Un mast’aku por el Indoamericano

“Cargada como un ekeko, Eli caminaba con paso sereno por las calles del cementerio de Flores, llevando un ramo de rosas rojas y arrastrando en un changuito dos cajas repletas de panes, cervezas y una foto de su marido. Según la tradición andina, las ajayus –las almas de los difuntos– vuelven cada 1 de noviembre, el Día de Todos los Santos, en forma de tantawawas, “niños de pan” en aymara, y en la construcción de mesas comunitarias con los alimentos que les preparan los vivos, el mast’aku. Cuando llegó a la cruz de madera curtida que tenía tatuado con un liquid paper fantasmal el nombre Juan Castañeta Quispe, se detuvo. Luego limpió parsimoniosamente la tumba: sacó algunas flores secas que dormían sobre la tierra, extendió un aguayo multicolor sobre la sepultura y, con un alambre, ató a la cruz la foto pegada sobre un papel, que tenía grabado a modo de epígrafe: ‘¡Justicia por Emilio Canaviri Álvarez! Asesinado en el Parque Indoamericano’. Después se persignó y empezó a repetir como un mantra el Padre Nuestro.” Una crónica que narra la historia de Elizabeth Ovidio, quien sufrió la muerte de su marido en el desalojo del Parque Indoamericano. La firma Nicolás G. Recoaro en Tiempo Argentino y se lee por acá.

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