Puyehue: donde hubo fuego

“Cenizas quedan” fue el título que quiso Pola Oloixarac para su crónica en la revista Viva, titulada al fin “Cenizas en el paraíso”, en torno a la primera erupción del volcán Puyehue y la posterior lluvia mineral sobre Bariloche. Cronista presencial, Pola tomó fotos y escribió un texto que tituló en su blog “Bajo el volcán” como la novela de Malcolm Lowry y que en párrafos destacados dice:

La tormenta de ceniza crepitaba; mientras convencía a las buenas personas de la hostería de mi delicadísimo sistema respiratorio, mi mente examinaba qué atuendos pondría en el bolso si debutaba esa noche en la categoría évacuée. Después llegaron los truenos; sin relámpagos visibles, como gritos guturales de la tierra. Al llegar al Nahuel Huapi vimos cómo la ceniza volcánica formaba islotes sobre el agua, como escamas flotantes. Una liebre se detuvo en seco, desorientada bajo la lluvia extraña. En la tele hablaban de alertas numeradas; ajena a la flaqueza humana, mi gata Gmail protestaba para que la dejara salir a inspeccionar.

En el centro de Bariloche se trabaja un look Michael Jackson, con barbijos y sombrero de ala; la ceniza no es tóxica pero irrita. Es conductiva, por eso hay bajones de tensión; la usan para construcción (¿y acaso para máscaras faciales?), y en internet hay ofertas de exclusiva ceniza barilochense. Los locales no pierden el humor; cuando le piden un café en Rapanui (uno de los bares más lindos de Bariloche), Martín contesta: “¿Se lo traigo con o sin arena?”

A veces, la tiniebla avanza blanca y espesa desde el agua, como si un fantasma del lago devorase la ciudad. Hay algo mágico de los volcanes: son el único conducto que comunica nuestro mundo con las profundidades de la Tierra. Las consecuencias pueden ser terribles o maravillosas: cuando hizo erupción el volcán Tambora, los crepúsculos espectaculares inspiraron la pintura del maestro inglés Turner; fue ese volcán el que obligó a Lord Byron y sus amigos a quedarse en casa, y en esos días Mary Shelley, de 18 años, compuso su Frankestein. Al cierre de esta edición, el rumor en INVAP es que la actividad volcánica terminaría en el plazo de una semana, con lo que el pronóstico tentativo es positivo. Como siempre en Bariloche, todo depende de la nieve, la diosa blanca del sur que se vio precedida por la furia del volcán; la nieve auténtica podría aplastar a la nieve falsa. Todo en Bariloche sigue en suspenso, como la ceniza.

Se lee acá y se puede bajar la revista en pdf con fotos por aquí.

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