Lemebel: La fiesta inolvidable

Ficción, barroco, alegoría, verosímil, la foto como prueba: temas que revisa Paula Siganevich en torno a las transformaciones del género y la construcción del lenguaje en las crónicas de Pedro Lemebel.

Paula Siganevich: Para pensar la crónica en general y en particular las crónicas de Lemebel, hay que reflexionar en cómo se establece el pacto de lectura que, como ustedes sabrán, es la relación que se da entre autor y lector, en la lectura, en relación al proceso de construir el verosímil. El pacto de lectura es fundamental para la determinación de un género, tal como lo definió M. Bajtin: una determinada esfera de la comunicación humana, en un momento histórico determinado, que se caracteriza por el tema, el estilo y la composición.

El género crónica se define por la adscripción a la “realidad”. En el caso de la novela, el lector sabe que se va encontrar con una ficción y con un desarrollo que puede tener algunas modificaciones, pero siempre está la creación de un tiempo, personajes y acciones. En el caso de la crónica, el pacto es diferente porque siempre el lector va a encontrar algo que tiene que ver con lo real.

Aún cuando podamos decir que algunas novelas tienen que ver con lo real, por ejemplo la novela histórica, esto no se da de la misma manera en las crónicas porque el proceso de verosimilización es diferente. Aquí la constitución del verosímil tiene un grado más preciso de adscripción a la realidad. Con todas las transformaciones que como género pueda tener la crónica, lo de Lemebel es crónica, y lo importante es pensar en una evolución, en una trasformación y en señalar cuáles son los elementos que cambian del original.

 

Osvaldo Baigorria: A mi me parece interesante situar la crónica tal como la conocemos hoy, en relación con los medios masivos y con la ciudad. Me acuerdo que en tu artículo[1], cuando hablás del espacio local, hablás de cómo Lemebel construye la ciudad, y su correspondencia con la ciudad del arrabal, la pobreza, la enfermedad, la marginalidad.

 

PS: Lo urbano es todo lo que materializa la ciudad pero también está lo ciudadano que materializa un espacio desde lo legal. Entonces estas crónicas son crónicas urbanas y ciudadanas al mismo tiempo.

Son crónicas urbanas porque construyen un espacio y son crónicas ciudadanas porque quieren construir una nueva legalidad. Hay una matriz de sentido muy fuerte: Lemebel se ubica políticamente en un lugar de género homosexual pero en oposición a la definición de homosexual que se da en Estados Unidos. Él define al género homosexual en América Latina y es sumamente importante cómo toma el tema del SIDA en Loco afán. Crónicas de sidario para ver como puede ser pensado el SIDA en Chile, en el marco del homosexual latinoamericano y cómo puede pensarse en Estados Unidos en el marco de la escritura gay norteamericana que fue acercándose a cierto establishment, a cierto lugar normativizado y aceptado.

Lo que se está jugando aquí en la cuestión de lo urbano es el tema de la pobreza. En ese sentido, me parece que es muy interesante porque se opone a los estudios de la academia norteamericana. Lemebel se burla de la academia norteamericana.

Yo creo que la posición de homosexual es lo mas rico que él tiene. Critica a la izquierda y a la derecha. Llega con los travestis de la derecha a la fiesta de la izquierda. ¡Qué notable! Eso es muy lucido políticamente.

Mi artículo está dividido en tres partes: una parte es la del espacio, otra es la del tiempo y otra, del sujeto. ¿Por qué la dividí en tres? La parte del tiempo, que es la primera, tiene que ver con la manera de contar. Comienza el primer artículo con una foto. Parece muy importante que Lemebel eligiera hablar desde una foto, porque la foto es lo que mejor “refleja” la realidad; entonces comienza su libro hablando de una foto, no mostrando una foto.

Hay un relato que comienza, normalmente en pasado, como toda buena crónica que se precie, y va avanzando hasta el presente y cuenta un hecho que está testificado en la foto. La foto es lo más real, es una crónica de lo real. Esta parte es importante porque señala el tiempo que pasó y comienza a hablar de los travestis, de cómo los travestis asumieron en ese tiempo un pensamiento de posibilidad de revolución, de liberación, de utopía en definitiva.

