Archive for 28 julio 2015

Cerdos & Peces & Pesos

28/07/2015

symns

La terminal

28/07/2015

“La señora que sirve café en la central de buses de Montevideo siempre sabe de qué va a hablarle un extraño. «A veces es más fácil hablar con un desconocido», me dice Raquel Quirque, una desconocida con tres letras Q en su nombre. Se ha sentado en una sala de espera de Tres Cruces, la terminal de viajeros de Uruguay, tras horas de pie en Del Andén, un café en el ombligo de esta central de transportes donde ella dice buenos días, azúcar o edulcorante, con la voz de una tía que sirve el desayuno sin prisas. Raquel Quirque es rubia, Sagitario, viste de negro, responde su teléfono con el ringtone del himno del Club Atlético Peñarol y se despierta antes de las cinco de la mañana. A esta hora del almuerzo, su esposo está tras el volante de un bus en una carretera como chofer de la Compañía Oriental de Transporte. La boletería queda frente al lugar donde ella sirve café a los pasajeros y el hijo de ambos trabaja en el departamento de encomiendas de la misma compañía. No es casualidad: se llama familia. La Señora Q ha acabado su turno en la cafetería y no deja de abrazar el termo que usa para tomar mate. Su marido le trae la yerba desde el interior de Uruguay, desde donde lleva a esos desconocidos que cada día se acercan a hablar con ella. Toda la vida de Raquel Quirque gira alrededor de Tres Cruces. «Voy a un supermercado y en vez de preguntar ‘¿cuánto es?’, digo: ‘¿algo más?’. Suena el teléfono de mi casa y digo: ‘Café del Andén, buenas tardes’». Su cortesía en piloto automático anuncia una alegre fatalidad: quiere envejecer sirviendo café en Tres Cruces.” Una crónica de Julio Villanueva Chang, incluido en la antología Hacer la América. Historias de un continente en construcción. Se puede leer completo en la web de la revista peruana Etiqueta Negra, por acá.

Punk´s Not Dead

14/07/2015

“Pregunto por Malcolm McLaren. La que me dice que está por llegar es una muchacha vestida con unas medias negras caladas, chaleco de malla, escotazo y hombros al aire, antifaz negro pintado sobre los párpados; juega con un terrier blanco. Parece bastante normal cuando me dice que Malcolm no tiene horarios. Intento darle charla, nada. En ningún momento la asocio con Jordan. Vuelvo a la hora, la escena es más o menos igual. Hay un muchacho, después sabré que es Jamie Reid, descargando cajas de una vieja rural Austin. Creo que en un momento aparece Vivienne, abre una caja y saca unas mangueras enrolladas. Recién entonces, con el Time Out bajo el brazo, advierto que parezco un turista de paso. Al día siguiente, llego con el estuche del grabador Philips colgado en bandolera. Encaro a Jordan y le digo, en francés, que traigo un mensaje para Malcolm. ¿De quién? De Guy Debord. Entreabre una puertita y grita McCounty!!! Dos minutos después, estoy sentado frente a él. Cuartito de dos por dos, escritorio metálico, teléfono negro, diarios de rock abiertos en cualquier página, cenicero repleto, persiana baja. El colorado tiene puesta una camisa negra, un corbatín dorado, chaleco y un saco verde con solapa de pana negra. Vine a hablar de la relación entre punk y Situacionismo, le informo antes de explicarle quién soy y en qué ando.” Un fragmento de Historias paralelas, el capítulo que agregó Juan Carlos Kreimer en la nueva edición de Punk, la muerte joven. Se puede leer por acá.

La Clinic de Symns

07/07/2015

“Yo no creo en la moral, creo en la ética. La moral, como dijo Freud, es la más repugnante de las perversiones sexuales, porque no hace nada. La ética es distinta porque es solidaria: evitas hacer algo porque no quieres hacer daño. Yo no tengo moral. Bueno, tengo sí la estupidez de los principios que todo ser humano lleva en el código genético y que puso allí el maldito Dios o el arquitecto de mierda o la nada.” Daniel Hopenhayn entrevista a Enrique Symns para el semanario chileno The Clinic. Se lee por acá.

La cancha como metáfora

03/07/2015

“Fui con mi hija de 14 y mi hijo de 12 a ver el partido de Chile con México al Estadio Nacional. Les advertí de tomar mucho abrigo, porque ahí haría un frío espantoso. Debía ser la noche más fría del año. No he visto más de cinco partidos en un estadio, y siempre he llegado ahí por razones extra futbolísticas. Yo de fútbol no sé nada, ni siquiera el nombre de los jugadores del equipo del que me declaro “fanático”. La vida es más pobre si no se tiene un equipo de los amores, aunque de amor se entienda muy poco. Nos habían regalado unas entradas para la galería y recordaba de la última vez que había estado ahí una energía barbárica, como todas las energías auténticas, y una diversión de esas que solo pueden acontecer en la inseguridad. Como llegamos justo a la hora, imaginé que deberíamos abrirnos camino entre sobacos transpirados, nubes de marihuana, botellas de cerveza y una turba enfervorizada de la que nos haríamos parte agarrados del hombro para no perdernos. Una especie de manifestación callejera, como otras a las que también hemos ido juntos, donde las individualidades se pierden y los pequeños grupos de pertenencia deben poner atención para mantenerse unidos. Pero no fue así.” La columna de Patricio Fernández en The Clinic. Se lee completa por acá.