Lemebel y sus marchas

“Aquí en Santiago, siempre fui a la marcha del Primero de Mayo, abanicado por las banderas rojas, bailando las consignas y gritos políticos, aspirando un pitito en algún descanso de la caminata, cargando limones y sal para atenuar la angustia asfixiante de las lacrimógenas, encontrándome con miles de amigas y compañeros, como si fuera un día festivo para dislocar la rutina de la semana. Ahí, en medio del canto denunciante soy tan feliz, aspirando con ansias el dulce sudor de mi clase obrera, tan digna en su frenética manifestación. Pero me cuesta reconocer el placer casi religioso del trabajo. Debe ser porque siempre me dijeron que el trabajo engrandece al hombre, y yo no soy tan hombre. No estoy ni ahí con el trabajo. Y lo repito, y lo digo con todas sus letras; Nunca me gusto trabajar, aunque me contradiga escribiendo a la fuerza este pobre artículo para este Primero de Mayo. Quisiera no escribir más, ganarme la polla gol, quedarme para siempre volado y enfermo de hedonista tomándome un ron de guata al sol en una playa del norte”, escribe Pedro Lemebel en “Primero de mayo, nadie trabaja”. Se lee completo por acá.

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