Kapuscinski y el falso mapuche que entrevistó a García Márquez

La cruza de Ryszard Kapuscinski con Nahuel Maciel daría nacimiento a otro estante en las librerías, según García Robayo y a la vista de nuevos vástagos del “subgénero” como el reciente caso del periodista italiano Tommaso Debenedetti, quien habría falsificado entrevistas a Philip Roth, Le Clézio, etc. Una discusión de Diario sobre Diarios sobre el supuesto mapuche Nahuel Maciel, inventor de entrevistas a Ray Bradbury, Carl Sagan, Vargas Llosa y García Márquez para El Cronista Comercial, nos recuerda que inventar no es lo mismo que escribir ficción:

Lectores del DsD polemizan acerca de Nahuel Maciel
Algunos minimizan el caso de Nahuel Maciel. Otros dicen que el periodista sigue haciendo de las suyas en la provincia de Entre Ríos. Un lector reflexiona sobre la actitud de los medios a la hora de conseguir primicias y dice “todos podemos ser Nahuel Maciel”.
Desde que el DsD presentó en Zona Dura “Quien es Nahuel Maciel”, el 21 de julio pasado, fueron publicados en “Cartas al DsD” diversos mensajes de lectores. Aquellos que aún no han leído dicho artículo podrán hacerlo en (http://www.diariosobrediarios.com.ar/dsd/diarios/zona_dura/21-7-2004.htm). Incluso, algunos de lectores debatieron acerca de las fábulas de Nahuel, o sobre la responsabilidad que les cupo a los entonces directivos de El Cronista y Extra, Mario Diament y Orlando Barone respectivamente. La repercusión llegó hasta el semanario Noticias, que el 24 de julio, presentó “Nahuel Maciel, El gran simulador”, firmado por Emilio Fernández Cicco (http://www.noticias.uol.com.ar/edicion_1439/nota_02.htm). Esa nota también fue reproducida por el portal Periodismo.com.

Desde El Cronista Comercial en el año 1992, Maciel – quien decía ser un “indio mapuche”- le hizo entrevistas para el suplemento cultural a grandes figuras de la literatura y el pensamiento, como Mario Vargas Llosa, Carl Sagan, Ray Bradbury y Gabriel García Márquez, entre otros. En el caso de García Márquez, llegó a publicar un libro de “Conversaciones” con un prólogo del uruguayo Eduardo Galeano. Todo fue apócrifo, los reportajes fueron, o bien inventados, o bien copiados textualmente de otras publicaciones.

La primera carta que llegó al DsD fue la del periodista Oscar Tafettani, protagonista de los hechos de 1992, ya que había sido “acusado” por Diament de haber recomendado a Maciel a la directora del suplemento cultural de El Cronista, Silvia Hopenhayn. Tafettani, además le dio trabajo hoy a Maciel en la página Nuevo Siglo y es amigo del protagonista de la historia.

Allí, Tafettani, luego de felicitar al DsD por la Zona Dura deslizó que “casos como el de Maciel (hubo varios otros, de 1992 a la fecha) deberían ser estudiados en las escuelas de periodismo, a fin de dotar a los futuros comunicadores de ‘anticuerpos’ frente a los impostores, pero, sobre todo, de una mayor conciencia de su responsabilidad social”.

Seguida a esta carta, el periodista del diario El Cronista, Angel Coraggio, también envió una misiva – a título personal – entrando en la polémica por la Zona Dura. Coraggio trabaja actualmente en el “lugar de los hechos” pero no estuvo durante el paso de Maciel por la redacción del diario que en aquellos tiempos estaba en manos del empresario Eduardo Eurnekian.
En su carta señaló que el texto de la Zona Dura “fue leído con avidez por varios profesionales, entre los que me cuento, a sabiendas de que veníamos retrasando nuestro trabajo” de ese día en El Cronista.

Coraggio agregó que “no conozco a gran parte de los protagonistas de la historia, por empezar al inculpado de fraguar reportajes. Pero sí a otros, con quienes he trabajado en su momento, en diversos medios, entre ellos El Cronista mismo, pero varios años después. Por lo tanto, no puedo hacer un juicio de valor abusivo, aunque sí puedo decir que no me sorprende la candidez de algunos, como tampoco la desconfianza preventiva de otros. Responde a sus patrones, con los que han transitado la profesión, más que dignamente”.

