Crónica de autor (III)

En la entrega anterior discutimos la cuestión de la experiencia corporal como cualidad distintiva del cronista que  “presta” su cuerpo al lector/espectador construyendo un “como si” capaz de trasladarse al lugar de los hechos. Aquí comienza a plantearse el problema del lenguaje con el cual puede armarse un relato de lo posible que transmita esa experiencia corporal.

 Osvaldo Baigorria: Como vimos en la primera parte de este seminario, para Susana Rotker no habría necesariamente oposición entre lenguaje informativo y lenguaje poético, al menos en los dos casos que analiza: Rubén Darío y José Martí. Su hipótesis más general es que no habría rupturas cortantes entre los textos periodísticos y otros, ficcionales o poéticos, de un mismo autor[i].

 Pero Rotker también dice que el origen de la crónica iberoamericana moderna debe buscarse en las letras españolas, en particular en el barroco. Uno de los ejemplos que analiza es el perfil del bandolero Jesse James escrito por Martí: 

“José Martí extrae una saga que deja de lado tanta precisión de nombres, apellidos y minutos exactos, haciendo de ‘Jesse James, un gran bandido’ un cuento de hálito renacentista en el Deep South de los Estados Unidos. James termina siendo caballero manchego cual un Don Quijote épico: el autor no deja de reiterar su rechazo a la violencia del bandido, aunque convierta al episodio en una oda a la hermosura de los valientes- ‘como figuras de oro que vuelan, las de los bravos jinetes, a los ojos fantásticos del vulgo, embellecidos con la hermosura del atrevimiento’-, abatido por mediocres que se mueven en la sombra y cuya comparación implícita con Judas es inevitable” (Rotker, 2005, p.187)

 

 O sea, casi un cuento “renacentista”. Que deja de lado la precisión de nombres y datos exactos. Lo cual abre varias puntas interesante para pensar. Sabemos que la precisión, la claridad y la economía de palabras se mencionan o mejor dicho se recomiendan muchísimo en los manuales de periodismo: siempre se dice que hay que escribir de modo “claro y preciso”.  

 Al contrario, el estilo de Martí es siempre sobreabundante pero, según Rotker, “nunca infla”; es más, sus ampliaciones –dice- parecen ser “una forma de precisar”. Como un barroquismo “natural” que introduciría en la crónica “un modo de percepción que mitologiza o trascendentaliza la realidad sin perder el equilibrio de lo referencial” (Rotker, 2005, pp.188-189).

 Creo que esta idea puede sernos de utilidad para leer a Pedro Lemebel. Vieron que en Loco afán. Crónicas de sidario, Lemebel también ofrece sus definiciones del barroco. Por ejemplo, en “Los mil nombres de la María Camaleón” (http://www.catedras.fsoc.uba.ar/baigorria/ textos para descargar), donde revisa los apodos travestis, hay una definición que me parece interesante:

“Como nubes nacaradas de gestos, desprecios y sonrojos, el zoológico gay pareciera fugarse continuamente de la identidad…Así, el asunto de los nombres no se arregla con el femenino de Carlos… existe una gran alegoría barroca que empluma, enfiesta, traviste, disfraza o castiga la identidad a través del sobrenombre” (Lemebel, 1996; 68).  Y ahí aparecen: “La Desesperada” “La Cuando No”… es una lista inmensa.

 

Mónica Swarinsky: “La Chupadora Oficial”, “la Tacones Lejanos” “La Licuadora”

 

OB: “La No Se Fía”

 

MS: Estas me encantan: “La Ahí Va”, “La Ahí Viene”, “La Si me llaman voy”, “La Ven-ceremos”, “La Patas Verdes”.

 

OB: Pero ven que hay toda una definición del barroco, o de lo que haría el barroco en la crónica: “emplumar”, “enfiestar” “travestir”, “salirse de la identidad”. Al menos, esto es lo que hace Lemebel, lo que veo de la poca lectura que tengo de Lemebel. Saliéndose de la idea crónica de que la escritura tiene que ser precisa, con economía de palabras, sujeta a la función de informar, lo que hace es sobrecargarla de la referencia, en una operación que tiene que ver con salirse de la identidad, del límite, de la idea fija.

