Piquete y cacerola…

“En esas noches de verano Pablo empezó a tomar conciencia de cosas en las que nunca antes se había detenido: que todos ellos, que él también, eran carne de cañón de las multinacionales, que podía venirse un tarifazo, que su voz podía sonar más que la de un maestro de música. Había tiempo para hablar y para pensar. Los vecinos marchaban a Plaza de Mayo. Cortaban la calle Congreso a la altura de Melián. Organizaban escraches a los bancos y a las empresas de servicios públicos. Pablo se la pasaba todo el día en la calle. Le venía bien: mezclarse con sus vecinos porteños, de clase media, era una forma de canalizar las energías acumuladas en su trabajo intelectual y su reclusión poética”, cuenta Rodolfo González Arzac en La Rabia (y todo lo que vino después), un libro que recupera diez historias del estallido del 19 y 20 de diciembre de 2001. Un adelanto del libro se publicó en Miradas Al Sur y se puede leer con un click acá.

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