Frontera norte

Ciudad Juárez: un laboratorio donde grandes capitales ponen a prueba los límites del terror y la reconfiguración del poder estatal. Más de 6.000 ejecuciones en los últimos dos años -la mayoría de jóvenes y pobres- la convirtieron en la ciudad más violenta del mundo, con 191 asesinatos por cada 100.000 habitantes. De trescientos mil a medio millón de residentes han escapado, o sea casi el 40 por ciento de la población original. Y la pregunta es quiénes serán los futuros usufructuarios del espacio urbano abandonado. Un texto fronterizo -entre ensayo y reportaje- de Juan Carlos Martínez Prado revisa este experimento brutal sobre una región entera en FronteraD y afirma que
“En Juárez son pocas las casas que existen sin óxido en las tuberías del baño. Casi todos los techos guardan pinceladas de canículas pretéritas y las paredes no ocultan la traza de ventarrones cortantes. Los patios, sin césped ni flores, siempre están revueltos y una dura capa de grasa y polvo cubre ventanales y asadores. La arquitectura de la ciudad es arborescente y el estilo de sus construcciones es signo de una ocupación procedente de lugares remotos. En los últimos años, detrás del nuevo edificio del Consulado americano, considerado, en su tipo, como el más grande y hermético del mundo, han proliferado un puñado de urbanizaciones privadas. Producto del actual clima de inseguridad generalizada, viejos y nuevos ricos juarenses, aquellos que aún no han escapado a El Paso y otros lugares, han encontrado tras rejas automatizadas y sofisticados equipos de vigilancia, la forma más segura de resguardar sus personas y sus bienes.

La alcaldía descubrió que por debajo de la ciudad corre una decrépita red de drenaje que está a punto de colapsarse. Si no se hace a tiempo una cirugía drástica que renueve sus entrañas entonces los juarenses seguirán al borde de ser tragados literalmente por la tierra. Una franja roja descolorida, pintada en medio del pavimento de las principales calles de la ciudad, recuerda la amenaza.

Si alguien pretendiera definir con cierto rigor esta frontera, diría que Ciudad Juárez es una enorme franja de desierto huérfano en busca de identidad, donde sus pobladores, al no pertenecer a ninguno de los lados entre los que han quedado atrapados, se enfrentan a la disyuntiva de crear su propio modelo o acatar otros que, de algún modo, los apresan.

Cualquiera que llegue por primera vez a esta frontera respirará una atmosfera de insondable vacío.

En estos rincones hay mujeres indóciles, pero también hay otras que van a la cama siempre y cuando el colchón esté repleto de dólares. Tierra de irrefrenables rupturas, Ciudad Juárez seguirá siendo, sin embargo, lugar gozoso, impensable, fuera de cualquier recorrido”.

El artículo completo se lee con un click acá.

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