¿Qué es la crónica de autor? (I)

En principio, un punto de intersección entre literatura y periodismo de autor aunque también el nombre del seminario interno de la cátedra Tao en Periodismo, Ciencias de la Comunicación, Facultad de Ciencias Sociales, UBA, que comenzó el primer sábado de setiembre de 2007 con las siguientes palabras de…

Introducción

Osvaldo Baigorria: Desde hace unos años, dentro de la cátedra, junto a Mónica Swarinsky, nos hemos interesado en cómo podía delinearse una filiación, una filación en el sentido de una tradición de lectura y escritura, entre cronistas contemporáneos y otros de los siglos XIX y XX. Con esa idea abordamos la lectura de Mansilla, Sarmiento, Walsh, entre otros escritores y periodistas que construyeron relatos acerca de grupos marginales, periféricos, contraculturales. Pero aquello que desde el principio advertimos es que nunca parece haber un marco suficiente para analizar esas operaciones de escritura. El ya clásico libro El nuevo periodismo de Tom Wolfe, que suele tomarse como referencia cuando se piensa en el periodismo hispanoamericano, describe procedimientos de escritura que se relacionan en parte con el montaje cinematográfico y en parte con la tradición de la novela realista del Siglo XIX: Balzac, Dickens, etc. Son procedimientos que los periodistas habrían descubierto como por instinto, haciendo tanteos, improvisando más que por teoría, pero que -según Wolfe- se relacionan con las técnicas escriturales del realismo. Así es que, tradicionalmente, cuando se pensaba en los cronistas hispanoamericanos del llamado “nuevo periodismo”, la tendencia era a rastrear una genealogía en la cual entraban los periodistas norteamericanos del siglo XX entre cuyos antecedentes estaría la literatura realista. Aquellos investigadores que trabajaron sobre autores puntuales a lo largo de las últimas décadas del siglo XX (por ejemplo Ana María Amar Sánchez, que compara a Walsh con Norman Mailer, Elena Poniatowska y otros), por lo general entraron en deuda con Tom Wolfe y su perspectiva. También con Capote, por supuesto, con su “novela de no ficción”. Y es ya un lugar común que, al analizar diversas operaciones de escritura periodística, se tienda a utilizar los conceptos de “género de no ficción” o “género no ficcional”, “relato documental” o “relato testimonial” para referirse a eso que hoy podemos pensar como “crónica”. Es decir que nos hemos habituado a manejarnos en medio de esa oposición clásica entre ficción y no ficción, proponiendo que ese conjunto de géneros sean considerados como parte de un discurso narrativo no ficcional, que sin ser realista en sentido estricto trabaja con material documental y excluye lo ficticio.
La idea de este seminario es revisar y seleccionar la bibliografía teórica necesaria para ampliar nuestras definiciones de crónica, de manera de no quedarnos encerrados en esa oposición binaria. En ese sentido, el libro de Susana Rotker La invención de la crónica me pareció relevante como punto de partida. Este libro, que es la reescritura de una tesis doctoral publicada post-mortem (gracias a Tomás Eloy Martínez, el marido de Rotker, luego de que ella muriese en un accidente automovilístico), aunque no analiza específicamente la relación entre crónica y nuevo periodismo, lo que hace es cuestionar esa genealogía del cronista hispanoamericano cuyos antecedentes directos estarían en el nuevo periodismo norteamericano y la novela realista del siglo XIX. La perspectiva de Rotker evitaría incluso las discusiones del tipo de si Walsh hizo su operación de escritura antes de Truman Capote o no. Más allá de la discusión acerca de si los antecedentes del nuevo periodismo estarían en el realismo, Rotker propone a Rubén Darío y a José Martí –corresponsales de varios periódicos hispanoamericanos en EE.UU. a fines del siglo XIX- como antecedentes inmediatos de esta escritura que hoy llamamos crónica.

Como José Martí y Rubén Darío eran, además de cronistas, y sobre todo, poetas, Rotker propone como mínimo dos hipótesis que pueden resultar significativas para nuestro trabajo en este campo: 1) que no habría rupturas cortantes entre los textos periodísticos y otros textos, ficcionales o poéticos, de un mismo autor; y 2) que tampoco hay necesariamente una oposición entre lenguaje informativo y lenguaje poético.

De modo que la cuestión del autor es lo primero que aparece como problema desde esta perspectiva. La bibliografía teórica que Rotker señala (que lamentablemente no está completa en esta edición del libro, aquí no aparece una lista bibliográfica y hay que rastrearla en las notas al pie) es muy amplia y heterogénea, desde Jakobson y Todorov hasta Bajtin, Walter Ong, Benjamin, Foucault. Interesa examinarla, dado que uno de los objetivos de este seminario, tal como yo lo veo, es encontrar, revisar esos textos que aporten en la construcción de un marco desde el que podamos analizar la crónica, entre otras operaciones del llamado periodismo de autor.

El término “crónica de autor”, seguramente discutible, es en principio un intento de distinguir la crónica periodística en la que existe una fuerte voz autoral (una “firma”) y la crónica sin firma, anónima, indiferenciada de los medios de comunicación. Es decir: si partimos de la premisa de que hay un llamado “periodismo de autor” –que puede incluir entre otros géneros a las columnas de opinión, análisis, editoriales, reseñas, informes de investigación y, en algunos casos, entrevistas firmadas por autores reconocidos-, dentro de ese campo también podríamos hablar de una crónica “de autor”.

Tipos de crónica

Las tipologías tradicionales establecidas en los manuales de periodismo no suelen hacer esta distinción. Dentro de una tipología de crónicas a veces se inserta, en la misma serie, a las crónicas políticas (por ejemplo el seguimiento de una campaña electoral), las jurídicas (como el seguimiento de un juicio oral), las de corresponsales de guerra y otros enviados (como aquellos que hacen crónica de costumbres en el extranjero), las crónicas de viajes, etc. Da la impresión de que hay tantas posibilidades de colocar la etiqueta de “crónica” a una operación de escritura que no habría que asombrarse de que periodistas, autores e investigadores no se pongan de acuerdo en qué es una crónica. Esto al margen de si debe llamarse o no una crónica al relato audiovisual de una serie de acontecimientos que pueden ser cubiertos por un periodista de radio o televisión (y no estoy pensando aquí solo en la crónica deportiva: si un cronista se desplaza hacia un lugar, un espacio o escenario donde ocurren ciertos hechos y luego construye un relato, está claro que este puede ser oral o escrito; y así lo muestra el orden que se sigue desde la misma prehistoria de la crónica: primero fue oral, luego escrita).

Ahora bien. ¿Qué es una crónica? Susana Rotker dice que es un espacio de condensación. No parece una definición tan original, pero con ello quiere decir que sería una representación única que conjuga varias cadenas asociativas. Por aquí estaríamos viendo quizá la influencia del estructuralismo en Rotker. La crónica es un género híbrido, dirían otros, y en aquello que representa podrá encontrarse el punto de intersección de esas cadenas.

Cronista y reportero

Para nuestro trabajo sobre los cronistas contemporáneos creo que pueden resultar interesantes aquellos capítulos del libro (3, 4 y 5) en los que Rotker realiza una historización con eje en el periodismo norteamericano: describe a los escritores modernistas, a los cambios en el mercado y las discusiones entre realismo y prosa poética o entre realismo y ficción durante el siglo XIX. Sobre todo, allí hay una distinción clave entre el reporter y el cronista. Reporter sería aquel que se expresa a través de las técnicas del realismo porque éste sería más acorde con la búsqueda de objetividad y con las tendencias científicas de la época en la que aparece como profesión u oficio dentro de los medios de comunicación (segunda mitad del siglo XIX, primera mitad del XX). El realismo le habría permitido diferenciarse de los escritores más literarios, tradicionales, en tanto que los cronistas modernistas (Rubén Darío y José Martí, según Rotker) habrían realizado la operación inversa: acentuar el subjetivismo de la mirada y sobrescribir sus relatos justamente para diferenciarse de los reporters. Rotker toma al modernismo como un conjunto de formas de discurso que todavía hoy forma parte de nuestro fundamento, nuestro lugar de origen; modernismo como conjunto de formas literarias específicamente latinoamericanas y que expresan de diferente manera la incorporación forzada de América Latina a la modernidad, una situación de mucho cambio, que provoca desajuste, malestar… Un malestar originado en la irrupción de una nueva infraestructura económica, con cambios en la estructura del empleo, etc., y en el que, siempre siguiendo a Rotker, aparece la percepción de derrumbe de los absolutos, de las estructuras permanentes y de las creencias en que hay garantes de esa permanencia (la ley, la tradición sagrada, etc.). En esa situación, los sujetos habrían quedado a cargo de organizar su convivencia. Ante el derrumbe de lo permanente, en medio de un proceso de cambios acelerados, el “yo” aparece no sólo como un elemento ordenador sino casi como el único modo de alcanzar la autenticidad. De allí es que irrumpa el subjetivismo como recurso de autenticidad.

