Archive for 26 septiembre 2015

Papa a la cubana

26/09/2015

“‘A Obama le queda poco más de un año de gobierno, pero si ganan los republicanos en las próximas elecciones de Estados Unidos, todo esto puede irse bien de madre y volver todo hacia atrás, así es que espero que la cosa avance en su medida y armoniosamente, porque si se acelera no sé como afrontaremos la avalancha’, dice Michel mientras mira la tele y extiende sus brazos renegridos para servir otro vaso de guarapo frío en pleno Centro Habana. El mostrador de atención consiste en una tabla que atraviesa el ancho de la salida. Es el unico acceso de un patio que conecta a una de las añejísimas callecitas ubicadas detrás del Capitolio, el palacio legislativo que hace más de medio siglo Fulgencio Batista mandó a construir. Quería una réplica del congreso washingtoniano y la obtuvo. Nunca funcionó como parlamento, pero ahora, luego de 7 largos años de refacciones demoradas, el palacio se encamina a ser el futuro domicilio de la Asamblea Nacional, dispositivo legislativo de la Revolución Cubana. El vendedor de jugo de caña de azucar reflexiona como si fuera un eximio analista internacional y cita, sin saberlo, a Juan Domingo Perón. Ha  escuchado hablar alguna vez del fundador del Justicialismo y tres veces presidente argentino, pero lo que le preocupa no es Perón sino el ritmo y la cadencia de lo que viene. Son las cuatro de la tarde del 22 de septiembre y hay, por lo menos, veinte habaneros esperando su bebida verde mientras soportan la húmeda transpiración del otoño meridional recién llegado. Todos miran la pantalla de Michel, que ahora transmite en vivo y en directo desde la base militar Andrews, la llegada del Papa Francisco a Washington y el largo apretón de manos que le prodiga el primer presidente negro del imperio.” Claudio Mardones escribe una gran crónica desde La Habana en plena gira americana del Papa Francisco. Se lee en la Revista Crisis por acá.

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La Caída de la Gran Raza

22/09/2015

“El lío va a ser cuando lo descubra Donald Trump. El año próximo, mientras las internas norteamericanas derramen su luz sobre Occidente, se cumplirán cien años de un libro que influyó como pocos en la vida de ese país –y que tantos, después, quisieron olvidar. Su autor, Madison Grant, había nacido en 1865 en Nueva York, en una de esas familias que se decían patricias porque habían desembarcado en el siglo XVII, cuando había que ser muy pobre para migrar a ese islote salvaje. Grant se educó en Yale y Columbia, se recibió de abogado, no ejerció porque no necesitaba y se dedicó, sobre todo, a la caza mayor. De ahí su interés por las ciencias naturales, que pronto se le volvió monomanía. En 1916, ya cincuentón, publicó su ópera magna: se llamaba The Passing of the Great RaceLa Caída de la Gran Raza– y fue un éxito. La Gran Raza era, por supuesto, la blanca, y el libro se dolía por su supuesta decadencia. Para explicarla empezaba por una clasificación donde dividía a los ‘caucasoides’ –muy superiores a los “negroides” y “mongoloides”– en tres clases. Los “nórdicos” eran los mejores, después venían los “alpinos” y, al final, lacra viciosa perezosa y boba, los “mediterráneos”: griegos, italianos, españoles. De donde su tesis central: la inmigración indiscriminada de esos inferiores estaba destruyendo América; los brutos se reproducían tanto, con tal carga genética, que arruinaban el nórdico pueblo americano. Era una vergüenza, decía Grant, que sus compatriotas ‘quisieran vivir unas pocas generaciones de vida fácil y lujosa’ importando esa mano de obra barata que arrasaría su raza.”

Una nota firmada por Martín Caparrós que se puede leer completa en El País por acá.

El día que Burroughs jugó a ser Guillermo Tell

19/09/2015

Afición. A pesar de la muerte de su esposa, Burroughs siguió usando armas. Foto: sebtheplayer.com

“No hubo orificio de salida. La bala quedó alojada en el cerebro de Joan Vollmer. Cayó al suelo y el vaso que tenía sobre su cabeza rodó por el salón. En la mesa había cuatro botellas vacías de ginebra Oso Negro, y en su frente un agujero de siete milímetros de diámetro, circular y oscuro, por el que William Seward Burroughs entró de lleno en la literatura. Aquel 6 de septiembre de 1951, en el número 122 de la calle de Monterrey, en la Ciudad de México, Burroughs acababa de matar de un disparo a su esposa. Había nacido, con una Star automática en la mano, una leyenda del siglo XX. Burroughs el homicida, el maldito por excelencia. ‘Todo me lleva a la atroz conclusión de que jamás habría sido escritor sin la muerte de Joan’, escribiría 34 años después. Esa misma tarde fue detenido. El crimen llegó a las portadas de los periódicos. “Quiso demostrar su puntería y mató a su mujer”, titulaba La Prensa. Las fotos de primera página muestran a Burroughs, de 37 años, intentando taparse el rostro, y a su esposa ya cadáver. A las pocas horas fue ingresado en la cárcel. El expediente del caso permaneció durante más de 60 años perdido en el Archivo Histórico del Distrito Federal por un error en la transcripción del nombre, pero hace tres años volvió a la luz. Son 19 folios que recogen desde decisiones judiciales hasta testimonios claves, como el de Lewis Marker, marino, amante y por quien Burroughs escribiría la asfixiante y autobiográfica novela Queer.” Escribe Jan Martínez Ahrens para El País de México y La Razón de Bolivia. Se lee completo por acá.

Sobre Arenas

13/09/2015

“Que la bandera de Estados Unidos volviera a flamear sobre La Habana y los capitalistas norteamericanos pudieran hacer negocios con los comunistas cubanos no habría sido ningún motivo de celebración para Reinaldo Arenas (1943-1990) si con ello se tejiese un manto de olvido sobre los crímenes contra homosexuales, prostitutas, bohemios y otros réprobos, según él mismo denunció en los años más duros de la revolución. Un chiste cubano que le gustaba parafrasear en su exilio en Nueva York dice que la diferencia entre un país capitalista y uno comunista es que en ambos te dan una patada en el culo pero ‘en el primero puedes gritar y en el segundo tienes que aplaudir’. Otra ironía popular asegura que ‘el socialismo cubano es la fase de transición más prolongada entre el capitalismo y el capitalismo’.” Osvaldo Baigorria escribe sobre las palabras finales de Reinaldo Arenas en Perfil. Se lee por acá.

Naty Menstrual en San Telmo

08/09/2015

Querido diario

05/09/2015

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“DIARIO 1967.   Lunes 4 de septiembre. Anoche en el edificio con cúpula dorada que se ve en Carlos Pellegrini, del otro lado de Rivadavia, luego de subir una escalera circular que se abría desde la calle, reunión organizada por Álvarez y Piri Lugones para homenajear a García Márquez. Mucha gente, muchos amigos, el Tata Cedrón cantó algunos tangos, mucho whisky, poco lugar. En una de las vueltas por el departamento me encontré frente a García Márquez. Me lo presentó Rodolfo Walsh, que jugó el jueguito competitivo, a la Hemingway, y me anunció como una promesa del box nacional, como si yo fuera un peso wélter con mucho futuro y con la misión secreta de derrotar a los campeones de la categoría, entre ellos García Márquez y el mismo Walsh. Un estilo amistoso y «varonil» de hacer ver la competencia despiadada que define el mundo de la literatura. Imagino que ese estilo es también el de García Márquez. Lo cierto es que después de ese preámbulo deportivo, nos encontramos hablando del resultado del concurso de novela Primera Plana-Sudamericana, en el que el colombiano había sido jurado. Premiaron El oscuro de Daniel Moyano, pero García Márquez dijo que había dudado mucho porque le gustaba El silenciero de Antonio di Benedetto, pero que no la había premiado porque era una nouvelle y no una novela. Pero eso no tiene sentido, dije más o menos yo, Pedro Páramo o, si me permiten, El coronel no tiene quien le escriba tampoco hubieran sido considerados en un concurso de novela, para vergüenza de todos. La conversación se volvió interesante porque empezamos a distinguir entre las formas breves, los relatos de media distancia y las novelas. García Márquez entró con ganas en la discusión, conoce bien los procedimientos y la técnica de la narrativa y durante un rato la conversación giró exclusivamente sobre la forma literaria y dejamos de lado la demagogia latinoamericana de los temas que son propios de esta región del mundo y hablamos de estilos y de modos de narrar e hicimos un rápido catálogo de los grandes escritores de media distancia, como Kafka, Hemingway o Chéjov, y de los problemas del exceso de palabras que hacen falta para escribir una novela. Una conversación sobre literatura entre escritores es algo inusual en estos tiempos entre nosotros y por eso me interesé en lo que hablamos. También Walsh desconfía de la novela como forma sin control. (Sobre la novela de García Márquez parece que Borges, que siempre está al tanto de todo, le dijo a Enrique Pezzoni: ‘Es buena, pero le sobran cincuenta años.’).” Adelanto de los diarios de Ricardo Piglia. Se lee completo en la revista Anfibia por acá.