 

Nicolás García Recoaro: Es significativo porque él ahí se pone a hablar del año 73, te ponés a pensar en eso justo en el momento histórico previo al golpe de estado, en el momento del poder popular. Yo leía las crónicas y está siempre la cuestión de “aquel momento” y después viene el SIDA. No sé si es una idea que yo tengo pero Chile es casi lo más “yankilandia” de Sudamérica. Me parece que Lemebel va a eso, al momento en que están las locas mezclándose con la política, y de ahí va a ponerse a desarmar todo ese camino, cita todo lo que pasó después, pero me parece que es como remontar a aquel fin de año…

 

PS: Es como el clímax de la utopía.

 

NGR: Claro, “éramos pobres y carreteábamos”…

 

PS: Y después, cuando esa utopía terminó. Esta es la primera parte, ahí es donde yo hablo de la calle sudaca.

Ahí viene el tema del espacio, el barrio, cómo una minoría es contada desde un lugar marginal pero que se hace central en su crónica. Se va tejiendo esta idea, esta matriz de sentido que construye a este sujeto travesti, latinoamericano, que lleva en su cuerpo todo ese proceso de transformación que él quiere para la sociedad.

 

NGR: El libro que traje de Eloisa Cartonera es fabuloso[2]. Cuando Lemebel viene acá a presentar un libro, creo que en el 2001, va al programa de Fernando Peña y se termina cagando a puteadas con él. “Sacame a este maricón”[3] le dice, y casi se van a las manos.

Es sudaca él.

 

OB: Hay varios grupos que se reivindican desde ese lugar. Uno es la Agrupación Putos Peronistas de La Matanza. Al principio yo pensé que era un chiste, cuando me mandaron la foto, pero me metí en Internet y ahí están, tomé contacto con ellos. Se llaman a sí mismos putos y hacen una crítica al gay de barrio norte. Estuvieron muy presentes en la última marcha del orgullo gay.

 

PS: Bueno, y después, en la ultima parte yo trabajo la figura barroca y aquí nos podríamos meter un poco con la pintura. En ese primer párrafo, cuando (Lemebel) dice:

“De escrituras urbanas y grafías corpóreas que en su agitado desplazamiento discurren su manuscrito. La ciudad testifica estos recorridos en el apunte peatonal que altera las rutas con la pulsión dionisíaca del desvío. La ciudad redobla su imaginario civil en el culebreo alocado que hurga en los rincones el deseo proscrito. La ciudad estática se duplica móvil en la voltereta cola del rito paseante que al homosexual aventurero convoca. La calle sudaca y sus relumbros arribistas de neón neoyorquino se hermana en la fiebre homoerótica que en su zigzagueo voluptuoso te plantea el destino de su continuo güeviar. La maricada gitanea la vereda y deviene gesto, deviene beso, deviene ave, aletear de pestaña, ojeada nerviosa por el causeo de cuerpos masculinos, expuestos, marmoleados por la rigidez del sexo en la mezclilla que contiene sus presas. La ciudad, si no existe, la inventa el bambolear homosexuado que en el flirteo del amor erecto amapola su vicio. El plano de la city puede ser su página, su bitácora ardiente que en el callejear acezante se hace texto, testimonio documental, apunte iletrado que el tráfago consume. Más bien lo plagia, y lo despide, en el disparate coliza de ir quebrando mundos como huevos, en el plateado asfalto del entumido anochecer.”[4]

… Ahí una de las cosas que a mi me llamaron mucho la atención fueron los adjetivos.

También hay otra cuestión que pondría como pregunta: la cercanía que tiene Lemebel con esa parte del pensamiento de Deleuze donde se plantea lo esquizo… En ese párrafo tenemos toda la bibliografía para leer a Lemebel. El devenir en Deleuze, la idea de cartografía, que supone al mapa como opuesto al calco. Y después, todo lo que tiene que ver con la crítica al psicoanálisis, apuntando a que el psicoanálisis codifica los roles.

Y acá vemos como que el travesti… por ejemplo, La madonna mapuche para mi es una imagen alegórica, es lo que queda de otra cosa. Y él la va describiendo cómo se va transformando y también en el primer texto, donde cuenta sobre esa mujer que era magnífica, que estaba en la foto, hermosísima, y después se agarró el SIDA.

 

OB: Habla de la Pilola Alessandri[5]

“Ella se compró la epidemia en Nueva York, fue la primera que la trajo en exclusiva, la más auténtica, la recién estrenada moda gay para morir.”

“La última moda fúnebre que la adelgazó como ninguna dieta lo había conseguido. La dejó tan flaca y pálida como una modelo del Vogue, tan estirada y chic como un suspiro de orquídea”… “El sida le estrujó el cuerpo y murió tan apretada, tan fruncida, tan estilizada y bella en la economía aristócrata de su mezquina muerte”

Muy irreverente pero al mismo tiempo tierno.

 

PS: Y aquí también incluye sus lecturas: cuando habla de la economía, está hablando de la biopolítica, la economía del cuerpo, un pensamiento cercano a Foucault.

 

OB: Yo quería ver lo de la alegoría barroca, quería preguntarte…

 

PS: Si, quedemos en ese tema porque nos permite charlar un poco más sobre la escritura. Hablamos de los adjetivos, de ahí apareció el lugar del barroco y de ahí, la elección de las palabras y el léxico que lleva a lo barroco por la mezcla de opuestos. También lleva a la alegoría que va más allá de las palabras…

 

OB: Subrayé la última oración de tu artículo que nombra al pensamiento de Lemebel como crepuscular pero intenso. Habla de la figura de la alegoría barroca. Al trágico se le presenta el mundo y él responde con un humor ácido. Me parecía que había algo, como una tragedia que atraviesa…

 

PS: Lemebel reivindica la tragedia del SIDA con la manera que tiene el pobre travesti latinoamericano de asumirla en su cuerpo y eso es de lo que yo hablaba en cuanto a la biopolítica, a la ética. Él dice que hay como una ética de la liberación, de la libertad. Como que vos sos un reventado y te vas a fondo con tu cuerpo pero en eso se juega algo del orden de lo ético. Eso es parte del camino de lo crepuscular pero intenso, por eso la aclaración de la palabra intenso.

Entonces Lemebel se oponía al tratamiento contra el SIDA en Estados Unidos; también eso corresponde a una época. En los ochenta, la aparición del SIDA se ligó mucho a una definición ético- política. Eran tiempos del amor libre y en ese momento aparecía como un brote conservador en la sociedad. El brote conservador ponía al SIDA como una especie de freno. En ese momento aparecen estas ideas de Lemebel que lo ligan a una idea libertaria.

 

OB: Contra el discurso de pensarlo como una enfermedad, él propone considerarlo como un proceso liberador, que se manifiesta a través de nuevas subjetividades deseantes que generan una idea transformadora.

Hay un fragmento que vos citás de Lemebel que dice: “la propaganda gringa te hace sentir que te duele mientras que para el sudamericano el sida mismo es un motivo para vivir, para amar la vida y hacerlo por descuento. En este minuto yo soy más feliz…”[6]

 

PS: Yo creo que debe ser cierto eso… Lemebel trata de resignificar la enfermedad, dejar de verla como una condena y pasar a verla como una celebración. Pero eso es un momento; yo no lo registro ahora. ¿Alguien que escribe hoy trata de pensarla de esta manera?

 

Vanina Escales: Pensando en lo que decían sobre los ochenta, pensé en María Moreno, la posibilidad de goce del cuerpo frente a la norma, a la normalidad. Me parece que eso es lo que atraviesa varios de estos textos que estamos viendo.

 

OB: El disfrute más allá de la norma.

 

VE: Y sobre todo cuando la norma determina qué cuerpos pasan y qué cuerpos no…

 

OB: El discapacitado, el freak, el monstruo…

 

PS: En ese sentido yo les preguntaba si algún escritor que ustedes estén leyendo, desde la actualidad, hoy, no de fines del ochenta, estuviera en ese lugar de definir esto que acabás de decir. Puede ser que no desde el travestismo…

 

VE: Por ahí no son crónicas pero (Michelle) Houllebecq en Plataforma piensa que Europa tiene una forma de goce que le parece horrenda, y arma toda esa maraña alrededor de los europeos yéndose a países tropicales para poder estar tranquilos…

 

OB: ¿Pero él reivindica eso como una forma liberadora?

 

VE: Le parece cínico, como el ocaso…

 

PS: Bien decadente…

 

OB: Lemebel no es decadente, tampoco es cínico. Es celebratorio. Con un humor más popular…

 

PS: Vos hablás del humor. Me parece que está bien ese punto. En toda esa figura alegórica, en todo este barroco, hay una transformación.

Esa es otra de las características de las crónicas de Lemebel. Además de construir un espacio, un tiempo y un sujeto, hay una construcción de un lenguaje: empieza por los adjetivos y toda la alegoría barroca para la construcción del sujeto.

