La filtración al poder (3er. round)

A Julian Assange se le otorgó la libertad contra el pago de una fianza de más de 200 mil libras a abonar en efectivo (dado que por ahí los cheques tardarían siete días en acreditarse) para salir de la cárcel portando un brazalete electrónico, a un domicilio controlado por la policia y sin pasaporte. Por lo tanto, el fundador de Wikileaks -que a principios de diciembre declaró a The Guardian que ficheros codificados de cables diplomáticos secretos serían enviados automáticamente a cientos de miles de personas si se llegara a atentar contra su vida- tendrá que quedarse in the UK hasta que un tribunal considere su apelación. Una nota de Ximena Schinca y Luis López en Página/12 analiza la función del informante encubierto e inscribe la operación del “gateleaker” Assange en un hilo subterráneo de “anticristos” punk:

“Wikileaks podría convertirse en la institucionalización mediática y disgregada de ese actor tan bastardeado como utilizado por profesionales y analistas de la información; encarnación virtual del filtrador, materialización digital del informante encubierto. Entonces, podría entenderse la indignación (real o impostada) de actores políticos ante la divulgación masiva de estos cables secretos. Lanzados al ciberespacio, estos informes afectan y operan en la realidad, esparciendo opiniones, supuestos y certezas monopolizados hasta ahora como armas de poder y ventajas estratégicas en el ajedrez político e informativo internacional. Todo poder alberga sus fugas. Desde su nombre, Wikileaks asume fugas y filtraciones –dos posibles traducciones del vocablo leaks– como motor de sus acciones que se despliegan trasgrediendo al viejo orden de la información, construyendo un complot contra el complot”.

“En Hollywood, un productor cinematográfico incinera un guión que acaba de ser superado por su prima hermana: “la realidad”. Alrededor del globo, Estados, empresarios y periodistas se preguntan dónde termina lo que este hombre ha desencadenado. Y gritan y sueñan con el arresto de la información y de algún cuerpo. Mientras tanto, en algún lugar del planeta, Assange reproduce –Ipod mediante– su última descarga ilegal de música. Sentado con su laptop, sonriendo, mordaz: canta a dueto con Johnny Rotten. Que es el anticristo, que es un anarquista, que no sabe lo que quiere pero sabe cómo conseguirlo.”

Se lee entera por acá.

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