El Indio Social en asamblea

Un nuevo blog incursiona en la vida político-social de la Facultad de Ciencias -precisamente- Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Con epígrafes tomados de Lucio V. Mansilla,  Una excursión a los indios Sociales (subítulo: Un burgués en Parque Centenario) postea impresiones, comentarios, aguafuertes, ficciones y exageraciones de esa “comunidad académica” célebre por su movilización e inmovilidad constantes. En la entrada aquí recomendada van algunas postales de lo que puede llegar a decirse (y lo que no) en una asamblea:

Ídolo

La abnegación generosa de estos jóvenes misioneros, su paciente conformidad en los peligros, su carácter afable, su porte siempre comedido, sus mismas simpáticas fisonomías, todo, todo lo que construye la persona física y moral, inspiraba hacia ellos una fuerte adhesión.

L.V.M

Querido diario,

– …y ahora a las nueve, nos juntamos, estamos reclamando porque nos quieren desalojar del estacionamiento del bar de Marcelo T. Bueno, alguno tiene una pregunta, un comentario, alguna duda…no sé, ¿opinan algo?

El deber del indio Social es quedarse callado. Una mano levantada en ese instante habilita al trotskista interrumpidor de cursada a plantar bandera y permanecer en el aula por tiempo indeterminado. Mientras la chica y el chico de una de las izquierdas revolucionarias se daban vuelta y saludaban al profesor (el profesor y el trotskista entablan, a lo largo del tiempo, una relación), un murmullo vino del fondo:

– Acá…yo…eh, compañera….

La re puta madre, pensé (yo pienso puteando más de lo que puteo, en verdad). En el 2005 me había aprendido seis clases de discursos de izquierda universitaria distintos. Los ensayábamos con Quique en el bar del segundo y hasta habíamos sido almas de algunas fiestas, simulando trotskismo ante novios rugbiers de bellas señoritas. Así que ocho y media de la noche de un viernes, no estaba para escuchar algo que, si me esforzaba, podía recitar de memoria. La opinión del forro del fondo me tenía sin cuidado. No acostumbro a irme antes de las clases, salvo por razones laborales. Irme porque sí me parece un rasgo de adolescencia del indio Social que he intentado combatir… bueno, que no he intentado combatir pero del que me he mofado hasta las lágrimas. Pero el debate se suponía que podía durar media hora, así que fui guardando las cosas en mi mochila (que, orgullosamente, tiene un gran signo de Nike. Nike es, para los indios Sociales, la kriptonita de los morrales de tela). Estaba por levantarme cuando escuché al forro del fondo:

– Compañera, acá, acá…una cosa…

– Sí, compañero….

El murmullo todavía no dejaba escuchar al forro del fondo.

– No…quería decir que a mí el bar de Marcelo T. me parece espantoso.

Me senté. Yo lo había escuchado, pero otros Sociales no. La compañera trotskista tampoco.

– ¿Cómo compañero?

– Que es horrible. La extensión del bar de Marcelo T. en el estacionamiento es espantoso.

Ahí sí lo escucharon todos. Entre algunas risas cómplices, se escuchó la voz de la chica de la agrupación:

– Está bien, compañero, pero esa no es la discusión, acá la dirección de la carrera nos quiere echar para utilizar comercialmente el estacionamiento…

– No, pero vos preguntaste si teníamos opiniones, y mi opinión es esa: que el bar en el estacionamiento es horrible. Y tiene que ver mucho, muchísimo, con tu reclamo. No me podés pedir que yo te acompañe a una lucha por una cosa que es fea. No estoy hablando de si es legítimo o no, te estoy hablando de lo feo que es ir a tomar una cerveza en un estacionamiento al aire libre. Me da el sol en la cara en verano y me congelo en invierno. Sillas de aulas pusieron…¡de aula!, yo no puedo tomar una cerveza en un pupitre que, además, está torcido. Se me cae el vaso. La horizontalidad, compañera, es un requisito de las mesas, es, casi, su raison d’être

Cuando pronunció raison d’être en un perfecto francés, tuve ganas de levantarme a aplaudir. Pero me interrumpió la compañera trotskista.

– Bueno, compañero, esas son cosas que podés venir a charlar a nuestra mesa ahí en…

– No, lo quiero charlar ahora, porque vos abriste la discusión. Y porque no tiene sentido lo que me planteás. ¿No le pueden poner plantas, una mediasombra, mesas de verdad?, ¿cuánto es el presupuesto del bar?

– Si querés podés venir los jueves a las…

– No, no puedo los jueves, puedo ahora. Y ahora cambié de opinión. Ese bar no es feo, ni es lindo: no es un bar. No tiene nada que se le parezca a un bar. Es un supermercado chino que me deja tomar cerveza en su patio, tiene las mismas comodidades. Te pido que no me mientas: venime a convencer de que defienda tu pedazo de asfalto inhóspito, pero no me vendas un bar que no tenés.

– Bueno si queremos justificar el accionar de las camarillas que quieren explotar el estacionamiento…

– Pero claro que quiero justificar eso. Eso y cualquier otra cosa que pretendan hacer las camarillas con ese lugar. ¿Ves mucha gente movilizada por basurales? No, porque lo único que la gente quiere de los basurales es no tenerlos cerca. Como ese basural que ustedes venden como bar. Antes que ese lugar tan feo prefiero que estacionen autos, por lo menos genera un ingreso, y cumple su razón de ser: un cacho de asfalto sin nada es más reivindicable como estacionamiento que como bar. Si querés que te acompañe pedí el control del estacionamiento o transformalo de verdad en un bar, ponele sillas de persona adulta, por ejemplo.

– Está bien, compañero, me parece que son cosas que no se pueden discutir acá, le estamos quitando tiempo al profesor que tiene que seguir con su clase…

El tipo sonrió y pidió disculpas. Me lo quedé mirando los quince minutos que quedaron de clase. Quería hacerle saber que estaba con él, que éramos hermanos en un sentimiento. Rogué para que pasaran lista y el tipo escribiera su mail, para poder robárselo -como hacen algunos indios Sociales, generalmente, con los mails de otras indias Sociales -y mandarle un mensaje, más que de apoyo, de agradecimiento. Pero no.

Tiempo después volví a verlo, parado, esperando para entrar a cursar. Quería ir a saludarlo, recordarle ese momento inspirador, esa inyección de ánimo que sucede a veces, en la vida, y que nos motiva a seguir. Seguir porque sabemos que hay otros.

Pero decidí que no.

Decidí que a los ídolos hay que mantenerlos en el pedestal.

9 de setiembre de 2010

(Para leer la entrada in situ, con una larga lista de comentarios en contra y a favor, click acá.)

Anuncios

Etiquetas:

2 comentarios to “El Indio Social en asamblea”

  1. facusoc Says:

    Grazzie.

  2. blogcronico Says:

    Volontieri. Grazie a te.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: