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Desarma la monogamia

28/04/2016

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? No es sólo un cuento de Raymond Carver, es una pregunta que sigue vigente hoy en día porque todavía no tiene respuesta o, lo que es lo mismo, tiene tantas respuestas como habitantes tiene el mundo. Pero si nos empezáramos a preguntar de qué manera experimentamos el amor o estamos en el amor, al menos en occidente, la dispersión de las respuestas sería menor y emergería como respuesta principal una sólo opción: a través de la monogamia. No vale la pena profundizar acá en los aspectos biológicos, antropológicos o genéticos de la monogamia, ni su relación con la tradición judeo-cristiana que nos atraviesa, sino simplemente pensarla como un compromiso que conlleva una determinada responsabilidad, en este caso: la exclusividad sexual y afectiva de las partes. La vigencia de la pregunta sobre la monogamia y el amor en occidente es la razón por la cual la reciente reedición por parte de Caja Negra del pequeño clásico de culto de 1989, Llévatela, amigo, por el bien de los tres, del periodista y escritor Osvaldo Baigorria, sea una lectura que a pesar de los años que nos separan de su publicación siga seduciendo y generando un efecto de actualidad en los lectores. En la novela Eduardo nos cuenta en tono confesional el experimento de amor polisexual que lleva a cabo con su pareja Lila, fuertemente influenciados por los ideales hippies y de liberación de las décadas de los 60 y 70, con el objetivo de “abolir los celos y toda propiedad sobre los cuerpos”. ¿Por qué? Eduardo es claro al respecto al principio del libro “Sentíamos que la familia, los vecinos, los porteros, el Estado, todas las instituciones tendían a separarnos. Si bien la sociedad entera conspiraba contra el amor, la monogamia era la forma dominante de esa conspiración”. El trato entre Lila y Eduardo es simple, son una pareja abierta, es decir, que estaban dispuestos a permitir las relaciones paralelas de cada uno, con el acuerdo de que nada se realizara a espaldas de nadie. La filosofía que los impulsa también es simple: “pensábamos: una genuina unión amorosa no tiene por qué romperse ante la irrupción del deseo por otros”.

Una reseña de Thomas Rifé sobre Llévatela, amigo, por el bien de los tres. Se lee completa por acá.

Man, I´m beat

10/04/2016

“La fórmula ‘generación beat’ surgió, según Allen Ginsberg, de una ocurrencia de Kerouac en un bar en 1948 cuando, en una discusión sobre lo generacional, el periodista John Clellon Holmes mencionó a la Generación Perdida (Dos Passos, Fitzgerald, Faulkner, Hemingway, entre otros). Kerouac respondió: ‘Ah, pero la nuestra es sólo una generación beat’. Es decir, golpeada, abatida, en la lona, pobre, sin dinero ni fuerzas después de una noche de juerga, dada vuelta y en vela, tal como se solía decir en el Times Square y en el Village: ‘Man, I´m beat’. Años después Kerouac procuró darle un sentido más espiritual y trascendente a ese término, contra su uso despectivo luego de que Holmes lo difundiera en un artículo del New York Times Magazine en 1952 y sobre todo cuando el periodista Herb Caen le agregó el sufijo ‘nik’ en su columna del San Francisco Chronicle a poco de que la URSS lanzara el satélite Sputnik.”

Osvaldo Baigorria escribe sobre Kerouac y los beats en la revista Ñ, se lee por acá.