Después del diluvio

“Fue de un momento a otro. Empezamos a levantar las cosas y las subimos a la mesa pensando que con eso sería suficiente. Nuestros movimientos no preveían que el agua subiera a un metro y medio de altura. Porque hasta ahí subió en cuestión de minutos, para quedarse casi doce horas. Lo que entraba no era un líquido reconocible. Era una especie de aceite negro y repugnante con un olor fuerte a combustible. Al final, cuando ya estaba llegando al metro de altura, corté la luz y subí a los chicos al estudio de arriba, que es donde vivimos todos durante varios días.” A dos meses de la inundación en La Plata, las aguas bajan turbias. Un texto del fotógrafo Ramiro Peri, que se lee completo en el diario Clarín por acá.

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