“El punto es otro, y no está mal reflexionar brevemente sobre ello. ¿Puede haber sido una sociedad periodística más ingenua la de entonces, pese a que fue ayer nomás? Convengamos que no había, al menos masivamente desarrollados, poderosos buscadores de Internet a disposición, ni tampoco celulares, ni correos electrónicos, etc. No había a disposición de los periodistas una tremenda parafernalia técnica. En el diario en el que trabajaba entonces, por ejemplo, debíamos escribir en papel sobre viejas Lexicon 80. Estamos hablando de principios de los ’90”, explicó Coraggio.

Y luego se mete de lleno en el fondo de la polémica. “No creo que haya sido más ingenuo ese periodismo de unos 15 años atrás” aseguró Coraggio. “Por ahí un tanto menos cínico, condición que se hizo necesaria para protegerse de la avalancha que impuso ese tiempo, del que emergió un pensamiento único que excedió a quienes nos gobernaron, malamente.
Sí creo que todo ese puntual hecho de confusión, del que fueron víctimas importantes colegas, tiene que ver con un mal que persiste hoy, ya entrado el siglo XXI. La ansiedad por LA noticia, LA primicia, LO diferenciador, LO notable, por sobre la equilibrada ponderación, el adecuado análisis, el placer por construir textos que perduraran, al menos para que los leyeran, de casualidad y un tiempito después, esas amas de casa que desenvuelven huevos, o el kilo de nalga”.

Añade “En suma, tiene que ver con la falta de discernimiento, en tiempo y en forma, para diferenciar lo excelente de lo pueril, lo verdadero de lo falso. También tiene que ver con el encantamiento que nos producen los personajes funambulescos, los truhanes, los encantadores de serpientes, los buscavidas más diversos. Tanto más nos baja la guardia lo exótico: cuánto más folclóricos son los individuos con los que nos topamos más merecen nuestra atención. Le pasamos de largo al fenotipo normal. De allí que podemos rebotar mil veces a los Juan Pérez que quieren ser periodistas desde la nada, desde la intención en bruto, desde el hondo bajo fondo donde el barro se subleva. Y nos atrae el que viene ensortijado, rapado o travestido. Cosas así. Y también nos pone con la guardia baja el horror a que no tenemos qué publicar de diferente, original, jamás visto en la Tierra. Entonces tomamos lo que venga a saciar ese vacío. Como el material que ofreció Maciel en su momento. ¿Qué vacío puede haber en una redacción en la que se supone que hay periodistas aptos para sacar aceite de las piedras? Sin embargo, así es. En busca de la piedra roseta no vemos el tremendo peñón que tenemos a nuestra disposición. Y nos autoengañamos con nuestros hallazgos. Y nos ensartamos en nuestras propias vainas”.

Luego esboza una mirada sobre el periodismo en general, y asegura que a los periodistas “nos preocupan asuntos que la gente ignora olímpicamente. Y no les presentamos a su disposición lo que pagaría por saber (por ejemplo el precio de un diario, no mucho más de dos pesos actuales). Creo que hasta que, como colectivo, no recuperemos la lógica de pensamiento de un ciudadano promedio, de un hombre común, hasta que no nos asombre el amanecer de cada día y el paso de las estaciones, estaremos expuestos a estos embaucamientos. Preferimos la firma o el aval de un famoso, no sé, Roberto Perfumo, antes que confiar en nuestra propia pluma, en nuestra íntima convicción sobre qué sucede, o creemos que pasa”.

Por último, Coraggio, sostiene: “Hasta que no nos demos cuenta que al lector le interesa muy poco la primicia y sí lo que pensamos en realidad, estaremos más cerca del fraude que de la verdad. En un caso extremo, seremos todos Nahuel Maciel. En nuestros cotidianos casos, seremos menos creíbles cada día. Un lento desangre. La última reflexión es la convicción de que más quieren leer la información y análisis del Boca-River que todos vieron que saber de nuestra rocambolesca aparición por los confines de una guerra, el centro de prensa de un portaaviones, o las confesiones de un gurú en una aldea suiza. A menos que sea cierto todo lo último, pero estrictamente cierto, claro. Al menos verosímil, bah”.
Desde la provincia de Entre Ríos, donde hoy trabaja Maciel, el periodista Horacio Palma (Gualeguay) dice ser conocedor de la actividad de Nahuel en esa provincia y agrega nuevos datos. “He leído el completo informe sobre Nahuel Maciel, el inefable. Varias cosas me llaman la atención. Por ejemplo, si uno observa con detenimiento, tres personajes principales de la historia trabajan hoy en el mismo medio: Nuevo Siglo. Me refiero al propio Maciel (o como se llame), a Taffetani y a Morán. Uno se mandó ¿solo? a El Cronista, el otro lo recomendó (yo les creo a Barone y a Diament) y Morán, casualmente, se dio cuenta del plagio y lo denunció…feliz coincidencia”, acotó Palma.

