Treinta años no es nada

“Treinta años de no verse. Ya se han puesto al día y dado un panorama básico de sus derroteros. De repente ese viejo amigo reencontrado sonríe solo, como si hubiera un tercero delante de ustedes. ¿Te acordás, dice, cuando llegaba la hora de cenar y nadie tenía un mísero vuelto para aportar y éste desaparecía y al rato volvía con una bolsa llena de verduras y frutas? Hasta algún pedazo de carne se traía para el guiso. ¿O aquellas noches (da por sentado que te acordás), en que hacía un frío terrible y se ponía toda la ropa que encontraba? ¿O cuando tuvimos que dormir en el pasillo porque había trabado la puerta desde adentro y no escuchaba nuestros golpes? ¿Y aquel espejo en 45 grados que había instalado en la ventana para que entrara un poco de sol?” Una columna de Juan Carlos Kreimer en el Radar de Página 12, se lee completa por acá.

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