Construir un relato es contar los acontecimientos de una manera que no ocurrieron

Un encuentro con Verónica Tozzi, traductora de Hayden White (El texto histórico como artefacto literario, entre otros libros), para discutir sobre las fuentes documentales como garantía de “experiencia pura”, el supuesto privilegio de los testigos, la estetización que disminuye el horror de lo acontecido y las representaciones en disputa, entre diversas cuestiones planteadas por las nuevas filosofias de la historia. El diálogo se realizó en el marco del seminario crónico del Tao en Periodismo de la carrera de Ciencias de la Comunicación, Universidad de Buenos Aires y comenzó con la siguiente pregunta sobre si es realmente posible estar “en el lugar de los hechos”:

Seminario de cronistas (en adelante, SC): ¿Cómo creés que las teorizaciones de filósofos de la historia como Hayden White o Arthur C. Danto pueden relacionarse con algunas cuestiones referentes a la crónica, como el valor asignado al “haber estado ahí” que en el cronista destaca su lugar como testigo y, a veces, partícipe de los hechos?
Verónica Tozzi (en adelante, VT): Cuando se habla del cronista ideal que ve y registra los acontecimientos en el momento, es un experimento parecido al que también llevó adelante Descartes cuando suponía que había un genio maligno, o al de la película Matrix, que también es una suerte de experimento filosófico. ¿Qué pasaría si tuviésemos que distinguir entre una vida real y una ficticia? Si de repente estamos conectados a unas máquinas que nos pasan toda la vida, sólo hay estimulaciones de una máquina en los cerebros. En este momento, nosotros estamos hablando, pero en realidad nuestros cuerpos están conectados a una máquina y estamos en suspensión. En el texto de Danto “Filosofía analítica de la historia”, se da el ejemplo de los indiscernibles que son experimentos mentales o filosóficos. Me imagino que muchos de los términos que ustedes abordan tienen un referente (cronista, testigo); los filósofos no están hablando de referentes de la realidad, de algo real. Por ejemplo, Danto está analizando un problema filosófico en cuanto a la problemática de la historia. La problemática central de la historia gira en torno a cómo conocer algo que ya fue. De ahí que uno puede seguir la idea de que poder ser parte o testigo de los acontecimientos te puede dar un acceso privilegiado a los mismos. En definitiva, el que estuvo ahí tiene mejores condiciones cognitivas que el que tiene que reconstruirlo con lo que le dicen los otros y etcéteras. Eso es lo que White y Danto tratan de disolver todo el tiempo. Ese prejuicio empirista que el estar ahí es garantía o privilegio.
SC: ¿Es garantía de qué?
VT: Justamente, el argumento de Danto es forzar la situación a un extremo ridículo. Un relato es un discurso que ordena los acontecimientos en principio, medio y final; les da una función. Además el interés del relato, o mejor dicho del relator, es poder relacionar ese acontecimiento o grupo de acontecimientos en un contexto mayor. Para eso, el relator debe poner en su relato muchas cosas más que las que fueron contemporáneas del acontecimiento. Para el relator, si quiere hacer un buen relato, el haber estado allí no le sería suficiente. En su texto, Danto nos pide que imaginemos que existe alguien como un cronista ideal. Un cronista no en el sentido que quizá ustedes abordan sino más pensando en la idea de un cronista tradicional. Un cronista ideal que tiene el poder de registrar los acontecimientos en el momento que suceden y tal cual suceden, pero con verdad. Para Danto, la única condición es que la crónica sea verdadera y que el cronista escriba lo que ocurre. Si eso existiera, sería la envidia total de los historiadores por tener esa capacidad total de registrar los acontecimientos en el momento que suceden. Ahora, ese cronista no puede decir un montón de cosas que podrá decir un historiador mucho tiempo después. Por ejemplo, no podría decir que en 1770 nace el creador de la bandera nacional. Nunca podría decir eso en el mismo momento que nace el niño, salvo que fuera un adivino.
