La espesura que brama al otro lado del espejo

Leila Guerriero escribe en el diario español El País: “Ayer salí a correr. Cuando uno corre después de unos días sin hacerlo, no corre con el cuerpo, sino con una parte de uno que se sobrepone al desastre. Se siente, a cada paso, el cerebro asfixiado por amebas constrictoras sacudidas por shocks eléctricos. Quizá por eso, para olvidar que corría, recordé la historia del tigre. Los vecinos de una ciudad de mi país, la Argentina, mataron, hace unos meses, a un tigre de bengala que había escapado de alguna parte. Muchos los culparon de aniquilar a un ejemplar único. Ellos alegaron haber tenido miedo. Es razonable. Matamos lo que nos da miedo, pero no podemos matar el miedo. Y —corriendo aparecen improbables asociaciones libres— recordé la pregunta que me hizo alguien hace poco: si la escritura es un lugar de refugio. Qué absurdo. No sé por qué se escribe, pero no se escribe para estar seguros. Se escribe, entre otras cosas, para poner un pie en la espesura que brama al otro lado del espejo. Siempre hay, claro, quienes extreman el método.” Se lee completo por acá.

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