Pero también, se da, no sé si ustedes lo han notado, que en la parte sintáctica hay momentos en los que queda suspendida la oración. Yo me di cuenta en la segunda o tercera lectura. Otra característica es que en algunos lugares no hay verbo. Pero no es una oración unimembre, es una oración a la que le falta el verbo. Otra característica, que vos decías que era popular, es que recupera toda una lengua de la zona. Por ejemplo, los distintos nombres que tiene para llamar a la policía (tiene como cuatro o cinco nombres diferentes) y cómo llama a la enfermedad “sombra”, “misterio”, “la pálida”.

Aquí tengo una frase donde hay suspensión del verbo: “Nalgas, lycra y sodoma disco” a ver si aparece la frase. “Al borde de la Alameda, casi topándose con la iglesia colonial de San Francisco, la disco gay luce su ala meada en el neón fucsia que chispea el pecado festivo. La invitación a bajar los peldaños y sumergirse en el horno multicolor de la fiebre-music que gotea la pista.”

Continúo:

“Allí la maricada desciende la amplia escalera de medio lado, como diosas de un Olimpo Mapuche.”[7]

“Altaneras, en la quebrada del paso que parece no tocar la hilachenta alfombra. Soberbias, en el gesto displicente de acomodarse las pinzas del pantalón recién planchado. Casi reinas…”

Estas son las subordinadas que deberían serlo.

“Casi reinas, si no fuera por esos hilvanes rojos de la basta apurada. Casi estrellas, de no ser por la marca falsa del jeans tatuada a media nalga.

“Algunas casi jóvenes, en la ropa sport clara y las zapatillas Adidas, envueltas en la primavera color pastel y ese rubor prestado del colorete. Casi chiquillas, a no ser por la cara plisada y esas ojeras de espanto.”

 

OB: Recién escuchaba el ritmo… y es como una canción.

 

PS: “Apuradamente felices, llegan cotorreando cada noche a la catedral dancing…”

El no uso de la subordinada puede ser que, en un estudio pormenorizado del lenguaje, se encuentre como una característica de la crónica en general y de la crónica de Lemebel en particular.

Y por último, el uso de la fotografía. La foto es una experiencia de la modernidad y, en ese sentido, es lo que más se acerca a lo real. De los descubrimientos del hombre moderno es aquello que más está en contacto con la realidad, pareciera ser el reflejo de la misma. Por eso: que Lemebel elija hablar de una foto al comienzo de sus crónicas, parece significativo. Nos indica qué él está hablando de una crónica porque “acá hay una foto que lo prueba”. Y eso está puesto al principio del libro.

 

 

10/05/2008

 

Seminario de Cátedra Crónica de autor

Taller Anual de Orientación en Periodismo

Carrera de Ciencias de la Comunicación

Facultad de Ciencias Sociales, UBA

 

 

 

 

[1] Siganevich, Paula. “El pensamiento urbano en las crónicas de Pedro Lemebel” (2007) Grumo 6, vol. 2, Río de Janeiro, pp. 18-22

[2] Refiere a Lemebel, P. (2008) “Bésame de nuevo forastero”, Eloísa Cartonera, Bs. As.

[3] Refiere a “Luana Berkin” (verosímilmente Lohana Berkins), activista trans que habría estado presente en el programa televisivo de Fernando Peña, según se relata en“Hotel Boquitas Pintadas”, Lemebel (2008), op. cit.

[4]” Lemebel, P. (1996)“Homoeróticas urbanas (o apuntes prófugos de un pétalo coliflor)” en Loco afán. Crónicas de sidario, Lom Ediciones, Santiago de Chile, citado por Siganevich al comienzo de su artículo.

[5] Lemebel, P. (1996) “La Noche de los visones (o la última fiesta de Unidad Popular)” en Loco afán.

[6] Lemebel, P. citado por Siganevich en “El pensamiento urbano en las crónicas de Pedro Lemebel”

 

[7] Lemebel, Pedro. “Nalgas lycra, sodoma disco” en Loco afán.


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Una respuesta to “Lemebel: La fiesta inolvidable”

  1. Oz Says:

    Paula S. preguntó si hay algún escritor que hubiésemos leído que estuviera hoy resignificando la enfermedad (el bicho, el sida) como Lemebel, desde el humor, lo popular, lo celebratorio. En aquel momento, a la fecha del encuentro, aun no habíamos leído a Naty Menstrual, no había aparecido su libro ni conocíamos su blog, pero me da la impresión de que el rastro de esa resignificación debe andar por ahí, en medio de esos esperpentos, monstruos y “románticos del culo” de Naty M. no?

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