Alarcón: ¿testigo o protagonista? (II)

Por Agustina Frontera, Mariela Micale, Fernanda Righi y Mónica Swarinsky

Narrar en primera persona: Cristian Alarcón o la verosimilitud del etnógrafo.

En la entrega anterior planteamos “el quién dice” en Cuando me muera…, un “yo” que, como dijimos, “se construye” a lo largo del relato como personaje, investigador y narrador. Aquí, continuaremos con el modo en que este autoriza la verosimilitud de lo que narra e indagaremos la resistencia de esa primera persona y, en consecuencia, el mundo de valores al que adhiere.——————————————————————————————————

¿Cómo autoriza la verosimilitud el etnógrafo que construye memoria? A través del uso del detalle: “Pronto Shake”,” Itakas”; y también mediante la estrategia de narrar a través de la focalización externa: “Entonces el Tropi era el plan para los fines de semana: solía haber dinero para colgarse una jarra de Fernet con Coca y varias pastillas de Rohipnol en el cinturón” o “el lugar se viene debajo de expedientes de menores”.

¿De qué intenta  dar cuenta esta primera persona?

Ese yo funciona como un polo de resistencia a las transformaciones en la implementación de los usos de la violencia de los pobres, al nacimiento de posturas individualistas que generan la lucha de pobres contra pobres y en consecuencia al debilitamiento de la solidaridad entre miembros de una misma clase. Alarcón adhiere al mundo de valores que conducen a la santificación del Frente, a nuestro entender, por la capacidad de este joven para construir(se) una personalidad.

Lo que nos dice indirectamente Alarcón es que estos jóvenes no tienen ni se plantean remotamente una salida política que planee un cambio y que ni siquiera pueden formar parte ya de los códigos de los viejos ladrones. Y esto es precisamente lo que el “yo” de Alarcón trata de entender y de hacernos entender en el 2003: el cambio de época. ¿Qué había cambiado? En el cap. III de La Bonaerense de Carlos Dutil y Ragendorfer, ed. 2005, “Los humanos” (1), se lee: “El regreso a la democracia liberó a los Patas negras de la perturbadora tutela militar, dejándole el camino libre para ejercer sus negocios y para perfeccionarlos” o en cap. IV del mismo libro “Perfil de Mercado”: de cómo la penalización de la miseria responde a un clamor multisectorial proveniente igualmente de clases privilegiadas y pobres, de cómo el síndrome de indefensión lo padecen las capas más empobrecidas de la sociedad. De la paradoja de que los sectores más desamparados sean los más propensos a pedir políticas autoritarias, aunque estas les sean esencialmente nefastas: “Como ya no le pueden reclamar seguridad social al Estado, terminan pidiendo seguridad a secas”, dice Rogendorfer. Y es el gatillo fácil, el fusilamiento, el único delito que comete la policía sin fines de lucro: El Frente Vital.

¿A qué más resiste el “yo” de Alarcón? A la imagen del delincuente sin rostro con el que se permite la instalación de estereotipos, a cubrir el crimen en formato episódico (las historias como unidades discretas que ubican la responsabilidad en los individuos más que en la sociedad) (2).

¿A favor de qué está ese yo? ¿A qué mundo de valores adhiere? A favor de dar información suficiente para evaluar los actos delictivos en el conjunto de la vida de la sociedad. A mostrar que en los actores del infoentretenimiento del delito hay dolor, hay humor, hay amor. Tal vez, a acercarnos al mundo que la comunidad de lectores previstos para ese libro no conocemos. A hacer un aporte a la civilización en la medida en que el texto permite pensar que se deben instrumentar políticas integrales, profundas y de alto alcance para todos los  excluidos.

La solidaridad  del autor con el mundo narrado se manifiesta no solo en el tiempo que de su vida que ha dedicado a vivir en la villa sino también en la elección de la focalización  interna por la que opta en tantas partes del texto: “Al Cabezón le dio ansiedad por “recatarse” de las pastillas y calarse unos tiros de la cocaína que en uno de los ranchos de los Toros se compra de día y de noche”. Y también por la profusión de enunciados referidos en estilo directo e indirecto: múltiples voces concurren para que los escuchemos a todos y obtengamos, así, una representación precisa, polifónica y general de los modos de vida de los sectores carenciados del Conurbano Bonaerense.

No obstante, a pesar de todo lo anteriormente dicho, como dice David Viñas, “toda la literatura de libro conserva y cultiva notorios residuos de la torre de marfil: ese mismo volumen encuadernado y más sólido tiene mucho de sagrado, prolijo y defensivo. (…) También suele parecer un cofre o un portarretrato”(3).  “Todo libro, en fin, tiene un aire de afectación” (4) y sus palabras deben recibirse de cierta manera, según quien sea el autor, según Foucault (5), y para nosotras es entre estos límites y alcances donde empieza y termina el yo del autor.

Notas

(1) Dutil, Carlos y Ragendorfer, Ricardo,  La Bonaerense, Booket, Buenos Aires,. 2005.
(2) Cfr. Ray Surette, citado por Caimari, Lila, en Apenas un delincuente. Crimen, castigo y cultura en la Argentina, 1880-1955, Siglo XXI, Buenos Aires, 2004.
(3) Viñas, David, “Rodolfo Walsh, el ajedrez y la guerra” en Literatura argentina y política II, Sudamericana, Buenos Aires, 1996.
(4) Daniel O´Hara citado en Viñas, David, “Rodolfo Walsh, el ajedrez y la guerra” en Literatura argentina y política II, Sudamericana, Buenos Aires, 1996.
(5) Foucault, Michel. “¿Qué es un autor?” en Critical Theory, Florida State UP. Tallahassee. 1966.
Anuncios

Una respuesta to “Alarcón: ¿testigo o protagonista? (II)”

  1. blogcronico Says:

    Interesante. Parece que habría ganas de desarrollar todavía más el texto a partir de su último párrafo, de su “no obstante”, ahí donde aparece toda esa crítica a la “literatura de libro”, al “aire de afectación”. Teniendo en cuenta esos señalamientos de Viñas, ¿de qué manera deben recibirse entonces las palabras del autor Alarcón, cuál es esa “cierta manera” de la recepción en este caso? ¿Cómo afectan los límites señalados a su “aporte a la civilización” ? ¿Y qué significa eso de que entre esos límites y alcances “termina y empieza el yo del autor”?
    Y sigue pendiente la pregunta o vacilación que aparece al final de la entrada anterior, en la parte I: ¿Alarcón? ¿O el narrador?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: