a Krishna y en una ceremonia de iniciación su maestro lo bautizó Vasudeva Das, el que está “al servicio del todopoderoso”.

Vasudeva cumple a rajatabla los estrictos preceptos del Movimiento para la Conciencia de Krishna: dieta sin carne, huevos ni pescado. Cero drogas y tabaco. Está prohibido tener una “vida sexual ilícita” y también los juegos de azar. “Son principios regulativos para limpiar la conciencia. El cuerpo es el templo del señor supremo y por eso hay que cuidarlo”. El monje viste su santuario de piel y huesos con una túnica llamada dhoti. Luce colores níveos, que indican que se encuentra en pareja. Sus compañeros, con atavíos naranjas, optaron por el celibato.

Antes de unirse a las plegarias colectivas en la nave central, Vasudeva riega con parsimonia los plantines de tulasí, la venerada “albahaca india”. Su madera se usa para forjar collares y rosarios, la japa mala de 108 bolitas que guía el maratón de rezos. La doctrina obliga como mínimo 16 vueltas diarias a la ristra. El maha mantra recitado 1728 veces. “No me canso nunca. Me da alegría, me da energía”. En sánscrito, krishna y rama significan “el placer supremo”.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se lee completa en Tiempo Argentino, por acá.

El taller de Baigorria

19/02/2018

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De acá a la China

18/02/2018

Luciano es uno de los 200 mil chinos que habitan suelo argentino. Viene de una familia de marineros que solían ganarse el pan pescando en el Mar de la China Meridional. Ahora pesca auspiciantes para una publicación de la colectividad. Tiene 23 años y un look súper cuidado, con un aire a medio camino entre el actor Jet Li y el rapero coreano Psy. “Dos días de festejo es muy poco, en China dura dos semanas –explica y se calza sus Ray Ban de dudosa originalidad–. No sé si los argentinos tienen tanto aguante”.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se lee completa en Tiempo Argentino, por acá.

Unidad básica feminista

12/02/2018

“Pines creativos, pines conscientes”, canta un vendedor. Ya hay merchandising alrededor del predio. No es un estadio de futbol aunque el ancho pasillo surcado por el tránsito de cientos de personas nos recuerde a tales casi antagónicos rituales. ¿Cómo llegamos a esto? Más de 1000 feministas de todo el arco opositor al (ceo)machismo que representa Cambiemos, albergadas en una unidad inédita, inteligente, rabiosa y dispuesta a todo, se reúnen por segunda vez para coordinar el Paro Internacional de mujeres, trans, lesbianas y travestis con el objetivo de fijar las consignas generales de esta edición de la huelga más organizada del mundo, la más violeta y compacta. “Contra los femicidios y travesticidios, contra la violencia sexual y económica, contra el Estado represivo. Contra el ajuste. Contra la reforma previsional y la reforma laboral. Por el aborto legal, seguro y gratuito”, son las tres consignas generales que surgieron del debate de más de 100 oradoras desarrollado el viernes 2 y el viernes 9 en la Mutual Sentimiento de Chacarita, en Buenos Aires.

Se lee completa la crónica de Agustina Frontera en El Cohete a la Luna, por acá.