El argumento de Danto, que es bastante anterior a lo que plantea White, propone una crítica al pensamiento de que ese relato objetivo, despojado y de puro registro puede ser un camino para el acceso a una verdad. Construir un relato implica contar los acontecimientos de una manera que no ocurrieron. Este argumento se opone a los que plantean que el meramente estar o registrar es algo que pueda tener una mera función cognitiva. Nuestro lenguaje es temporalmente denso, y cualquier descripción que haga va a remitir a elementos que están antes o después del acontecimiento que abordo. Nunca puede haber una referencialidad pura. En algún punto, Danto les puede ayudar a criticar a la crónica tradicional y su pretensión de pura objetividad. Esa crónica en la que el sujeto no se pone por delante, esa crónica que quiere registrar la noticia tal cual remite al hecho. Eso, llevado a su extremo, no puede tener ningún interés provechoso.
Por mi parte, en los últimos años, me encontré en otra polémica, y creo que es también en la que están ustedes embarcados. La polémica es que, más allá de que aceptemos que la Historia y la Historiografía describen los acontecimientos, contextualizan y explican, esa autoconcepción de la Historia, que se empieza a concebir en el siglo XIX, se ve desafiada en el XX por el surgimiento de una serie de movimientos sociales, culturales y de sobrevivientes de acontecimientos extremos donde quedaron los relatos de las víctimas. Esos nuevos discursos son un desafío para todo aquel que quiera ponerse en el lugar de la tercera persona objetiva. De alguna manera, ustedes como cronistas se encuentran y charlan con los testigos para hacer una edición posterior.
SC: Vas a construir tu historia.
VT: Vas a editar. Y ahí es donde yo veo que comienza una disputa, donde veo que hay una especie de regresión filosófica. Porque si bien puede tener en algún momento un efecto político el reclamar nuevas voces, —en La Historia de las Revoluciones Nacionales la mujer no jugaba ningún papel, en la Historia de la Revoluciones americana los negros y los indígenas no tuvieron protagonismo—, todas esas ausencias se materializan en que todos esos sujetos piden ser incluidos en la Historia. Después no sólo piden ser incluidos, sino contar su propia historia ellos mismos. A partir de eso, yo empiezo a ver que se le da un privilegio epistémico al que tuvo la experiencia primaria. Eso me parece una regresión cartesiana.
SC: ¿Y cómo hay que interpelar a esos sujetos o cómo hay que escribir una historia de esas minorías sin caer en el privilegio epistémico?
VT: En primer lugar, creo que la Historia es un discurso y no por eso es una invención. Con respecto a incorporar en el discurso a las versiones de los testigos, creo que hay que hacerlo pero dando cuenta que es una versión que está en disputa, y que no tiene una cercanía mayor a la verdad porque proviene de un testigo del acontecimiento. Uno le podría dar un privilegio político o moral, pero no epistémico. No es que quiero construir una historia equitativa del Holocausto donde los nazis y los prisioneros de Auschwitz tienen un diálogo democrático. Yo quiero contar la historia del sufrimiento del Holocausto, pero eso no quiere decir que la palabra del testigo es la última o la más autorizada para describir o interpretar el fenómeno.
SC: Desde el lado del cronista, en la crónica periodística, el incorporar testimonios la enriquece, sobre todo, en cuanto a incorporar diferentes versiones de la cuestión.
VT: Sí, vos por eso podés criticarlo. El origen de todo mi interés por criticar el privilegio epistémico se origina en derrumbar esa idea de que el testigo es la voz autorizada o más legítima para determinar cómo se debe representar esa experiencia. En referencia al surgimiento de los movimientos feministas y a toda esa cuestión de que las mujeres somos las únicas que podemos dar cuenta de la opresión que se sufre por parte del hombre, eso fue algo muy criticado por Scott y Judith Butler que no hablan de ninguna experiencia. El feminismo es un movimiento en disputa y, dentro de las propias identidades, va a haber diferencias de sujetos. No va a ser lo mismo un ama de casa sudafricana blanca que una chola boliviana. Ahí surgen nuevas relaciones de opresión.