Luego sembró nuevas dudas acerca del personaje de la Zona Dura y de Tafettani. “Nahuel ha publicado artículos en Nuevo Siglo firmando de la siguiente manera: ‘Nahuel Maciel es periodista del diario El Argentino de Gualeguaychú y docente de la Universidad de Entre Ríos’…yo se lo hice notar y le pregunté por su cátedra. Ahora ya no firma así. Pero esto no ocurrió hace diez años, sino hace pocos meses. Me gustaría saber su verdadero nombre así lo busco en la nómina de docentes. O saber por qué ahora no firma como antes. Nahuel Maciel se vende como un periodista que hurga en la corrupción y la ética…de los demás. Y aparece en una nómina de periodistas que se arriesgan en dichas investigaciones junto a Lanata y Sietecase por ejemplo, y alcanzó protagonismo acusando a ciertos personajes de la Aduana de Gualeguaychú por actos de corrupción reñidos con la ética”.

Volvió a la carga luego contra Maciel: “Nahuel dice que es respetado por sus colegas. Yo quisiera saber a qué colegas se refiere pues no los conozco, y sí conozco las muchas quejas de sus vecinos acerca de sus informalidades contractuales, excentricidades verborrágicas y veddetismo social. Dice que El Argentino es el segundo medio en importancia de Entre Ríos, pues aquí también miente Maciel, pues dicho diario es el segundo en importancia en Gualeguaychú… ¿otro error involuntario de Maciel?”.

En el parágrafo siguiente, acusó a al amigo de Nahuel: “Hace un par de meses asistí, en la Feria del Libro, a una charla donde estaba Taffetani. Él nombró a Maciel con palabras elogiosas (aunque refirió la anécdota del plagio) y vaticinó que pronto oiríamos hablar de Maciel, pues dijo que Nahuel se había comunicado con él (nunca dijo que escribía con él) para decirle que había ganado una beca internacional (con la que podría ahora sí entrevistar a García Márquez) y le dijo también que había estado todo este tiempo recluido con un grupo de sacerdotes que le hicieron reflexionar sobre su conducta…ahora resulta que cuenta una historia distinta. ¿Miente ahora, o mintió antes?”.

Palma agregó un dato más a la historia. Dijo que “en el informe, aparece Taffetani como escritor de El Porteño, un pasquín de extraña fama, pero en ‘Artnovela’ Taffetani (bajo la firma de Menárd) me juró que jamás escribió allí. Me gustaría saber si ha sido un olvido de Taffetani, o un error nuestro. Más allá de Nahuel Maciel, cuyas virtudes periodísticas no objeto, lo cierto es que como dice el refrán: En boca del mentiroso, lo cierto se vuelve dudoso”. Y finalmente se pregunta sobre algunos aspectos de la historia. “Me gustaría saber por qué Nahuel esconde su verdadero nombre…aunque lo imagino. Y por qué alguien con el prestigio de Taffetani, miente en su nombre…aunque lo imagino”.

El lector Martín Ale, en tanto, parece darle crédito a Palma, aunque no le dejó pasar un dato. “En su exitoso intento de rematar al inofensivo Nahuel Maciel, Horacio Ricardo Palma patinó: ‘El Porteño, un pasquín de extraña fama’, dijo. Nada más alejado de la realidad”.

Tafettani, por su parte, no tardó en responder la carta de Palma, defendiéndose de las acusaciones en su contra y tendiendo un manto de piedad hacia su amigo Nahuel Maciel. “Puesto que el señor Palma recuerda una intervención mía en la última Feria del Libro, ratifico lo que dije allí e informo que la Fundación Nuevo Periodismo Latinoamericano – que incluyó a Maciel en su lista de becarios – está trabajando sobre el tema y muy probablemente emitirá un documento a corto plazo, ya que es un caso sumamente rico e ilustrativo sobre las distorsiones, debilidades y peligros del contacto entre la literatura de ficción y el periodismo”.

