Mme. Shocklender

Versión con título y puntuación original del poema publicado en la revista Xul nro. 2 (1981) y luego incluido como  “Mme. S.” en Alambres, en torno al caso que sacudió las noticias político-policiales de Argentina hace treinta años: como hoy.  Por Néstor Perlongher:

Ataviada de pencas, de gladíolos: cómo fustigas, madre, esas escenas

de oseznos acaramelados, esas mieles amargas como blandes

el plumero de espuma: y las arañas: cómo

espantas con tu ácido bretel el fijo bruto: fija, remacha y muele:

muletillas de madre parapléxica: pelvis acochambrado, bombachones

de esmirna: es esa madre la que en el espejo se insinúa ofreciendo

las galas de una noche de esmirna y bacarat: fija y demarca: muda

la madre que se ofrece mudándose en amante al plumereo, despiole y despilfarro: ese

desplume

de la madre que corre las gasas de los vasos de whisky en la mesa

ratona: madre y corre: cercena y garabato: y gorgotea:

pende del

cuello de la madre una ajorca de sangre, sangre púbica, de plomos

y pillastres: sangre pesada por esas facturas y esas cremas que

comimos de más en la mesita de luz en la penumbra de nuestras

muelles bodas: ese borlazgo: si tomabas mis bolas como frutas de un

elixir enhiesto y denodado: pendorchos de un glacé que te endulzaba:

pero era demasiado matarte, dulcemente: haciéndome comer de esos

pelillos tiesos que tiernos se agazapan en el enroque altivo de mis

muslos, y que se encaracolan cuando lames con tu boca de madre las

cavernas del orto, del ocaso: las cuevas;

y yo, te penetraba?

pude acaso pararme como un macho ebrio de goznes, de tequilas mustio,

informe, almibararme, penetrar tus blonduras de madre que se ofrece,

como un altar, al hijo – menor y amanerado? adoptar tus alambres de

abanico, tus joyas que al descuido dejabas tintinear sobre la mesa.

entre los vasos de ginebra, indecorosamente pringados de ese rouge

arcaico de tus labias?

cual lobezno lascivo, pude, alzarme,

tras tus enaguas, y lamer tus senos, como tú me lamías los pezones

y dejabas babeante en las tetillas – que parecían titilar –

el ronroneo

de tu saliva rumorosa? el bretel de tus dientes?

pude madre?

como un galán en ruinas que sorprende a su novia entre

las toscas braguetas de los estibadores, en los muelles, cuando

laxa desova, en los botones, la perfidia a él guardada? ese lugar

secreto y púbico? cómo entonces tomé esa agarradera, esos tapires

incrustados con mangos de magnolia, aterciopeladamente sospechosos

y sosteniendo con mi mismo miembro la espuma escancorosa de tu sexo,

descargar en tu testa? Sonreías borlada entre las gotas de semen de

los estibadores que en el muelle te tomaban de atrás y muellemente:

te agarré: qué creías?

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