SC: El otro día hablábamos de eso, sobre todo, de cómo abordar tu texto, y lo pensábamos con referencia a cuestiones de la historia más reciente, como los levantamientos populares del 2001.
VT: Está bien cómo lo pensaron porque parte del trabajo de investigador histórico está relacionado con conocer aquellas voces ocultas, porque esas voces son las que permiten la controversia y el cambio. Los historiadores de la ciencia, en el surgimiento de la revolución científica, los científicos dejan de mirar la figura y empiezan a mirar a los artesanos y otros trabajadores que ayudaron a generar nuevos conocimientos; voces que fueron ocultadas de la historia oficial de la ciencia que siempre dio lugar sólo a los científicos reconocidos. Por otro lado, lo que sucede en el Holocausto y se traslada a Malvinas y a los sobrevivientes de los campos de concentración es esa idea de que todo esfuerzo de comprensión es obsceno. La idea de Claude Lanzmann en la película Shoah. Ahí tiene un documentalista que se construye como cronista en primera persona, deja hablar a los testigos y no hay ningún intento de dar explicación sino sólo enunciar la experiencia.
SC: Elena Poniatowska en La noche de Tlatelolco también construye su texto sólo con testimonios.
VT: En el libro de Graciela Esperanza y Fernando Cittadini, Partes de guerra, sucede algo parecido sobre Malvinas. Lo mejor que leí sobre el tema. Está armado con los testimonios de la Batalla de Darwin. Son sólo los testimonios y están agrupados en episodios: la primera bala, etc. No hay una voz narrativa, son los testimonios ordenados que les pidieron a los militares y a los conscriptos. Fueron editados y al final te queda una idea de lo que fue la batalla. Están ordenados como: “El reclutamiento”, “La partida”, etcétera.
SC: O sea que hay un principio, un medio y un final.
VT: Sí. Creo que es gente que viene de letras y no tienen grandes problemas con la cuestión de la verdad y el discurso. Es un libro de historia oral. El caso de Lanzmann, que por ahí lo vieron dentro del libro de White, afirma que toda forma de representar el Holocausto es obscena y lo único que se puede hacer es escuchar a los testigos. Después hay otro filósofo que dice que, en el caso del Holocausto, el único lenguaje o manera digna de representarlo es la crónica literal. Una crónica literal sin ningún intento de que eso sea plausible de ser explicado o comprendido.
SC: Una cronología.
VT: Solamente vas escribiendo; cualquier estetización, a vos te consuela, pero disminuye el horror de lo que aconteció. Lo mío no es ir en contra del privilegio epistémico o el privilegio de las víctimas; lo que me importa es ser autoconsciente de lo que se quiere narrar, lo que se quiere representar. Cuando le das voz a esas voces ocultas, no se viene a expresar una interioridad y una experiencia de alguien de manera tal que te permite acceder a esa experiencia, lo que hay son prácticas discursivas de la manifestación de la experiencia. Lo que hay son relatos de experiencias. Aún aquel que fue víctima o protagonista de un evento, a la hora de narrarlo, va a recurrir a los discursos disponibles en su cultura. Uno tiene que estar atento a la circulación del testimonio, y a la relación entre el testigo y su testimonio escrito. El ejemplo más claro es el testimonio de Primo Levi, quien dice que no va a estetizar su discurso y va a ser severo en su lenguaje. Él era químico, y eso supuestamente iba a garantizar que no fuera demasiado estético el discurso. Sin embargo, los textos de Levi son una combinación en la que su experiencia de químico hace que clasifique a las personas. Como la tabla periódica, él clasifica todo. Cuando va a describir los estereotipos, utiliza toda La Divina Comedia. A la hora de expresar, aún cuando seas el protagonista o el testigo, terminás usando convenciones. Creo que eso habilita a que la apropiación que realiza el cronista o el historiador no sea puramente demagógica en cuanto a la inclusión de las voces de los testigos. Hay que darse cuenta de que cuando uno va a recoger todas esas versiones, uno es uno más. No es el más ecuánime porque tiene todas las voces. Eso da lugar a que uno pueda discutir aquello que recupera. No tiene que recuperarlo de una manera pura o para recontextualizar; uno lo recupera de una manera en disputa para ver cómo se construye ese acontecimiento.
SC: Ahora bien, si todos construyen diferentes interpretaciones y no hay una que dé garantías…
VT: Participan en la constitución. Discuten entre sí. La representación es dinámica, siempre está en disputa. Nunca vas a los acontecimientos y luego a representaciones. A lo que vas es a representaciones. Nadie accede a los acontecimientos tal cual suceden, siempre estás accediendo a las representaciones, a las descripciones.
SC: Siempre estás en el campo de la representación.
VT: Recuerden al Pensamiento Científico y al Paradigma de Thomas Kuhn. No es que viene la experiencia y el paradigma, vos estás en el paradigma. No existe la experiencia pura y la representación, o los acontecimientos históricos y las historias. Pero la representación siempre incluye una disputa discursiva.
SC: En el caso de nuestro objeto de estudio, de la crónica como género, muchas veces se siguen convenciones de la noticia que creemos que la crónica rompe. Por ejemplo, Rodolfo Walsh en su Operación Masacre está construyendo un discurso sobre los fusilamientos del ´56 que están en disputa con las voces de los medios oficiales. Walsh nos presenta otra versión. Digo, en muchas ocasiones la crónica se presenta como disputando contra otros discursos, cosa que no pasa en el género noticia.
SC: Yo creo que lo que se está poniendo en duda ahí es que no existe el hecho puro al cual el periodista llega. Que es el discurso dominante de los medios de comunicación. La manera en que los medios de comunicación venden su credibilidad: “Los hechos tal cual son”. Creo que muchos de los cronistas que hemos abordado en el seminario dan cuenta de esa operación, la denuncian.
VT: Ese es un punto que se puede relacionar con la noción de “evento modernista” que plantea White. Me parece que, en la época de Rodolfo Walsh, los medios de comunicación no estaban tan desarrollados, no tenían la inmediatez que tienen en la actualidad. Ahora me dejan pensando en todo esto. La distinción entre acontecimiento y hecho es de Danto, y es complicada de entender; pero creo que el concepto de acontecimiento modernista puede ser un ítem a tener en cuenta en su análisis de la crónica. Los acontecimientos modernistas son los que existen en su propio registro. Por ejemplo, ¿qué es el ataque a las Torres Gemelas? Es lo que vemos por televisión. Lo que constituye el acontecimiento está dado por su registro. Los medios de comunicación han crecido de una manera que el problema de acontecimiento y hecho de Danto queda fuera de lugar actualmente. Acá estamos hablando de otra cosa porque el acontecimiento es su registro mismo. El acontecimiento de las Torres Gemelas es que lo estábamos viendo todos por televisión en ese momento, no que pasó eso y diez días después nos enteramos. Ahí surge un nuevo problema que es que todos los acontecimientos del país son acontecimientos periodísticos.
SC: Mediatizados.
VT: No sé si mediatizados. ¿Hay una mediatización? Porque una mediatización supone que hay algo puro y después pasa a los medios.
SC: Es un poco lo que plantea Benjamin con el tema de la pérdida de la experiencia y de que los acontecimientos escapan un poco de la escala humana.
