Escuchar el horror

“Hace poco menos de ocho años conocí a Fátima M, la mujer cuyo testimonio invalidó esta semana el tribunal que liberó a los acusados de desaparecer a Marita Verón. Era una tarde calurosa en el fondo de un restaurante del centro. Un amigo de un amigo la refugiaba en ese momento de sus captores, la banda de proxenetas que la había mantenido cautiva en Tucumán. Fátima M había sido víctima de trata; la habían secuestrado, obligado a prostituirse, violado, golpeado cada vez que se resistió y la habían inyectado con cocaína diluida durante meses para que su “trabajo” forzado fuera hecho con mayor productividad. En ese entonces tenía 18 años: morena, el pelo negro en bucles, luminosa a pesar del maltrato y la intoxicación; la piel perlada, la belleza terca de la juventud. Hablamos durante horas. Fátima tenía en los brazos un bebé, uno de sus mellizos. El bebé no se movía, ni lloraba, ni emitía sonido alguno. Pasadas las horas le pregunté por el niño y entonces Fátima me contó lo que los médicos intentaban explicarle a ella: que posiblemente la malformación de la niña –era una beba, supe– en manos y pies, en la columna, el retraso mental grave, y la ceguera, fueran una malformación genética consecuencia de las cocaína inyectada. El dato frenó nuestra conversación.” Cristian Alarcón escribe sobre la trata de personas en la Argentina. Se lee completo por acá.

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