Sampa

“‘Tiene la mejor vista de la ciudad’, me dijo el conserje del hotel donde iba a hospedarme por varios días en San Pablo. Bajo ese buen augurio tomé el ascensor y recorrí los pasillos del piso 20; cuando entré en mi habitación, elegante y luminosa, lo primero que hice fue correr las cortinas del ventanal ubicado a un lado de la cama. El conserje tenía razón. Desde las alturas, las nubes y la increíble multitud de luces de los coches y edificios simulaban un paisaje soñado por un superhéroe de videojuego. En esa enigmática visión estaba yo cuando un extraño rugido comenzó a recorrer las paredes, como si en el cuarto de al lado alguien estuviera a punto de lanzar un misil. Y antes de que pudiera darme cuenta de lo que ocurría, un helicóptero surgió tras la ventana. El piloto y yo nos miramos a los ojos, las aspas del aparato pasaron demasiado cerca y, en menos de un segundo, ¡zas!, se esfumó. Si no estuviera seguro de haberlo visto, el silencio posterior habría sido la prueba de una alucinación”, cuenta Leonardo Tarifeño en una buena nota (crónica) del “despegue cultural” del vecino Brasil. Su puede leer en el ADN Cultura con un click acá.

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