Rotker plantea también que ese recurso viene articulado con la cuestión de la credibilidad de los sentidos. Dice que ante una realidad que es irónica, contradictoria, el autor deja de ser como un espectador que reproduce lo real. En vez de basarse en la imitación de la naturaleza, trata de alcanzar una universalidad a través de sus propios sentidos. En esto se coincidiría con Nietzsche cuando refiere a los sentidos como lugar de donde procede la credibilidad o evidencia de verdad[1]. Y esta sería también una marca fuerte del cronista: “Yo estuve ahí, yo vi o sentí esto, yo percibí tal cosa. Por lo tanto, sé de lo que hablo”. Pero claro: se sabe que una cosa es la credibilidad y otra, la verdad…

(Continuará)

01/09/07

Seminario “Crónica de autor”

Cátedra Baigorria-Taller Anual de la Orientación en Periodismo

Carrera de Ciencias de la Comunicación

Facultad de Ciencias Sociales, UBA

Bibliografía

Amar Sánchez, A. (1992) El relato de los hechos. Rodolfo Walsh: testimonio y escritura, Beatriz Viterbo, Rosario

Jakobson Roman (1985) “Lingüistica y poética”, en Ensayos de linguistica general, Planeta-Agostini, Barcelona

Rotker, Susana (2005) La invención de la crónica, Fondo de Cultura Económica, Bs. As.

Saer, Juan José (1996) El concepto de ficción, Ariel, Bs. As.

Wolfe, Tom (1973) El nuevo periodismo, Anagrama, Barcelona

[1] “La realidad de la crónica es contradictoria. El hombre había construido totalidades para crear su propio contexto y sentido dentro de ellas. El autor deja de ser un espectador que reproduce lo real tras un concepto universal, para tratar de alcanzarlo desde su propio ser. Y coincide con Nietzche: ‘De los sentidos es de donde procede toda credibilidad, toda buena conciencia, toda evidencia de verdad’” (Rotker; 2005,49)


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4 comentarios to “¿Qué es la crónica de autor? (I)”

  1. Elena Says:

    Buena utilización de los criterios de Rotker y Wolfe y buena idea la del seminario. Se debiera ahondar en los criterios discordantes que se refieren a la crónica y el reportaje.

  2. blogcronico Says:

    Es verdad, Elena: nos falta ahondar en esas diferencias. Quizá se necesite revisar a Martínez Albertos y otros de la “escuela española” que distinguen entre el reportaje objetivo (más cerca de la noticia) y el reportaje interpretativo (más cerca de la crónica y del comentario). O sea, revisitar teoría de los géneros periodísticos para ver con qué criterios se leen textos situados en la frontera entre información y demanda de opinión (story/comment). Toda recomendación bibliográfica será bienvenida.

  3. Las hipótesis salvajes | Paseo esquizo Says:

    […] singular de un autor-, dentro de ese campo complejo también podríamos hablar de una crónica “de autor”. Las tipologías tradicionales establecidas en algunos manuales de periodismo no suelen hacer […]

  4. jessica andrea bedoya Says:

    Yo no me puse a leer todo ese ensayo, pero por lo poco que leí me di cuenta que es un excelente material. Los felicito al autor pero me quedo faltando algo, los elementos?? y lo necesito urgente gracias .. ATT: jessica andrea bedoya

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