VT: En algún punto, puede tener razón, pero Benjamín murió mucho antes del crecimiento exponencial de los medios, y además se estaría avalando la tesis de la irrepresentabilidad. White no diría que los acontecimientos modernistas o el Holocausto son irrepresentables. Son representables, pero no basados en la narrativa tradicional. Por un lado, eso. Por otra parte, hoy hay acontecimientos que son producto de los medios de comunicación; existen en esa escala porque están los medios de comunicación presentes. El evento es que están los medios. El medio es parte del acontecimiento, es el que lo constituye y es parte. Si querés representar un acontecimiento de manera adecuada, también hay que tener en cuenta cómo se lo comunica. No es que primero está el acontecimiento y después el medio de comunicación. Sólo puede comprender el acontecimiento si también comprendo la forma en que me fue comunicado.
SC: Claro, por ejemplo, un grupo de manifestantes organiza una marcha para que su demanda sea visible. Si los medios de comunicación no vienen, ese no es un acontecimiento comunicado. Por lo menos, no lo es por medio de la televisión u otro medio. Pero, entonces, también hay acontecimientos por fuera de los medios.
VT: Claro. No todos los acontecimientos son modernistas.
SC: El acontecimiento pasa a ser modernista cuando de alguna manera se anuda con la comunicación.
VT: Lo que pasa es que el exceso de registro es tan grande que te deja fuera de la posibilidad de interpretación. Parece que el acontecimiento habla por sí solo, por el hecho de que su esencia es ser comunicado. ¿Qué más se puede decir frente a eso? Cualquier cosa que digas aminora eso que te enceguece.
SC: En muchas de las crónicas de autor que estamos estudiando, se da la cuestión de la irrupción de muchas voces, la polifonía, que rompe con la lógica de la noticia.
VT: El punto se comprende, pero esa es la polémica en torno a la noticia y el decir algo más que no se haya dicho. Ahora lo que estamos planteando es algo más profundo, sobre todo, en el caso de hechos modernistas que son horrorosos a gran escala. La cuestión del registro es lo que los marca como modernistas. No es que cualquier cosa es un evento modernista. El punto es decir más, pero cómo. Y no en el trabajo del historiador que va a dar una visión más objetiva, sino decir más de una forma que no acalle que hay mucho más para decir, o de una manera que de cuenta de un dolor atemperado. Y ahí surge la pregunta por el estilo del discurso y podemos hablar de los estilos domesticadores. Si vos ponés todos esos testimonios que recuperas en una narrativa, los estás domesticando. Les das un sentido, le das un cierre, y ahí no hay que ir a buscar otra voz. Por ejemplo, pueden tomar muchos testimonios, no hacen la típica noticia, juntan todo y arman un relato para darle sentido. Eso se cierra ahí. Y después podés ir a hacer otra cosa.
SC: ¿A qué llamás “eso se cierra ahí”?
VT: En teoría literaria se ve que la narración en general tiene un cierre, una clausura de sentido, un final que le da sentido a todo lo que había quedado abierto. La estructura narrativa es eso, es dar coherencia, significado y, por supuesto, un cierre. Una clausura que dice que no hay nada más que buscar porque ya le diste una explicación, ya respondiste la pregunta. Si en tu crónica, por ejemplo, hicieras eso de combinar las voces para darle una estructura y se construyera una estructura narrativa para darle sentido, todo eso genera en el lector una actitud pasiva porque satisface su duda y ya se terminó. Es por eso que ha surgido en la literatura y en el periodismo toda una vertiente que busca ir en contra de la narrativización de los acontecimientos. En lugar de ir tras formas de expresión que sean narrativas, se ha tratado de obturar el cierre narrativo. El promover testimonios en primera persona, pero que profundicen el estado de duda. Por un lado, tenemos cómo se expresa la víctima o el testigo y, por otro lado, tenemos a quien recupera los testimonios. Este último no debe ponerse en tercera persona. White lo llama escritura transitiva, donde el que recupera los relatos no está en una situación de mayor privilegio sino que sigue en estado de duda. Recupera los testimonios de los otros, pero no para armar una historia sino para que generen nuevas y más dudas. En referencia a esta nueva crónica que recupera las voces de los testigos, donde el cronista habla en primera persona, donde aparece y no se oculta, yo diría que también es una estrategia discursiva. No es que van a acceder más a la realidad que con una crónica tradicional. En realidad, lo que ustedes tienen que mirar es cuáles son las consecuencias políticas y sociales de estos actos discursivos. Lo que importa es por qué prefiero estas intervenciones y no otras. Creo que fundamentalmente por sus consecuencias en el presente y en el futuro. Si ustedes eligen un modo discursivo, querrán obtener determinadas consecuencias, si eligen otro, otras. Son viajes al futuro, no hacia el pasado. Eso es lo que yo veo como lo más destacable en la crítica al privilegio epistémico. En realidad, nadie tiene un acceso privilegiado.
