La cancha como metáfora

“Fui con mi hija de 14 y mi hijo de 12 a ver el partido de Chile con México al Estadio Nacional. Les advertí de tomar mucho abrigo, porque ahí haría un frío espantoso. Debía ser la noche más fría del año. No he visto más de cinco partidos en un estadio, y siempre he llegado ahí por razones extra futbolísticas. Yo de fútbol no sé nada, ni siquiera el nombre de los jugadores del equipo del que me declaro “fanático”. La vida es más pobre si no se tiene un equipo de los amores, aunque de amor se entienda muy poco. Nos habían regalado unas entradas para la galería y recordaba de la última vez que había estado ahí una energía barbárica, como todas las energías auténticas, y una diversión de esas que solo pueden acontecer en la inseguridad. Como llegamos justo a la hora, imaginé que deberíamos abrirnos camino entre sobacos transpirados, nubes de marihuana, botellas de cerveza y una turba enfervorizada de la que nos haríamos parte agarrados del hombro para no perdernos. Una especie de manifestación callejera, como otras a las que también hemos ido juntos, donde las individualidades se pierden y los pequeños grupos de pertenencia deben poner atención para mantenerse unidos. Pero no fue así.” La columna de Patricio Fernández en The Clinic. Se lee completa por acá.

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