Calavera no chilla

“Juanito lleva en la división de homicidios de la ciudad de El Alto más de treinta años. Es huesudo y dueño de una dentadura perfecta, pero jamás sonríe. Suele estar ataviado con unas gafas de sol que le cubren medio pómulo y con las que tiene pinta de detective privado. No usa celular. Y únicamente acepta los encargos que le dejan en papelitos de colores. Su principal seña de identidad es un gorro de lana azul con detalles en rojo, blanco y verde. Fuma puchos de diferentes marcas, pero sólo cuando le invitan. Ha visto pasar a decenas de oficiales por estas oficinas. Tiene fama de ser implacable con los criminales en los interrogatorios, de resolver asesinatos sin pisar el lugar de los hechos, de defender tanto a las víctimas de grandes asaltos como de pequeños hurtos. Y su expediente es impoluto: dicen que ha ayudado a solucionar más de doscientos casos”, cuenta el cronista vasco-boliviano Álex Ayala en una crónica publicada en el sitio Cosecha Roja (que además integra el libro Los mercaderes del Che y otras crónicas a ras del suelo), que se puede leer por acá.

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