SC: Es una cuestión de elección, del cronista eligiendo.
VT: Exactamente. Es importante lo de la elección porque muchas veces no saben qué están eligiendo. Esa es la crítica que les hace White a los historiadores tradicionales. Ellos creen que encuentran el relato en los hechos y, en definitiva, lo que están haciendo es optar por una escritura tradicional y podrían haber optado por otra. Quedan atados.
SC: Eso es lo que hacían tambien los “nuevos periodistas”, lo que hizo Rodolfo Walsh. Walsh también clausura un sentido al decir que va a presentarnos la historia desde el punto de vista de los testigos del fusilamiento. ¿Cuándo se va a encontrar a un fusilado que vive? Nunca. Bueno, ahora hay un fusilado que vive y nos va contar cómo fue el fusilamiento. También nos está clausurando el sentido, desde una narrativa tradicional. Y no sé si es autoconsciente. Me gustaría que desarrolles un poco más la cuestión de la autoconciencia.
VT: La autoconciencia lingüística siempre es un problema.
SC: Porque Danto no es un autor que hemos leído, salvo algún artículo sobre filosofía del arte. En realidad, cuando vos discutís a Danto y en el capítulo en que desarrollás esa discusión, hablás de que, siguiendo esa lógica, podaríamos llegar a conclusiones no muy agradables para Danto. Vos estás hablando ahí de lo que hace la historia y lo que hace la literatura.
VT: Acerca de si es posible hacer una distinción entre historia y literatura.
SC: Y mencionás que en la literatura hay un principio de autorreferencialidad. Cuando leí eso, pensé en la historia como algo cercano al periodismo tradicional y a la literatura como más cercana a la crónica. Para ser esquemáticos.
SC: La crónica mostraría su modo representación… ¿Lo hemos entendido bien?
VT: Yo no sé si suscribo a esa teoría de Danto. Hay una diferencia forma-contenido que White disuelve en su segundo libro: la forma pasa a ser el contenido. Danto es más clásico, tiene la teoría de la representación: son las representaciones y el mundo. Es complejo.
SC: Lo digo porque hay cronistas que construyen sus crónicas como obras de arte: con recursos de la literatura de ficción, con diálogos. Y lo hacen con conciencia de la puesta en juego de esos recursos.
VT: Claro. Los historiadores lo negarían más, les cuesta entender que cuando hablamos de una práctica discursiva, hablamos de convenciones. Eso no lo entienden y creen que vos les estás diciendo que están inventando los hechos. Pero el punto que yo creo que comparten Danto y White, con respecto a la posibilidad de distinguir historia y literatura (o en los términos de ustedes: historia y nuevos cronistas), es que la cuestión de las historias no pasa por que sean verdaderas o falsas. Tampoco pasa porque refieran a algo que ocurrió o lo inventen. La verdad no pasa por el criterio de distinción entre historia y literatura. Y ahí está el ejemplo de Truman Capote, que da cuenta de todas las herramientas que se ponen en juego, que de ninguna manera lo hace distorsionador.
SC: Pero lo decora.
