Brasil: una mirada crítica sobre los “desastres naturales”

Escrito pocos meses antes de producirse “o maior desastre natural da história” en Brasil, este texto de Wilson Enríquez llama la atención sobre la ausencia o fracaso de políticas agrarias, ambientales y de concentración urbana que genera beneficios para capitalistas y burócratas y arruina la vida de muchos (en Río de Janeiro, más de 600 muertos en los últimos días). En sus párrafos centrales dice: “no es casualidad que las favelas siempre estén ubicadas en las zonas más vulnerables de las ciudades, ya sea en laderas de altas pendientes, en áreas de suelos inestables, tengan deficientes servicios de saneamiento básico y de agua potable…

“Los recientes hechos ocurridos en Rio de Janeiro, y con mayor rigor en Niterói (refiere a las lluvias y aludes de abril de 2010*), son una clara muestra de esta situación, a la que se suman eventos naturales ocurridos pocos meses antes en otras ciudades latinoamericanas… las zonas de Usme, Chapinero o San Cristóbal en Bogotá; Huanu Huanuni en La Paz; Collique en Lima; Catuche y San Bernardino en Caracas; Iztapalapa, Iztacalco, Álvaro Obregón y Tlalpan en México D.F., así como diferentes zonas de Santiago de Chile y Concepción destruidas por un sismo que casi llega a los 9 grados en la escala de Richter; hechos que suman miles de muertes, un número superior de heridos y cuantiosas pérdidas materiales en detrimento de las alicaídas economías de las familias más pobres de estas ciudades.

“Las favelas habitadas en las urbes latinoamericanas, pese a sus formas fuertemente inclinadas o sus suelos inestables, han sido urbanizadas al punto de haberse convertido en moles de cemento; puede observarse en cada una de las principales ciudades latinoamericanas una impresionante densidad demográfica, así como una fila de viviendas en las que existe un déficit de espacios públicos; las pocas áreas verdes existentes aún siguen retrayéndose frente a la necesidad creciente de espacios para ser habitados.

“Pueden evidenciarse procesos de deforestación, pérdida de capacidad de infiltración y retención del agua en los suelos, procesos erosivos, contaminación de las aguas superficiales y subterráneas por desechos domésticos e industriales, así como una larga lista de otros factores que genera una permanente situación de vulnerabilidad frente a los “desastres naturales”

“En cuanto a los residuos del alcantarillado sanitario — cuando existe — , claramente se observa que muchos de estos no son tratados o son arrojados a los ríos más cercanos. Esta situación propicia que estas aguas residuales se infiltren en los suelos, cosa que los ha tornado más inestables aún, pues el remojo de los suelos hace peligrar las viviendas asentadas en favelas; por ello, en las épocas de lluvias, muchas de estas viviendas son arrastradas o enterradas por aludes.

“De igual manera, también suelen ser recurrentes, después de los “desastres naturales”, los reproches a los pobladores pobres de las zonas afectadas por haberse instalado en estas zonas vulnerables, como si el asentamiento humano no respondiera a condiciones estructurales, sino a la sola voluntad de estos pobladores; como frecuentemente se culpa a los pobladores de Iztapalapa en México o de la zona de Tijuca en Rio de Janeiro.

“También se aparejan promesas de reubicación, para lo cual suele hacerse un conjunto de expropiaciones, pues algunos desastres que afectaron a conjuntos de viviendas autoconstruidas han sido aprovechados por las autoridades estatales para hacer intervenciones no estructurales ni integrales en estas zonas, prohibiendo el reasentamiento en el lugar del desastre, edificándose parques, carreteras o convirtiéndolos en espacios públicos lo que les permite desalojar definitivamente a las familias pobres asentadas en esos lugares; pese a la insistente demanda de algunos damnificados para que les ayuden a construir sus viviendas en el mismo lugar.

“Las reubicaciones — cuando se hacen — suelen hacerse en lugares tan periféricos que prácticamente son verdaderas expulsiones de los pobladores damnificados de las ciudades, disminuyendo las posibilidades de obtención de empleos u obligándolos a elevar sus presupuestos de transporte para acudir a sus puestos de trabajo; en otros casos, en cada una de las ciudades latinoamericanas citadas, ha sido frecuente la instalación de los damnificados en carpas precarias o refugios “provisionales”, que terminan siendo la “nueva vivienda” durante muchos años; situación que muchas veces suele ser desconocida, dado que el periodismo empresarial que practican muchos medios de comunicación en los países latinoamericanos sólo revolotea la tragedia cuando es noticia fresca y fácilmente de ser vendida en el mercado.”

Para leer el artículo completo en español, ilustrado con fotos de viviendas que apenas se sostienen en las laderas de los morros, click aquí.

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* En abril de 2010 murieron en Brasil al menos 251 personas, 30 desaparecieron y 106 resultaron heridas por lluvias que causaron deslizamientos de tierra y 300 derrumbes en los cerros de Río de Janeiro y en municipios cercanos. En Niteroi, vecina de Río, se confirmaron 164 muertes por aludes y en Río de Janeiro las víctimas mortales fueron 65. Tres meses antes, en enero, casi 200 personas habían muerto por las mismas causas en los estados de San Pablo, Minas Gerais y Río de Janeiro.

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