Del libro único de Enrique Pezzoni

“La historia de la literatura podría concebirse hoy como el registro del ritmo según el cual las transgresiones a las formas y estilos que alcanzan prestigio en un ámbito cultural se convierten… en rebeliones institucionalizadas y ya sin ímpetu para crear mundos nuevos o siquiera para nombrar y descifrar el mundo en que vivimos”. Palabras escritas en 1970 que hoy podemos leer gracias a la reedición por Eterna Cadencia de El texto y sus voces, único libro publicado en vida por Enrique Pezzoni (1926-1989), legendario asesor/editor de Sudamericana y secretario de redacción de Sur. En veintitrés artículos y notas para revistas culturales, Pezzoni enseña que la tarea del crítico es como la de un agrimensor o un geómetra – al decir de Luis Chitarroni en el prólogo- que mide y salva las distancias en el planisferio de la literatura. En ese plano entran la exaltación de la autobiografía en los poemas de Borges (“toda poesía es una confidencia”), Capote y sus novelas “no ficticias”, Cortázar, Pizarnik, Arlt, Bioy Casares, Malraux, Octavio Paz, Enrique Molina, Silvina Ocampo…

Sin fascinación ni obsecuencia ante la aspiración “burguesa” a la novedad y a la domesticación de las transgresiones como objetos de confort y ornamento, Pezzoni escribe a principios de los 70: “Los ataques contra las pautas del pasado se codifican en convenciones aceptadas sin escándalo por un público aficionado a las audacias del escritor pero que no ve en ellas un genuino afán crítico, una exhortación a revisar las nociones corrientes acerca de lo que llamamos realidad y lo que llamamos arte y, sobre todo, acerca de las fronteras –siempre ambiguas y fluctuantes- que a la vez deslindan y comunican ambas zonas” (de “Transgresión y normalización en la narrativa argentina contemporánea”, publicado en Revista de Occidente, julio de 1971).

Otras frases destacadas de El texto y sus voces:

A sangre fría, estremecedora crónica sin “yo” narrador que registra un múltiple asesinato cometido en Kansas. Capote se declara casi inventor del género (tan anterior al él: ¿no se remonta acaso por lo menos a Daniel Defoe?)”

“El aplauso a la transgresión hace de la ruptura un simulacro”.

“Sustraerse a las fluctuaciones del tiempo, alcanzar una vigencia que reemplace el presente y, a la vez, paladear la sorpresa del presente ¿no es acaso el sueño de todo escritor? Pero buscar lo nuevo por lo nuevo –vale decir, lo que sólo existe en función de la actualidad irrecuperable- puede ser la maniobra menos falible para condenarse al olvido”

“La novedad, o más bien la aspiración a la novedad, se impone como un valor per se. La burguesía argentina asimila imperturbable unas obras agresivas, deliberadamente enigmáticas, pero erizadas de halagos y trampas sonrientes… La literatura rebelde está ahora al alcance de su mano y le ofrece lo que aun faltaba en su mercado: el comfort intelectual”

“Cuando esas actitudes se reiteran sin avanzar, dejan de ser tensiones contra algo que les sea heterogéneo y se convierten en modelos de sí mismas: entran en la tradición del decoro”.

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