VT: Claro, el punto es ver que también lo puede terminar estetizando, ver cómo uno lo puede terminar estetizando, y además piensa que es objetivo. Personalmente, a mí me molesta lo de White en torno al evento modernista y la escritura modernista porque en el fondo me parece un poco elitista. Esa escritura me parece elitista y que no es accesible a todos. Es parasitaria de que alguien te cuente la crónica tradicional. Si vos vas a ver una película muy sofisticada sobre el Holocausto y nadie te contó lo que pasó antes, no lo vas a comprender.
SC: Pero podés ver la película Los rubios, por ejemplo, que me parece que rompe con lo del evento modernista.
VT: Es bueno el ejemplo, pero si no leíste el Nunca más, ¿sabés lo que estás viendo? Pienso en un chico que no tiene idea.
SC: Es cierto.
VT: No es que uno está más cerca de la verdad o no, sino que lo pienso desde la función social que puede tener. En ese sentido, el relato tradicional no tiene una función despreciable. No hay que pensar que el único camino válido es el de estas nuevas escrituras.
SC: ¿Y puede haber una demarcación o separación entre historia científica y literatura?
VT: Yo no lo comparto. Pero creo que, por ejemplo, el trabajo de Danto sobre obras de arte y meras representaciones nos puede dar un truco para ver que la obra de arte es conciente de sus recursos. Pero no me parece relevante porque, a la hora de leer un libro sobre un evento, puede ser mucho más renovador una obra literaria que un libro de historia.
SC: ¿Y qué rol juegan los registros y la documentación en la construcción de un texto de historia?
VT: El problema es que la práctica historiográfica no se puede reducir a eso. Pese a que existen algunos dinosaurios, ningún historiador o filósofo de la historia te diría que su práctica se limita a recolectar documentos o registros porque eso lo puede hacer también un bibliotecario o un especialista en archivos. Lo que siempre vas a encontrar en la historia es que nunca hay versiones opuestas, no hay consenso, hay conflicto. No hay una única versión histórica de casi ningún acontecimiento. ¿Y eso cómo se lee? En definitiva, si somos persistentes en torturar los documentos, como decía Bacon con la naturaleza, los documentos te van a ayudar a resolver la controversia interpretativa. En la filosofía de la ciencia, ya nadie lo sostendría eso. Era la vieja tesis de la subdeterminación de la teoría por los datos. Aún cuando existiera la base empírica o la experiencia, hay muchas teorías que pueden dar cuenta de la experiencia. La experiencia no te va a resolver la controversia. Cuando se analiza un texto histórico, ese texto no es el reordenamiento de los documentos. Por eso, uno no puede pensar que las controversias históricas se basan en que alguien haya leído mal los documentos. No es una cuestión documentaria. Y el trabajar con documentos es propio de la práctica de los historiadores, y en la literatura por ahí no es así.
SC: ¿Y cómo se podría trazar la delimitación entre la novela histórica y un texto de historia?
VT: Desde mi posición filosófica, que es pragmatista, lo que hay son comunidades y prácticas. No hay un conjunto de reglas esenciales que definen qué es historia o qué es novela histórica.
SC: Son categorías históricas que pueden llegar a modificarse.
VT: Claro, pero hay que tener en cuenta que cuando se usa el término convención no es una discusión deliberada que termina designando reglas.
SC: Se lo hace en referencia a una comunidad histórica.
VT: Las convenciones podrían ser, en este caso, el lugar que se le da al diálogo con los documentos en uno y otro texto. Creo que la novela histórica y la práctica historiográfica le dan un lugar distinto al diálogo con el documento. No es que el documento sea el portador de la verdad. Ahora, en la construcción discursiva de las dos, todos tenemos los mismos recursos. En referencia a eso, White encuentra a la teoría literaria y todas las formas posibles de tramar los tropos. En definitiva, a la hora de tramar el discurso vas a ser metafórico, motivado metonímicamente, vas a ponderar la ironía o la tragedia (refiere la teoría de los tropos discursivos de Hayden White: metáfora, metonimia, ironía y tragedia). Todo eso va a estar en cualquier discurso y no es negociable. Se pueden discutir ciertas informaciones, pero no se puede discutir si se construye la trama histórica en forma determinista. Eso no se puede discutir desde los hechos. Y eso va a estar en la novela histórica y en la historiografía.