Luego agregó que “En cuanto a Nahuel, aclaro que fui yo el que me equivoqué al poner en una nota al pie que él era docente de la Universidad de Entre Ríos. Al día siguiente de la publicación, Nahuel me llamó para decirme que eso no era correcto y entonces lo saqué. Nada más”.

Tafettani minimiza el caso de Nahuel Maciel y señala otros antecedentes en los grandes medios nacionales. “Desde que empezó la novela de Nahuel, he visto otras tanto o más interesantes, que sin embargo no han llamado la atención de los “metaperiodistas” (de algún modo hay que llamarlos) y analistas de la comunicación. ¿Por qué no le preguntan al diario La Nación sobre el concurso en el que premió un cuento de… ¡Giovanni Papini!, que un impostor mandó con su propio nombre? ¿Por qué no le preguntan a la revista TXT en qué quedó su “demanda” contra Jorge Zicolillo, que le vendió coberturas truchas de la guerra de Iraq, hechas a la vuelta de la esquina? ¿Por qué no le preguntan a Andrés Cascioli (Editorial La Urraca) qué sabe del libro de Roberto Alifano sobre “El humor de Borges”? Yo ya sospechaba que era trucho, y María Kodama, hace algunos años, me dijo que pensaba lo mismo. ¿Y las entrevistas de Armando Almada Roche en La Razón, La Prensa, Clarín y otros medios de gran tirada? Allí hay una tremenda cuota de ficción sobre una base supuestamente real. Hizo ‘últimos reportajes’ a Juan Rulfo, Manuel Scorza, Antonio Di Benedetto, Julio Cortázar, Manuel Puig, y se publicaron como tales…”

Tafettani concluye “me parece infinitamente menos grave esta clase de fraudes que otros que se consuman ante nuestras narices. Por ejemplo, un documental con testimonio de menores ‘prostituidos’ falsos (hubo un fallo judicial contra Telenoche Investiga, hace poco). Sin comprar las profecías de Elisa Carrió creo -como ella- que estamos en vísperas de un gran cambio. Y ese cambio va a involucrar, muy especialmente, a los medios de comunicación. Mientras tanto, dejemos correr el folletín”.

En una última carta, Tafettani se muestra de acuerdo con el enfoque de Coraggio con respecto al caso de Nahuel Maciel. “Coincido plenamente con los términos de la carta enviada por el lector Coraggio – señaló -. Ése es el espíritu que creo debe prevalecer al abordar el caso Maciel y tantos otros que se han registrado, de 1991 a la fecha”.

Luego volvió a cargar contra el lector Horacio Palma: “No coincido, en cambio, con el espíritu de la intervención del Sr. Palma, a quien personalmente facilité teléfonos y direcciones de correo para que consultara y chequeara por sí mismo ciertos datos. Palma busca hurgar en una herida que inexorablemente cicatriza, arrojando sospechas a diestra y siniestra. Si las respuestas que oportunamente se le han dado no le bastan ¿por qué no va a los documentos? ¿Por qué no investiga, como haría cualquier periodista honesto? Su actitud (y en particular su insistencia con el tema de los diarios de Gualeguaychú) insinúa que hay una interna “de pago chico” enmascarada, que usa como excusa el caso Maciel”.

Más allá de las diferencias entre los lectores, todos coinciden en la fragilidad de la prensa ante determinados “embustes” o “malas pasadas” en aras de conseguir una primicia, un buen reportaje o una valorada firma. También algunos señalan la poca disposición de los grandes medios a admitir públicamente errores o mentiras. Y el caso de Nahuel Maciel – en el que todos coinciden en que lo que ocurrió en 1992 fue un claro embuste – es un buen ejemplo de eso.

El DsD no quiere cerrar aquí la polémica, por el contrario, invita a los lectores que así lo quieran a realizar sus aportes en Cartas al DsD, escribiendo a administracion@diariosobrediarios.com.ar Por favor, los textos enviados no deben exceder los 2000 caracteres en procesador. Deben indicar nombre y apellido completo dirección electrónica y domicilio.

DsD 10 – 8 – 2004

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