Archive for 30 agosto 2013

El asadito

30/08/2013

“Me gustaría hacer un asado; no creo que lo haga. Para empezar, un asado es un hecho colectivo. Beber solo tiene mala prensa y cierta tendencia a la melancolía; asar solo, para uno solo, sería la peor de las tristezas argentinas -casi el tango. El asado es nuestra versión de la comida como encuentro: misa, hecatombe, última cena, mesa común de Esparta, festín nupcial, almuerzo de trabajo. ¿A quién se le ocurrió que comer es una actividad que debe compartirse? ¿Cuándo habrán empezado los ancestros monos a reunirse en lugar de dispersarse para morder cada cual su trozo en los rincones? ¿Cómo fue que supusimos que una actividad absolutamente social, que necesita por definición la compañía -digo el sexo-, tiene que ser aislada y la comida, que enfrenta a una persona con sus solas tripas, merece y necesita la exposición a otros? ¿Cuándo las bases de semejante confusión fueron sentadas?” Un adelanto de Comí, el nuevo libro de Martín Caparrós. Se lee en el ADN de La Nación por acá.

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Crónica en el FILBA

28/08/2013

Dos mesas sobre crónica que tendrán lugar en el próximo FILBA en septiembre, en Buenos Aires y Santiago.

Panel: CRÓNICA I. LA VERDAD INCÓMODA
Sábado 28/9, 16 hs – Biblioteca Nacional
Participan: Cristian Valencia, Cicco y Nicolás Mavrakis
Modera: Javier Sinay
La discusión no es nueva pero no está resuelta: ¿cuánto importa el punto de verdad en la crónica? ¿Es lícito regularla y confirmar el vínculo con lo real en cada párrafo? El auge de las historias de vida y los elementos biográficos obliga a problematizar la potestad de lo narrado y, más aún, a interrogarse sobre quién posee los derechos de las historias. 

 

Panel: CRÓNICA II. GÉNERO HÍBRIDO
Lunes 30/9, 17.00 hs–UDP, Auditorio de la Biblioteca Nicanor Parra
Participan: Leila Guerriero – Roberto Merino y Cristian Valencia
Modera: Cecilia García – Huidobro

Se dice que la crónica está de moda. ¿Esta afirmación se aproxima a la realidad? En las páginas de antologías y recopilaciones, parece diluirse el límite entre el reportaje periodístico y la crónica. ¿Cómo se define la nueva crónica latinoamericana? ¿Puede ser cualquier nota periodística una crónica? ¿Cuáles son los temas que investiga y qué relata? ¿Cuáles son las preguntas que se hace? 

 

 

 

La ley de la Selva

26/08/2013

“Selva Almada nació en un pueblo en el que la tierra del barrio se confunde con el campo. En esa casa a medio construir en la que vivió con sus padres hasta que huyó hacia Paraná, la ciudad más cercana para estudiar literatura, leyó en largas siestas, sus primeros libros. Las historias de Julio Verne le llegaron de manos de su abuelo paterno, Antonio Carroz, hijo de suizos venidos a mediados de siglo desde el cantón Valais. Carroz, peón de campo, era también un gran lector. Se casó con Ciomara, pero murió joven. A su muerte, Ciomara migró a Buenos Aires, para emplearse como mucama en la casa de una famosa soprano. Regresó al pueblo ya grande. La madre de Selva, hija de la pareja, heredó una voluntad de hierro para abrirse camino. Almada siempre vivió de changas. La madre fue el sostén familiar haciendo trabajos de costura para sus vecinos. Así se costeó los estudios como enfermera, y luego, los de maestra de escuela. Selva leyó —un clásico de la niñez argentina del interior— a Verne, Salgari, Alcott. Y siguió con la biblioteca popular de Villa Elisa: ‘Ahí encontré lo que quería. La literatura me salvó la vida.'” Un perfil de la escritora Selva Almada, firmado por Cristian Alarcón en el suplemento Babelia del diario español El País. Se lee completo por acá.

