Hit The Road Jack

No podían faltarle jamás un cuaderno de espiral, un manual de guardavías de tren o un anotador contable. Cualquiera servía. Por dondequiera que vagase, Jack Kerouac siempre tenía a mano algo de papel y una lapicera para tatuar una idea, componer un haiku o simplemente retratar su deriva existencial. Este no era un rasgo anómalo en un escritor de estirpe vitalista como Kerouac. “La noche de ayer fue triste y lluviosa. Mi madre me planchó la ropa; comimos algo, charlamos; ocasionalmente nos miramos con furtiva tristeza. Quizás escribo esto para prevenir a todos los viajeros –la noche antes del viaje es como la noche antes de la muerte. Así me sentía. ¿Adónde voy realmente, y para qué? ¿Por qué siempre debo viajar de aquí para allá, como si no me importara dónde uno está?”, se pregunta Kerouac en una entrada de su diario fechada el 30 de agosto de 1949. Ir a la vida para volver y escribirla. Con su mochila al hombro, Kerouac salía a la ruta para encontrar una nueva forma de hacer literatura, una nueva manera de narrar la experiencia. Haciendo dedo en el camino.
Diarios (1947-1954). Mundo soplado por el viento (Editores Argentinos, traducción de Martín Abadía) es la flamante edición en castellano de los alucinantes diarios que escribió Kerouac entre junio de 1947 y febrero de 1954. El agitado período en el que creó sus dos primeras novelas publicadas: El pueblo y la ciudad y En el camino. En la portada del libro, una instantánea tomada por el poeta Allen Ginsberg en 1953, Kerouac fuma un cigarrillo frente a una escalera de emergencia del East Village neoyorquino. El escritor mira el océano de rascacielos que emergen en Manhattan y parece meditar con su facha a mitad de camino entre James Dean y Jack London. Una imagen posada que inmortalizó al Kerouac “icónico”: el escritor que cambiaría la literatura del siglo XX. Pero a diferencia de esta fotografía, no hay nada que sea pose en los diarios. “Rebosante de inocencia juvenil y de tenacidad en su madurez para encontrarle sentido a un mundo pecaminoso, estas páginas revelan a un artista serio tratando de descubrir su voz verdadera. Llámenle ‘la educación de Jack Kerouac’ si así lo desean”, advierte en la Introducción del volumen el historiador Douglas Brinkley, hombre a cargo de la edición final de los diarios.
Mundo soplado por el viento contiene las reflexiones de un lector incansable y su educación sentimental, sus iluminaciones y meditaciones religiosas, y retratos de sus agitadas derivas urbanas por Nueva York y San Francisco. Además de los mapas del gran país del Norte dibujados a mano alzada y aun las decenas de crónicas de viaje de ese correcaminos incansable que fue Kerouac, durante este período de su vida de “estilo idealista de Nueva Inglaterra, místico y nebuloso”.

Una nota de Nicolás G. Recoaro en el Suplemento Cultura de Tiempo Argentino. Se lee completa por acá.

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