Lo que queda del día

“En el Ground Zero, el dispositivo de seguridad luce como una instalación museística más. En cada uno de los salones del museo y a la salida del edificio, pero también en el espacio abierto del Memorial –dos grandes espejos con cascadas (reflecting pools) que renuevan sus aguas sobre las huellas de las Torres Gemelas–, los policías vigilan obsesivos cómo corretean unos chicos de edad escolar, o cómo los turistas ocasionales se fotografían en el lugar de los hechos. La señalética nos invita a denunciar a sospechosos dañando el monumento o arrojando objetos volantes no identificados a las piscinas. Paradoja, o no tanto, en un espacio originariamente pensado para recordar a las víctimas del ataque y resucitar la “renovada” libertad estadounidense post 11 de septiembre. Que ha de ser una libertad rigurosamente vigilada.”

Una crónica sobre el museo del 11S en Nueva York, firmada por Nicolás G. Recoaro en el Radar de Página 12, se lee por acá.

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