SC: Vos nombraste la forma de tratar el documento. ¿Cómo es eso?
VT: Es que, en el fondo, ¿qué son los documentos? No en todos los casos, pero también son formas discursivas, son elementos que exigen interpretación. No son un ladrillo. El historiador, a diferencia del novelista, trabaja con esos documentos.
SC: Son fuentes.
VT: Sí, son fuentes, pero no la garantía de ser una información pura. Cada vez que se las aborda, hay que volver a interpretarlas. Por otra parte, el novelista histórico no tiene como objetivo explicarte qué fue lo que pasó. A lo mejor el historiador sí se lo propone. Y el historiador lo cumple por las reglas de la práctica. Tiene reglas que responden a convenciones, que aceptan algunos relatos y otros no. ¿Por qué son aceptables unos y otros no lo son? Eso no lo marcan los hechos o el pasado en sí mismo, sino que dependen de las reglas que rigen a esa comunidad.
SC: Creo que tiene que ver con el contrato de lectura. Si uno lee un texto histórico, no lo relaciona con la invención. Algo que sí haces si lees una novela histórica, en la que el lector puede pensar que hay partes del texto que no están basadas en documentos y que tienen más que ver con la invención del autor.
VT: Sí, pero en referencia a ese tema se abren varios interrogantes cuando vos usás la palabra invención, debido a que el término tiene múltiples acepciones. White diría que si bien un libro de historia te puede hablar de Napoleón y una novela histórica te puede contar una trama en la que aparece Napoleón rodeado de personajes ficcionales, las dos construcciones de Napoleón son literarias o, mejor dicho, discursivas. En ningún caso, el libro te estaría hablando del Napoleón real aunque uno sepa, por contrato de lectura, que el novelista puede inventar episodios de la vida de Napoleón y el historiador lo hace en base a documentos. La construcción es discursiva, es tropológica; se va a construir un Napoleón más heroico o más cobarde, y ahí entra la relación entre historia y literatura. Lo que hace Hayden White, que ha sido muchas veces mal leído, es igualar historia y literatura. Muchos, para ser provocativos, se agarran de eso para decir que la historia y la literatura son lo mismo. No es así. White dice algo mucho más fuerte, dice que el instrumento de análisis del discurso histórico es la teoría literaria porque la teoría literaria nos puede hablar de todos los textos, de todo modo discursivo humano. Eso es muy fuerte. No es la lógica de los enunciados, no es la relación de los enunciados con la realidad. Lo que hay son los modos discursivos históricos, compartidos, heredados y aprendidos. No es que es lo mismo historia y literatura. Es una tesis meta histórica. Lo que hay es una teoría literaria que te habla de todos los discursos.

Verónica Tozzi es autora de La historia según la nueva filosofía de la historia, doctora en Filosofía y profesora adjunta de Filosofía de la Historia en la Universidad de Buenos Aires (UBA), además de investigadora del CONICET. El encuentro se realizó el 14 de abril de 2010 en el marco del seminario interno “Crónica de autor” del Taller Anual de Orientación en Periodismo (cátedra Baigorria), carrera de Ciencias de la Comunicación, Universidad de Buenos Aires.

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Una respuesta to “Construir un relato es contar los acontecimientos de una manera que no ocurrieron”

  1. La patria modernista « Blog crónico Says:

    […] la escritura, ¿no estaría opuesta a un cierto realismo o construcción de la realidad? Nosotros leímos un texto de un historiador, Hayden White (El texto histórico como artefacto literario), que toma los recursos del modernismo literario, y […]

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