Yo cosifico, tú cosificas, él cosifica…

“El término cosificar se ha hecho famoso hace poco tiempo en la televisión. A medida que las mujeres vamos ocupando nuevos lugares, nuestros puntos de vista logran visibilizarse. Así, ‘cosificar’ viene a designar esa operación por la cual el cuerpo de la mujer es tomado como una cosa hueca y carente de propiedades, salvo la de ser un ente pasivo para proporcionar placer al varón. Se cosifica cuando se recorta el cuerpo y se dejan las tetas en la tapa de la revista. Cuando la cámara de Tinelli no deja de serrucharle el traste a la vedette. Entonces esa mujer vale por lo que su cuerpo excita. Luego, nada más de ella es válido. Una es cosificada cuando en la calle un señor se acerca y cerca del pelo le susurra planes para sus genitales. Parecería haber en esa parálisis y recorte que se hace del cuerpo femenino una violencia. A la mujer se la requiere muertita, para que el varón penetre, saque, diga, compre. Y allí hay violencia, aunque no se llegue a los clásicos ‘te mato’, ‘te parto’, ‘te hago mierda’. Ahora, ¿cómo sería posible la aventura de intentar cumplir el deseo sin que esa operación esté revestida de una carga violenta? ¿Cómo podría un varón, una mujer, desear a otro u otra sin considerar el cuerpo ajeno como una cosa descomunal o paradisíaca? ¿Cómo sería posible desear sin cosificar?” El artículo completo que escribió Agustina Paz Frontera se puede leer completo por acá.

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