González

“En un edificio de hormigón expuesto al polvo y a la tormenta, golpeado por el viento del Río de la Plata, el gran río color de león, un hombre firma expedientes. Un hombre -un cultor, un narrador, el gran ensayista contemporáneo- firma contabilidades, permisos, licencias. A sus setenta años, sentado en su oficina del cuadrúpedo gigante, en el Clorindo Testa, Horacio González se enfrenta a los papeles que lo convirtieron en un administrador. Él, que pone “profesor” en los libros de los hoteles. Un hombre que dice que vivir es vivir atado a algo de lo que no querés hacerte responsable y sentir derecho a reclamar por eso, pero no por eso a negar cierto gusto. En ese solar, ubicado en un vacío entre Austria y Agüero, donde vivió Perón y murió Evita, Horacio González, un hombre de la política, un escapista de las identidades, firma expedientes. Y si lo acecha el fantasma del burócrata, sólo encuentra consuelo cuando mira a su antecesor en la Biblioteca nacional, cuando levanta la vista y encuentra colgado, frente a sí, al retrato de Jorge Luis Borges.” Un perfil de Horacio González firmado por Lucía Álvarez en la revista digital Anfibia. Se lee completo por acá.

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