Monsiváis: La muerte de un preso de conciencia

Una de las últimas columnas de Carlos Monsiváis, fallecido el sábado 19 de junio en México luego de dos meses de internación. Salió en El Universal y la conocimos gracias a este blog. Trata de otro viaje final: el de un albañil y disidente cubano en huelga de hambre dentro de la cárcel donde cumplía una condena de 36 años.

La muerte de un preso de conciencia

El 24 de febrero de 2010 muere, luego de una prolongada huelga de hambre, el preso cubano Orlando Zapata Tamayo. El albañil y plomero negro de 42 años, del pueblo de Banes, pertenecía al grupo de 75 disidentes detenidos en 2003 por “desacato, desorden público y desobediencia”, delitos más propios de un Estado totalitario que del “país más libre del mundo”, como aseguran sus fieles. A los detenidos se les aplicaron penas de hasta 28 años de cárcel, aunque Zapata Tamayo, cuyo agravante era la defensa de los derechos humanos, recibió una condena de hasta 36 años de prisión. Fue excarcelado el 7 de marzo de 2003, y se le detuvo nuevamente el 20 del mismo mes, mientras participaba en un ayuno junto a Martha Beatriz Roque Cabello y cuatro ayunantes más, a favor de Óscar Elías Biscet González y demás presos políticos. Se le enjuició el 18 de mayo de 2004 y fue sentenciado a otros tres años de prisión. Cumplía su condena en la penitenciaría de Guanajay en provincia Habana, hasta que el 15 de enero de 2005 fue trasladado para la prisión Taco-Taco, en la provincia de Pinar del Río. Amnistía Internacional lo adoptó como prisionero de conciencia.

El disidente inició la huelga de hambre al negarse el Gobierno a sus demandas, entre ellas, vestir la ropa blanca de disidente y no el uniforme de recluso común. Además, protestó por las condiciones de vida de los presos políticos y rechazó la comida del penal alimentándose de lo que, cada tres meses, le llevaba a la cárcel su madre. Desde febrero, Zapata Tamayo fue sometido periódicamente a un tratamiento con suero, para la hidratación de su organismo. Él alertó: “Si muero, el Gobierno intentará responsabilizarme”.

Al enterarse de la noticia el presidente Raúl Castro, lamentó la muerte y produjo la explicación más insólita: “Este hecho es el resultado de la relación con Estados Unidos, en la isla no existen torturados, no hubo torturados, no hubo ejecución. Eso sucede en la base (estadounidense) de Guantánamo” (Información de Gerardo Arreola en La Jornada). Según el Gobierno cubano, no hay disidencia en la isla y quienes así se identifican trabajan para el Gobierno de Washington. Según el escritor cubano Antonio José Ponte, Zapata en marzo de 2009 fue sometido a una operación por el coágulo cerebral producido por los golpes de sus carceleros. Hace unos días, 40 presos políticos cubanos le pidieron al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, que visitaría Cuba, su intercesión a favor de Zapata Tamayo.

De acuerdo a Ponte, es creíble la hipótesis de que los Castro Ruz “aceptaron el reto que les tendía un preso… ¿Cuánto pesa un huelguista de hambre muerto cuando se tiene la eterna coartada del bloqueo estadounidense? Las coartadas de libertad e independencia nacional, perfectamente comprobadas por el régimen desde hace medio siglo, han de prestarse ya a tapar este escándalo. Y, una vez más, se le abrirá expediente al asesinado, inventándole alguna misión de inteligencia estadounidense o destino parecido”.

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El cadáver de Zapata se trasladó al pueblo de Banes, en la provincia de Holguín, mientras decenas de opositores eran detenidos en el Este del país para impedir su presencia en el sepelio, informó Elizardo Sánchez, de la ilegal, pero tolerada Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional. El control en la población fue riguroso. La Policía tomó la entrada de Banes y detuvo a todos los vehículos pidiendo documentación. Se devolvía a los carentes de “razón justificada”. El entierro fue como se esperaba, con la Policía que reemplazaba a los deudos, a los que no se dejó llegar. Los agentes de la Seguridad de Estado tomaron Banes, y detuvieron o encerraron en sus hogares a 50 disidentes de Holguín. Pero se impuso una voz, la de su madre, Reina Tamayo, se alzó por encima de la represión: “¡Acabaron con Zapata, acabaron con Zapata! Fue un asesinato premeditado. Lo dejaron 18 días sin tomar agua en Camagüey. El Gobierno totalitario de Fidel Castro es el responsable de la muerte de mi hijo”. (En Público de España, 26 de febrero de 2010).

Doña Reina afirmó en un video difundido por la bloguera Yoani Sánchez que el caso fue “un asesinato premeditado” y pidió al mundo “que exijan la libertad de los demás presos… para que no vuelva a suceder lo que ha sucedido”. Yoani fue detenida brevemente al querer firmar el libro de condolencias instalado en La Habana (El Nacional).

El arzobispo de Santiago, Dionisio García Ibáñez, aseguró en un comunicado: “En varias ocasiones pedí visitar a Zapata sin lograrlo”. De acuerdo con Gerardo Arreola, la opositora Caridad Caballero, residente en Holguín, pasó unas 20 horas detenida sin cargos en el Órgano de Instrucción de Seguridad del Estado. Ella aseguró que habría en ese lugar unos 20 activistas detenidos, igualmente sin acusaciones concretas. Entrevistado por periodistas brasileños, Raúl Castro respondió a las acusaciones de los organismos de derechos humanos sobre el trato a la disidencia: “Esto es porque estos grupos son como la prensa que publica lo que quieren los patrones”. Al inquirir otro reportero por la ausencia de periodistas no brasileños, fue contundente (versión aproximada): “Reconozco que en Cuba no tenemos una libertad de expresión. Pero si Estados Unidos nos dejara en paz, eso podría cambiar”.

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La mayoría de los cubanos ignora la muerte del disidente, ya que “los medios nacionales la han obviado totalmente, [pero] poco a poco, a través de Internet y de las antenas satelitales clandestinas se va esparciendo la información” (Fernando Ravsberg de BBC Mundo). CubaNet, medio en español y Yoani Sánchez (a través de Twitter) aseguran que cuatro presos políticos, y el periodista Guillermo Coco Fariñas, han iniciado sus propias huelgas de hambre. “Quiero que la opinión pública mundial y el pueblo de Cuba comprendan que la muerte de Zapata Tamayo no fue un hecho aislado, un error o una casualidad, que Orlando fue asesinado por el Gobierno cubano”, dijo Fariñas a CubaNet, que habló con el periodista el 25 de febrero. En 2006, Fariñas se lanzó a una huelga de hambre de siete meses que casi le causó la muerte para reclamar para los cubanos el acceso libre a Internet.

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El bloqueo de Estados Unidos a Cuba ha sido una infamia y un crimen condenados por casi todos los países; también, es más que dudosa la autoridad moral en materia de derechos humanos de un buen número de gobiernos que critican al régimen de Castro. Esto, sin embargo, no disminuye la gravedad de los hechos: un preso de conciencia muerto en condiciones de oprobio carcelario; la persistencia de la represión a la disidencia; el aislamiento policíaco de un entierro; el cerco informativo dentro de Cuba; la actitud desdeñosa de las autoridades cubanas ante la crítica. Orlando Zapata Tamayo no es ni debe ser un caso más en una larga historia de aplastamiento de la protesta.

Carlos Monsiváis

Publicado en El Universal, 28 de febrero de 2010

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