Con las maras en una cárcel de Guatemala

¿Qué hace un pandillero cuando el chico de 13 años que quiere seguir sus pasos es su propio hijo? se pregunta Roberto Valencia dentro de una cárcel-granja-modelo donde se ejecutaron las únicas tres sentencias a muerte por inyección en América Latina. Hay otras muertes: el reportaje publicado en la revista Pie Izquierdo bajo el título “Jonathan no tiene tatuajes” cuenta la historia de vida (es un decir) de Neck, un mara que a los veinte empezó a cumplir una condena de 36 años en “la prisión donde mandan los presos”, su esposa Brigitte y su hijo Jonathan. Dice:

“En los tres días que pude ingresar, además de que me intentaron vender un mapache, presencié consumo de marihuana y crack, me invitaron a tomar chicha y comprobé que disponer de un teléfono celular es tan sencillo como tener un cepillo de dientes.

“Desde adentro comienzan los sueltalaijoeputa, los dejenlapasar. Parece como si se organizara un linchamiento. El detonante resulta ser Brigitte, que ahora grita con lágrimas en los ojos, sin saber contra quién descargar su furia. Hace unos minutos, cuando bajaba del taxi que la trajo, vio que se llevaban detenida a su hermana menor porque en el registro le habían hallado unas botellas de alcohol. Iracunda, se abalanzó como una leona sobre la agente que la escoltaba y le lanzó un manotazo en el rostro. Tuvieron que detenerla entre tres custodios. Por ese arrebato luego no querían dejarla entrar.

“Carga unas libras de más, pero las mueve con sensualidad, como una buena bailarina de samba; tiene 28 años y la redondez aún le sienta bien. Ahora viste jeans y unas botas altas con tres dedos de tacón. Va escotada, una o dos tallas menos en el brasier, para que se vea bien su nombre tatuado en su pecho. Para Neck, Brigitte es la mujer más bonita del mundo. Hoy ha venido sola, sin Jonathan.

“Huele a carne frita, suena a carne friéndose. Brigitte cocina en el pasillo. Lo hace sobre una resistencia eléctrica incrustada en medio bloque de concreto. Neck continúa hablando, sentado y con los brazos cruzados, en este cuarto del Módulo que hace las veces de vestíbulo. Ya me ha convencido con creces de que los delitos por los que está condenado son una fracción mínima de todo lo que ha hecho en su vida.

—Por decírtelo así, no te pueden comprobar nada, ¿mentendés? ¿Cómo te lo van a comprobar si no te han encontrado en el hecho?

De la nada aparece Mish. Se apoya en el vano y se dirige a Neck.

Llecuneva hocunoras encerracunado, ¿no puecuneden sacunacar a Cocunoco un racunato?

—No, no… No. Ahí que se quede, carnal.

El vato ahí que se quede, mucha plancha ya. Mish no insiste. Da media vuelta y desaparece rumbo hacia las celdas. Ante mi gesto de desconcierto, Neck explica que con esas palabrejas le ha pedido que dejen libre un rato a Coco, uno de los internos del Módulo al que los demás han encerrado bajo llave. Los pandilleros operan aquí adentro igual que afuera, con rígidas normas de disciplina interna.

“Los internos lo conocen como el Módulo de Aislados o  implemente el Módulo. Se trata de la estructura que el Gobierno de Guatemala construyó en 1997 para aplicar la inyección letal. Además del cuarto cuadrado de tres por tres con la única camilla para inyecciones letales de América Latina, se construyeron una serie de salas adicionales: una amplia y acristalada para presenciar la ejecución; otra para que el reo pasara sus últimas horas; otra más como confesionario; otra chiquita para el verdugo… Y como si se avergonzaran, lo edificaron alejado de todo, en una esquina de Pavón, y lo rodearon con un muro gris de siete metros de altura. A inicios de 2008, alguien tuvo la idea de convertirlo en el lugar de confinamiento para presos problemáticos.

“El odio a muerte entre las pandillas Barrio 18 y Mara Salvatrucha (MS- 13) suena eterno, pero comenzó a inicios de los noventa. Ambas maras son originarias de la zona sur del condado de Los Ángeles y desde allí se expandieron a Centroamérica y México, ambas llevan con orgullo el número 13 que las identifica como sureñas, y ambas rinden tributo a la Mafia Mexicana.

En esa guerra fratricida ha habido treguas, como las que todavía mantienen en las cárceles estadounidenses. Pero Centroamérica es otra onda. El 15 de agosto de 2005 la Mara Salvatrucha extendió su guerra con el Barrio 18 a los únicos lugares de Centroamérica donde aún se mantenía el pacto de no agresión: los  centros penales de Guatemala. Se rompió la tregua y Neck lo vivió en carne propia en una cárcel llamada El Infiernito.

—Ese día sólo los locos del Barrio fuimos los paganos, ¿mentendés? A plena luz del día se le acercaron dos y con un cuchillo hechizo le abrieron el cuello y la cabeza una y otra y otra vez.

Para leer el reportaje completo, click acá.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: