El taller de Baigorria

19/02/2018

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De acá a la China

18/02/2018

Luciano es uno de los 200 mil chinos que habitan suelo argentino. Viene de una familia de marineros que solían ganarse el pan pescando en el Mar de la China Meridional. Ahora pesca auspiciantes para una publicación de la colectividad. Tiene 23 años y un look súper cuidado, con un aire a medio camino entre el actor Jet Li y el rapero coreano Psy. “Dos días de festejo es muy poco, en China dura dos semanas –explica y se calza sus Ray Ban de dudosa originalidad–. No sé si los argentinos tienen tanto aguante”.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se lee completa en Tiempo Argentino, por acá.

Unidad básica feminista

12/02/2018

“Pines creativos, pines conscientes”, canta un vendedor. Ya hay merchandising alrededor del predio. No es un estadio de futbol aunque el ancho pasillo surcado por el tránsito de cientos de personas nos recuerde a tales casi antagónicos rituales. ¿Cómo llegamos a esto? Más de 1000 feministas de todo el arco opositor al (ceo)machismo que representa Cambiemos, albergadas en una unidad inédita, inteligente, rabiosa y dispuesta a todo, se reúnen por segunda vez para coordinar el Paro Internacional de mujeres, trans, lesbianas y travestis con el objetivo de fijar las consignas generales de esta edición de la huelga más organizada del mundo, la más violeta y compacta. “Contra los femicidios y travesticidios, contra la violencia sexual y económica, contra el Estado represivo. Contra el ajuste. Contra la reforma previsional y la reforma laboral. Por el aborto legal, seguro y gratuito”, son las tres consignas generales que surgieron del debate de más de 100 oradoras desarrollado el viernes 2 y el viernes 9 en la Mutual Sentimiento de Chacarita, en Buenos Aires.

Se lee completa la crónica de Agustina Frontera en El Cohete a la Luna, por acá.

Melodía de arrabal

12/02/2018

Si los parisinos tuvieron a Edith Piaf, el “Gorrión de París”, los porteños atesoramos a Inés Arce, “La Calandria de Pompeya”. La pequeña gran cantante, esta noche ataviada de elegantísimo vestido largo en tono dorado, es el plato fuerte de Los Laureles. Hace un rato se despachó con una versión de “Nostalgia” que hizo delirar al barrio entero. En pocos minutos tiene su segunda entrada al escenario: “No, nunca me canso de cantar. Si me dejan, me mando diez piezas seguidas”.

Sapiente ex obrera textil –trabajó por décadas en la fábrica de medias Carlitos–, La Calandria bordó una carrera sólida en el circuito de milongas porteñas. Con 91 pirulos recién cumplidos, es toda una institución. Su canto atrae fanáticos de Europa, Japón y más allá. Antes de abrir las alas y volar hacia el centro del salón, revela su mayor secreto: “Yo estoy recontrahecha, muchacho. Sólo quiero seguir cantando. ¿Sabe qué es la fama? Que me sigan aplaudiendo todos los viernes en el boliche”.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se lee completa en Tiempo Argentino, por acá.

En pelotas

05/02/2018

El dueño del parque temático naturista Palos Verdes predica con el ejemplo: recorre sus dominios como su madre lo trajo al mundo. “No soy un fundamentalista, para nada. Por ahí usted viene otro día y me encuentra vestido. Pero quién se aguanta las bermudas con este calor”, interpela Ricardo Peralta, de vitales 75 años. Después saluda con la mano a una parejita libre de atavíos que se encamina a un lago artificial custodiado por sauces frondosos, olorosos eucaliptos y algún que otro espigado álamo. Una copia fiel del edén en el oeste del Conurbano. “Todo esto que ve lo hice yo, como decía Churchill, con sangre, sudor y lágrimas. Plantamos los árboles, hicimos las piletas, diseñamos los caminitos: me rompí el lomo para levantar esto”, dice Peralta de su obra cumbre, el icónico espacio “no textil” que le da de comer hace década y media.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro. Se lee completa en Tiempo Argentino por acá.

Fina estampa

29/01/2018

De muy pibe, Alejandro Argüello era la sombra del cartero de su barrio. El mensajero entregaba puntualmente los sobres y, pocos segundos después, el pichón de filatelista tocaba timbre y pedía a los destinatarios que le regalaran las preciadas estampillas. “Tenía ocho años, pocos recursos económicos y en mi familia nadie coleccionaba –explica el hoy presidente de la Sociedad de Comerciantes Filatélicos de la República Argentina–, pero no me podía quejar, los vecinos de Florida siempre fueron muy generosos”. De aquellos iniciales tesoros postales, nunca pudo olvidar la estampilla de 4 pesos tatuada con el rostro de José Hernández: el retrato en rojo lacre del poeta gauchesco, la fina viñeta y el preciso dentado. “La saqué de un sobre en forma artesanal, no tenía la más pálida idea de cómo hacerlo. Así llegué a este mundo. Fue instintiva la cosa”. Antes de cumplir los 15, Argüello ya tenía un generoso –pero desordenado– lote, poblado por piezas argentinas y francesas. “Un día mi viejo, que era empleado del Banco Francés, cayó en casa con una bolsa repleta con 5000 cartas, correspondencia archivada y luego liberada por el banco. Sentí lo mismo que cuando venía Papá Noel”. En plena adolescencia, un tanto hastiado del vicio, resolvió vender todo. Se tomó un colectivo hasta Plaza Dorrego y entró decidido a un localcito donde lo atendió un viejo y sabio coleccionista: “Ese día entendí el sentido de la filatelia. Me explicó que lo que tenía no era una colección y me reveló cómo armar una”. Regresó a casa con las estampillas, pero también con un clasificador y una pinza, las dos armas fundamentales de todo filatelista de ley. Desde entonces, no pasa un solo día sin ordenar el universo postal que lo rodea.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, se lee completa en Tiempo Argentino, por acá.

Voy y vuelvo: un adiós a Nicanor Parra

26/01/2018

Llegué a pensar que no moriría nunca, que podía irse desvaneciendo, pero que siempre quedaría algo de él con quien seguir hablando. Nicanor era la historia de Chile que sobrevivía en un presente ajeno, pero que jamás dejó de interesarle. Escribió la historia de un país sintetizada en voces individuales. Se perdía en las ideas grandes y se encontraba en las anécdotas diminutas. Le gustaban los niños, y las niñas más todavía. Se aprendía de memoria lo que decían. Pensó en la muerte tantas veces, que a un cierto punto dejó de creer en ella. ¿Cómo creer en algo tan grande, tan profundo, tan definitivo? La muerte estaba bien para el Dante, para Fray Luis, para la Gabriela Mistral y hasta para Pezoa Véliz, pero no para él, un poeta de la claridad y de las mañanas. Y no obstante, siempre habló de ella. Fue una constante en su poesía, pero como Rimbaud hizo con la belleza, él la sentó en sus rodillas para insultarla.

Una columna de Patricio Fernández en The Clinic. Se lee compelta por acá.