Alejandro Dumas, Limónov y yo

23/08/2013

“Su vida es una suerte de supernovela de aventuras, muy excitante para ser contada. Lo único en común de nuestras dos infancias es nuestra pasión por Alejandro Dumas. Limónov tiene un historial caótico. Soñaba con una vida que se pareciera a la de Lawrence de Arabia y que, de hecho, se convirtió en bizarra, siempre del lado indebido: el de los rechazados del sistema, allí donde las cosas no andan, donde se llega a callejones sin salida. Al mismo tiempo, su vida atraviesa las zonas lúgubres de los últimos veinte o treinta años. Yo quería escribir sobre la Rusia poscomunista y pensé que él podría ser un buen personaje conductor para narrar esta historia increíble”, dice Emmanuel Carrère en una entrevista publicada en Los Inrocks. Se lee completa por acá.

Periodismo según Remnick

19/08/2013

“Antes de nada, no seamos románticos: en el periodismo anterior a la era internet también había basura. Mucha basura, contenidos sensacionalistas, poco rigurosos, injustos, banales, estúpidos y complacientes. No seamos románticos y creamos que todo lo que se publicaba tenía la calidad del Watergate o de los papeles del Pentágono. O del mejor George Orwell. Sencillamente, no es cierto. De modo que no debemos caer en el absurdo de decir o pensar que todo el periodismo anterior a internet está compuesto por trabajos brillantes dentro de una edad dorada. No es cierto. En su lugar, debemos centrarnos en las posibilidades que ofrecen los avances técnicos de la herramienta, y cuáles de esas innovaciones están disponibles y son aplicables al periodismo y a su distribución. ¿Sabes?, al final, nuestro principal problema es el modelo financiero. Ese es el verdadero problema que nadie ha sido capaz de resolver hasta la fecha. Muchas publicaciones, entre las que se encuentran The New York Times The New Yorker cuentan con un sistema de pago.El lector tiene que pagar. Y no es precisamente barato.” Una entrevista de largo aliento con David Remnick, el director de The New Yorker desde hace 15 años. Se lee en Jot Down por acá.

En las nubes de Lemebel

16/08/2013

“La Nube”, un texto de Pedro Lemebel que se lee completo por acá, o también acá abajo:

La Nube

Por Pedro Lemebel

Por entonces, en el Chile de los setenta, a los homosexuales no les gustaba la marihuana, la encontraban hedionda, decían que eran vicios de hippie. Andar fumado era andar evadido, como imbécil, atontado por la planta. Ellos preferían el alcohol, tomaban pisco, y cuando yo sacaba un fumo, se largaban a reír, se tapaban las narices, me encontraban roteca, volada, por eso me pusieron La Nube, porque según ellos yo siempre andaba en el aire.

Así era aquel ayer, cuando me juntaba con un grupo de locas quinceañeras a bacilar adolescencias, a deshilar babas inocentes en los testimonios sexuales de cada una contando primeros trotes a la caza de algún coito maripozon. Cada cual exponía su mejor pose narrando aquella primera vez, aquel primer sobajeo, aquel estruje con el primo del sur que tubo que dormir conmigo en la casa de la playa, se acordaba la Felipa, invitándonos a todas para aquel fin de semana a su casa de Horcon, la leyenda del amor libre y  las drogas psicodélicas, el balneario de moda donde los hippies nudistas exhibían sus pudores velludos.

Y allá íbamos las locas en el pullman rumbo al mar, riendo, cantando, jodiendo…y cuando llegamos, la Felipa nos hizo trepar un cerro hasta la cumbre donde se encontraba la mediagua, la choza sin baño ni agua potable. Es decir, una pocilga dijo la María Misterio arriscando la nariz. Pero que le vamos a hacer ya estamos aquí. Sácate uno de esos cigarros tuyos, Nube, me dijo. Y sin pensarlo, prendimos cuatro pitos para todas y luego cuatro mas… y cuando nos vinimos a dar cuenta estábamos en la playa bañándonos desnuditas como dios nos echo al mundo. Como las locas nunca habían fumado, se pusieron escandalosas, gritando y saltando cuando venían las olas. Ya poh, Nube, sácate otro, me gritaban. Pero ya no había más. Por eso nos acercamos a unos pescadores con cara de fumones y les preguntamos donde conseguir mariguana. Ellos, al vernos tan niñitas, nos ofrecieron de todo a cambio de visitarnos en la noche. Y claro que yes, dijo la María Misterio, y hacemos una fiesta y  elegimos a la reina de Horcon y entre ustedes al rey Jurel por el tamaño del pedazo.

