Si esta cárcel sigue así, todo preso es político

El caso de torturas a presos en un penal de la provincia argentina de Mendoza, seguido con pasión y precisión por Horacio Cecchi en Página/12, presenta un nuevo agravante al revelarse que uno de los jóvenes torturados estaba en la cárcel por posesión de siete plantines de marihuana y que el otro ni siquiera tenía condena. ”Como un perro que se muerde el rabo, Mendoza empieza a descubrir que los relatos de los sobrevivientes de los centros clandestinos en los juicios por delitos de lesa humanidad hablan de lo mismo que ahora relatan dos torturados `comunes´ en una cárcel inaugurada como modelo de modernidad. Y más que hablar de lo mismo, descubren que son una continuidad” escribe Cecchi. Otros párrafos destacados de la serie de notas sobre el caso dicen:

“Además de que su imagen dio la vuelta al mundo mientras un grupo de penitenciarios lo torturaba contra una pared, de rodillas, esposado y de espaldas, William Vargas González se transformó en una fotografía de los resultados de la guerra santa contra la droga, perejiles y consumidores. Detenido y acusado por tenencia y comercialización de drogas, que jamás le pudieron probar, pero con pesadas condenas a futuro como si se tratara de un narcotraficante, llegó al juicio abreviado donde logró demostrar que los siete plantines de marihuana que le encontraron no estaban destinados a la venta. Inocente para la Corte Suprema pero culpable para la ley, fue condenado a tres años no por fumar ni por vender ni regalar marihuana, sino sólo por tenerla. La llaman tenencia simple, pero es la más complicada. Como morocho pobre, William conoció la tortura en su resocialización carcelaria, luego de ser condenado por tenencia para nada.

“Basta con saber que le correspondía la libertad condicional en 2010, pero un juez se la había rechazado porque tenía un informe de mala conducta realizado por los penitenciarios, con un encierro de 15 días en buzones. Ahora se vino a descubrir que los 15 días se los aplicaron para encerrarlo y que de ese modo la familia no lo viera lleno de marcas y moretones. ¿Por qué fue golpeado? Por protestar que un guardia le había pisoteado los anteojos de su madre que los había olvidado en una visita.

“Un día que pedí que me sacaran la muela y me llevó la requisa a los golpes y me pegaron enfrente de los médicos. Uno flaco alto, 1,80 aproximadamente, de pelo claro, joven, 33 años aproximadamente, sin bigote, barba ni lentes.” El preso Walter Fabián Correa explicó que en esa ocasión le pegaron arrodillado en la espalda, tal como se ve en el video cuando torturan a su compañero. Aseguró que lo atendieron, pero no le sacaron la muela. “Me dieron una pastilla. De ahí me llevaron de nuevo al módulo pegándome, me pegaron en la boca y sangraba.” ¿Por qué no presentó hábeas corpus? Porque vio que cuando sus compañeros los hacían y los entregaban a los penitenciarios, “los rompían delante de ellos”.

El seguimiento del caso de torturas puede leerse por aquí y el video grabado con teléfono celular por un guardiacárcel puede verse en la nota “Imagen del horror penitenciario”

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