 

MS: “Desbordan los rasgos anotados en el registro civil…”

 

Vanina Escales: Lemebel tiene todos los elementos del barroco, según los describe Shila[ii].  La deformación, la monstruosidad, las repeticiones, la fragilidad de los cuerpos….

 

Bernadette Califano: La máscara… Ella lo analiza desde el policial: del destino que puede ser reversible, o del que tiene esa doble personalidad o personalidad reversible. Ahí aparece la máscara.

 

OB: La ostentación, el derroche…

 

Nicolás García Recoaro: También está el grotesco, el exceso…Yo leí las crónicas de Lemebel hace dos meses. Y estuve leyendo esta semana entrevistas y un par de definiciones que él hace sobre la crónica y, por ejemplo, de Loco Afán dice que se puso a pensar todo el tema del SIDA pero sacándolo de cómo lo toma la medicina, sacándolo del lugar de la estadística del SIDA. Para él esto es como una cuestión de  militancia y creo que eso se ve en las crónicas: la militancia. Lemebel también planta bandera desde Sudamérica, diferenciándose de lo gay norteamericano.

 

VE: No sé si esto está bien, pero estaba pensando recién que si se dice que lo objetivo tiene que ver con un principio de veracidad y lo subjetivo con lo ficcional, en este caso el realismo o el exceso de realismo del barroco atenta contra estas categorías. El exceso descriptivo no es para nada objetivo, atenta contra ese orden. Asfixia lo objetivo.

 

BC: Para mi le da más efecto de realidad. Como que el cronista estuvo ahí mirando y no hay tanta ficción.

 

Horacio Cecchi: Para mi, satura. Con una supuesta verdad, te terminás metiendo en un mundo demasiado irreal por lo descriptivo, por lo sobrecargado. Como que se aleja de la realidad con la técnica de sobrecargar, se distancia por el efecto que produce.

 

MS: Se pueden discutir un montón de cosas pero me parece que el efecto tiene que ver con cómo se espera que ese texto sea leído. Porque vos podés hacer un verosímil, en una crónica, con todos los datos falsos o, al lo contrario, podés escribir un cuento con un hecho real y con datos reales. Me parece que tiene que ver con cómo se establece esa lectura, qué se pretende. Por ahí lo que sería interesante es, si trabajamos con Lemebel: ¿se lee en tanto que verdad o en tanto que ficción? ¿Cómo se lee?

 

OB: Yo lo leo en tanto que verdad.

 

MS: Yo también.

 

OB: Todos esos nombres para mí son nombres verdaderos, aun si Lemebel los hubiera inventado, lo cual es una tentación muy fuerte. Por ejemplo: “La Depre Sida”. Supongamos que no hay ninguna travesti que se llame así, pero es un nombre posible y yo lo leo en tanto que verdad.

 

AB: Estoy de acuerdo con Mónica: ahí el tema es el efecto de lectura. Si existe o no La Depre Sida no importa, con el sólo nombrarla la estoy creando y seguro existe una travesti a quien cualquiera llamaría La Depre Sida. Hay mucha verdad en ese nombre aunque ella no exista.

 

HC: En el libro de Saer[iii] hay un solo capítulo, un ensayito muy breve que habla de las biografías, de la novela histórica, de la non fiction. Y creo que, de alguna manera, Saer plantea que no te podés escapar de la ficción.

 

OB: A ver, vamos a tratar de ponernos en el lugar del que escribe sobre esos nombres. Supongamos que yo esté escribiendo y que tengo una lista de nombres que fui recolectando de mis amigas y amigos. A medida que escribo, voy asociando, una palabra refiere a la otra, entonces de golpe invento algo. En ese momento yo sé que estoy inventando, que estoy haciendo algún tipo de ficción.

 

HC: Claro, pero ahí no estás falseando la realidad. No es como una columna de Julio Ramos en Ámbito Financiero

 

AB: Sin embargo el efecto de verdad sería mucho mayor en Ramos. Por eso Saer dice: “Al dar un salto hacia lo inverificable la ficción multiplica al infinito las posibilidades de tratamiento. No vuelve la espalda a una supuesta verdad objetiva: muy por el contrario se sumerge en su turbulencia” (Saer, 1997, p.12)

 

OB:  Bueno, Saer critica a los géneros llamados -“con certidumbre excesiva”, dice- de no ficción. Porque estos se basarían en la exclusión de lo ficticio pero eso no da garantía de veracidad: “Aún cuando la intención de veracidad sea sincera y los hechos narrados rigurosamente exactos (…) sigue existiendo el obstáculo de la autenticidad de las fuentes, de los criterios interpretativos y de las turbulencias de sentido propios a toda construcción verbal (…) Las ventajas innegables de una vida mundana como la de Truman Capote no deben hacernos olvidar que una proposición, por no ser ficticia, no es automáticamente verdadera” (Saer, pp.10-11)

 

HC: Yo creo que lo que él está diciendo es que la no ficción es un invento que levanta una bandera que no puede sostener: la bandera de la verdad, de lo verdadero.

 

AB: Pero también dice que “la ficción no es una reivindicación de lo falso”. Me parece que lo que plantea es eso: que haya ficción no supone falsedad ni una reivindicación de lo falso.

.

BC: A mí Lemebel en todas las crónicas me dio la sensación de que el cronista estuvo ahí, más allá de que sea real o no lo que cuenta. Creo que es por los distintos recursos que utiliza: desde la descripción minuciosa, los nombres… por más que los haya inventado, siempre parece que hubiera conocido a una loca que se llamaba así. Y también porque, en casi todas las crónicas, siempre vuelve en alguna parte a un “nosotros”. “Nosotras las que vivíamos en el conventillo” o “nosotras las locas pobres”, como que siempre se incluye y eso a mí me genera el efecto de que estuvo ahí. Para mí el recorte tiene que ser ese: si se da o no se da ese efecto.

 

                                                                                             (Continuará)

                                                                                              03/11/07

Seminario “La crónica de autor”

Cátedra Baigorria – Taller Anual de la Orientación en Periodismo

Carrera de Ciencias de la Comunicación

Facultad de Ciencias Sociales, UBA

 

Bibliografía

Lemebel, Pedro (1996). Loco afán. Crónicas de sidario, Lom Ediciones, Santiago de Chile

Saer, Juan José (1997). El concepto de ficción, Planeta, Bs.As.

Vilker, Shila (2006) Truculencia. La prensa policial popular entre el terrorismo de estado y la inseguridad, Prometeo, Bs. As

[i] Vale aclarar que el llamado “regreso del autor” a la novela y el cuento, décadas después de las lapidarias palabras de Roland Barthes en “La muerte del autor” (1968) y del análisis de Michel Foucault en “¿Qué es un autor?” (1969), también tendría consecuencias en la crónica, en tanto esta pueda inscribirse dentro de esa narrativa conocida como “vivencial”, “testimonial” y “(auto) biográfica” y en tanto los elementos constitutivos de lo que Foucault llamó “la función autor” se presenten también en la crónica. La función autor, según Foucault, está ligada al sistema jurídico e institucional que articula los discursos, no se ejerce de manera uniforme y del mismo modo en todas las épocas, no se define por la atribución espontánea de un discurso a quien lo produjo y –lo más importante aquí para nosotros- no remite a un simple individuo“real” sino puede dar lugar a varios “yoes” (“egos”), a varias “posiciones-sujetos” que un individuo podría llegar a ocupar. “El pronombre de primera persona, el presente del indicativo, los signos de la localización nunca reenvían exactamente al escritor ni al momento en que él escribe ni al gesto mismo de su escritura, sino a un alter ego cuya distancia con el escritor puede ser más o menos grande y variar en el transcurso mismo de la obra… todos los discursos que están provistos de la función autor contienen esta pluralidad de egos” (Foucault). 

[ii] Refiere a Vilker, Shila (2006) Truculencia. La prensa policial popular entre el terrorismo de estado y la inseguridad, Prometeo, Bs. As

 

[iii] Refiere a Saer, J.J. (1997). El concepto de ficción, Planeta, Bs.As.

 


Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: