El deseo de vivienda en Buenos Aires

Las ocupaciones de terrenos públicos o privados en Buenos Aires y cercanías pusieron de manifiesto el problema del valor inflacionario de la tierra, nos recuerda la investigadora Shila Vilker, quien estudió entre otros casos la formación y desplazamiento de grupos de extrema pobreza tras el incendio de Villa Cartón hace dos años: los ocupantes “son personas que ni siquiera pueden pagar el alquiler en uno de los lugares más despojados para ir a vivir. No pueden ni afrontar una vida en la villa, donde se manejan valores de 800, 1000 pesos por una casilla precaria”, afirma Vilker en esta entrevista de Soledad Vallejos en Página 12, cuyos párrafos más destacados dicen:

“Las personas que están en situación de vulnerabilidad tienen una fuerte relación con las instituciones del welfare, del desarrollo social, y a la vez tienen una relación muy particular con el deseo por la vivienda. Lamborghini hablaba de “solicitantes descolocados”(1), y son precisamente eso. Que solicitan está claro, y se podría decir que son descolocados porque no encuentran lugar. Esta situación de ir a pedir, que es hacer valer un derecho, implica atravesar situaciones en que son despreciados, maltratados, tal vez no en todos los casos, pero sí en muchos. Y por otro lado, está también claramente la potestad del Estado para hacer esperar: en todo momento surgen cuestiones como “hoy se cayó el sistema, venga mañana”, “se reprogramaron los pagos para otro día”, “falta una gestión más”, “siéntese y espere”, “vaya y lo llamamos”, o “vaya y espere hasta que estén los listados”. Quiero decir: hay una dimensión de la espera que es articuladora de la vida de estas personas.

–En esa espera se incluyen los subsidios habitacionales.

“Sí, muchas veces otros subsidios salen antes que la vivienda, que prácticamente no sale, o que tiene bajísimos niveles de ejecución. Todo esto, de todas maneras, hay que ponerlo en un marco más amplio, que es el de la crisis habitacional vinculada con los sectores menos favorecidos. No es algo que se pueda resolver de hoy para mañana; no es algo que afecte sólo a la Ciudad.

“Desde una perspectiva, la decisión de llegar a estos asentamientos es lógica y racional: ser pobre en Ciudad es mejor que ser pobre en la provincia. Hay servicios y accesibilidad a los lugares donde está la plata y hay trabajo… Mientras hacíamos la etnografía, el valor del subsidio habitacional había pasado de 400 a 750 pesos. Si estás en emergencia habitacional, como el Estado no puede proveerte vivienda, lo que hace es darte un subsidio por tres o seis meses. En algunos casos, algunos actores presentan amparos con apoyo de la Defensoría del Pueblo y logran la renovación del subsidio. Ahora, fue interesante cómo cuando pasó de 400 a 750 pesos, se dispararon los precios de las viviendas. De alguna manera, es el mismo monto que se pone desde las instituciones de asistencia lo que fija el precio de la vivienda. En hoteles y villas, el precio siempre está un poco por arriba del subsidio. Cuando era 400, una pieza valía entre 500 y 650. Cuando se fijó en 750, llegó a costar entre 800 y 1000.

“En el caso de Villa Cartón, los primeros llegaron a principios, mediados de los ’90. Primero fue una familia grande; después otros cinco; durante muchos años fueron quince. La Villa, en lo demográfico, explota después de 2001. Es como el efecto cartoneril: los que se instalan masivamente, cartoneaban. Muchos tenían vivienda en provincia de Buenos Aires, pero volvían solamente el fin de semana. Se quedaban en la Villa para poder cartonear. Por otra parte, a estos lugares, por ejemplo el bajo autopista donde estaba Villa Cartón, nadie llega porque sí: compran la parcela. El que llega primero, de alguna manera, administra, regentea. No hay lugares gratuitos. Hablamos antes de la inflación del valor de la vivienda, de la tierra, pero también es cierto que la especulación no es sólo una prerrogativa de los grandes capitalistas. La especulación y el lucro son también atributos de los sectores menos favorecidos. Pero claro, el hecho de que uno pueda plantear eso sobre ciertos sectores no quiere decir que el Estado no tenga que intervenir para resguardar derechos. El derecho a la vivienda es un derecho superior, elemental y básico. Si lo tenés vulnerado, accedés a una serie de acciones para paliarlo. Comprar terreno de forma ilegal, tomar un parque son algunas, pero hacer eso no es un derecho. Por resguardar un derecho superior, se genera una violación.

–Pero no es una opción en realidad.

“No, quien hace eso no tiene opción. Mínimamente eso habría que comprenderlo, pero en estos días se han visto y escuchado otras cosas. Tal vez haya que volver a pensar acerca de los muros, como aquel que había generado conflicto en San Isidro o el que generaba malestar en Soldati y Lugano hace sólo unas semanas. La villa todavía no existe, pero ya está la segregación. Los muros los tenemos en la cabeza: anteceden a Soldati, la toma y el cerco policial. Muchos de los antiguos habitantes de Villa Cartón, por ejemplo, contaban cómo eran amenazados y cómo les disparaban los vecinos establecidos en las viviendas sociales, en los monoblocks. Ahí hay un problema de segregación y valoración del prójimo tan profundo que resolver la situación de Soldati no cambia: se trata de una dimensión de la cultura. Por otro lado, también se puso en evidencia que el Estado democrático debería preguntarse cómo es posible intervenir sin generar víctimas. ¿Cómo se generan fuerzas de seguridad democráticas?”

(1) Vilker refiere al poema “El solicitante descolocado” de Leónidas Lamborghini, que puede ser leído con un click acá.

La entrevista de Página/12 completa, por aquí.

Anuncios

Una respuesta to “El deseo de vivienda en Buenos Aires”

  1. MARIO BURGOS Says:

    Creo que la pregunta de cierre tuvo su primera respuesta en la decisón de la ministra de Seguridad Nilda Garré quien “dispuso que los agentes de la Federal no podrán llevar armas de fuego de ningún tipo en operativos de disuasión de protestas callejeras, incluyendo las que disparan balas de goma y las lanzagases (fuente TN) Me preocupa que se hable de segregación como fenómeno social de pobres cuando las agresiones que se desplegaron antes contra los ocupantes del Indoamericano y después contra los del club Albariños no suman ni cien personas en barrios que superan los cien mil. En mi experiencia parece obra, más de grupos organizados que de expoonentes de algún sector de los pobres. No creo que esta segregaciòn esté probada, aunque sí creo que está probada la xenofobia de Macri y los medios y que son estos los que se benefician de mostrar pobres discriminadores, ya que su objetivo es una ciudad de negocios inmobiliarios, para quienes puedan pagar a valor dólar y compartirla con los turistas. Que los laburantes viajes desde el primero, segundo o tercer cordón los tiene sin cuidado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: