La ley de la Selva

“Selva Almada nació en un pueblo en el que la tierra del barrio se confunde con el campo. En esa casa a medio construir en la que vivió con sus padres hasta que huyó hacia Paraná, la ciudad más cercana para estudiar literatura, leyó en largas siestas, sus primeros libros. Las historias de Julio Verne le llegaron de manos de su abuelo paterno, Antonio Carroz, hijo de suizos venidos a mediados de siglo desde el cantón Valais. Carroz, peón de campo, era también un gran lector. Se casó con Ciomara, pero murió joven. A su muerte, Ciomara migró a Buenos Aires, para emplearse como mucama en la casa de una famosa soprano. Regresó al pueblo ya grande. La madre de Selva, hija de la pareja, heredó una voluntad de hierro para abrirse camino. Almada siempre vivió de changas. La madre fue el sostén familiar haciendo trabajos de costura para sus vecinos. Así se costeó los estudios como enfermera, y luego, los de maestra de escuela. Selva leyó —un clásico de la niñez argentina del interior— a Verne, Salgari, Alcott. Y siguió con la biblioteca popular de Villa Elisa: ‘Ahí encontré lo que quería. La literatura me salvó la vida.'” Un perfil de la escritora Selva Almada, firmado por Cristian Alarcón en el suplemento Babelia del diario español El País. Se lee completo por acá.

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