Todas quedamos encandiladas con el panorama de la noche, hablando y bromeando mientras subíamos la cuesta haciendo colecta para comprar las botellas de pisco y esperar a los hombres que nos traerían la marihuana.

Y esa noche, todas nos engalanamos e improvisamos dos coronas con papeles dorados de cigarrillo. Para el rey y la reina, decía la María Misterio, enroscando el papel metálico en las tiaras de alambre. Pero los hombres no llegaban, y nosotras fumar y fumar, y no llegaban… hasta que de pronto, unos pasos, unos ruidos, y golpean la puerta… y eran ellos. Entraron disculpándose por la demora, que chiquillos perdonen pero tuvimos que ir a Valparaíso a conseguir la yerba. ¿Y encontraron?, grito la María Misterio, prendiendo unas velas para iluminar la miseria de la casa de tablas. Claro, mi reina, y de la mejor, mira huele. Estamos dados, suspiro la María Misterio sirviendo pisco para emborrachar a los hombres, pero ellos eran hombres de mar, duros de embriagar. Y como tontas, nos emborrachamos nosotras primero. Y entre brindis y brindis ellos eligieron a la María Misterio de reina porque era la más simpática. Y después pusieron sus trofeos sexuales a la luz de las velas para que los midiéramos y elegimos al rey Jurel. Bueno es hora que mama y papa Jurel se vayan a  dormir y ustedes también niñitas, elijan novio, nos dijo la María Misterio acomodándose con Mister Jurel en un colchón.

Y cada pareja se acomodo en el suelo y empezó el ensarte jugoso. El déle que déle, el déle que suene. Sácate uno poh, Nube, me gritaba la María Misterio riéndose de placer. Todas estábamos tan voladas, boqueando, asesando con los pescadores, que no falto la que hizo una acrobacia para lucirse, estiro un pie y boto la vela sobre la ropa, se quebró la botella de pisco y estallo mierda el incendio. Todo se inflamo de improviso. Fuego, Fuego gritaban las locas arrancando a culo pelado, tropezando, cayéndose, tratando de salvar al menos la ropa para vestirse; tan borrachas que no atinaban a encontrar agua para apagar las llamas. También los pescadores arrancaron a perderse. Y solo la Felipa,  corrió cerro abajo en busca de un bidón con agua. Pero cuando llego se había quemado toda la casa. Ahí nos amanecimos esperando el día para regresar a Santiago. Sácate uno de los tuyos, poh Nube, para pasar el mal rato, escuche que me decía la María Misterio, con la corona chamuscada  que había rescatado entre los escombros.

Mugabe, el que se cree eterno

13/08/2013

“El record de Mugabe, aún más que su venenoso narcisismo, desmiente la convicción de que es el único que merece gobernar su patria natal. En el curso de su larga y tortuosa carrear, Mugaba ha atormentado a sus críticos y superado en astucia a sus enemigos, aparentemente con el solo propósito de seguir gobernando. La edad le ha añadido un toque de absurdo decoro, especialmente desde la muerte de su esposa durante tres décadas, Sally Hayfron, en 1992, y su nuevo matrimonio, cuatro años más tarde, a la edad de 71, con su secretaria Grace, cuarenta y un años menor. En 2005, Grace y él se mudaron a una mansión de 25 cuartos que habían construido con fondos de origen desconocido. Grace construyó otra mansión, llamada Graceland, que fue vendida más tarde al gobierno libio, entonces dirigido por Muammar Gadafi. Mugabe mismo admitió que algunos ‘gobiernos extranjeros’ habían contribuido a su lujoso estilo de vida; el rumor en Harare era que había dinero chino involucrado.” Una nota sobre la nueve reelección de Mugabe en Zimbabwe. La firma Jon Lee Anderson y se lee en El Puercoespín por acá.