Archive for 31 mayo 2016

Yo no me quiero casar

31/05/2016

Por Nicolás G. Recoaro

De blanco y radiante, ella se relaja mientras la maquilladora hace su trabajo. “El make up depende mucho de la personalidad de la quinceañera”, dice Alejandra Gilse y aplica una fina capa de base neutra sobre el rostro de la doncella. El agitado ambiente en el subsuelo del Regente Palace Hotel, en pleno microcentro, no le mueve un músculo de la cara a la muchacha. Una vez delineados sus ojos achinados, la joven confiesa: “Me llamo Sandra, soy modelo. Voy a pasar ropa de 15, pero tengo 32. En el fondo, todas siempre tenemos 15 años.”
Novios, quinceañeras, padres de las “niñas bonitas” y curiosos pispean las novedades. Todo indica que la cascada de chocolate, la globoflexia y los cascos de realidad virtual marcarán tendencia este año. “La gente empieza a vivir la fiesta ya en la exposición”, dicen a coro Sandra y Mariana, las organizadoras de eventos que hace dos años parieron la Expo Bridal & My Sweet 15, uno de las tantos encuentros temáticos dedicados al rubro en la Argentina. “Es una feria distinta, no es masiva: la gente se toma un trago, baila y se tira globos”, agregan. La concurrencia del ágape ronda las 600 personas; muchos parten hacia la pista, donde comienza el primer show de la tarde: Spectrum, el robot de led.
El mercado de las bodas factura más de $ 2000 millones anuales en el país. La cifra se triplica en el caso de los festejos de las teenagers. “Hace 20 años estoy en esto, creció mucho y se puso más exigente”, cuenta Rolando, un veterano dueño de salones de fiesta del Gran Buenos Aires. “La costumbre de festejar sigue, pero más que nada se hacen los 15, hoy un 80% son cumpleaños y sólo el resto, bodas.”
Como un árbol de Navidad, Spectrum perrea en la pista flanqueado por dos voluptuosas partenaires. “Tiene que haber un show, son muchas horas de fiesta”, sostiene Valeria, mamá de Julieta, quien en cuatro meses vivirá su noche soñada. Cuando el robot-humano dispara su cañón de hielo seco sobre la platea, la joven ansía: “Va a ser una noche especial, para disfrutar con todos los que quiero.” Ya sin el casco forrado de luces protegiéndolo, Martín se relaja sorbiendo un gin tonic: “La gente elige el show porque Spectrum baila, hace trencito y agita. Nunca falta el atrevido que te golpea, pero son gajes del oficio. Hay que ganarse la vida y Spectrum me da de comer.” (more…)

Anuncios

Un canto de cisne a la heroína

29/05/2016

En la época en la que inyectarse un opiáceo en las venas estaba de moda entre los refractarios al sistema, el escocés Alexander Trocchi (1925-1984) se destacó por escribir un clásico sobre la adicción a la heroína, según lo calificó William Burroughs, que algo sabía del tema. Luego de haber editado la revista literaria Merlin en París en los 50, Trocchi escribió varias novelitas eróticas, algunas por encargo y con seudónimo, como Helen and Desire, School for Wives y Young Adam, esta última llevada al cine. Pero El libro de Caín fue su obra última y fundamental, la más subversiva, prohibida y literalmente incinerada en Gran Bretaña.
El narrador de esta novela autobiográfica de apellido similar al autor, Joe Necchi, está a favor de la legalización de todas las drogas y critica la histeria de masas que permite el alcoholismo pero no tolera el consumo de otras sustancias: “Para los hombres comunes y corrientes, toda forma de trastorno mental, salvo emborracharse, es tabú… El alcohólico se humilla a sí mismo. Pero el hombre que está bajo los efectos de la heroína se encuentra más allá de la humillación… Bajo sus efectos te adaptas con toda naturalidad a un nuevo hábitat. Es posible vivir en el umbral de la puerta, en el sofá de alguien, en su cama, en su piso, siempre cambiando de lugar”. También sabe que es posible tener que mentir, estafar y robar incluso al amigo que lo ayudó a conseguir droga la última vez. “En el mundo del yonqui no tienes más remedio que ser muy tolerante con el otro”.
Publicado por Grove Press en 1960, al principio el libro sólo se conseguía en Nueva York dado que sus ejemplares a la venta en librerías británicas fueron confiscados por “incitar a la depravación” y quemados en 1963. En español recién fue publicado por Anagrama en 1992. Por cierto, el uso del argot ibérico en la traducción puede hacer difícil a un lector hispanoamericano entender que el protagonista, que trabaja y vive en una gabarra (chata o barcaza que transporta materiales), sobre el río Hudson, anda “trapicheando todo el día con la pasma pegada a los talones”, le dice a su novia que “tiene que dar el callo” mientras ella avisa que “se comería un rosco” porque es “como si la llevara pegada al chocho, guaperas, mientras no me metan en chirona”.
Traducciones aparte, los detalles, las etapas del rito, el uso correcto del instrumental, los diálogos lentos, el placer, el éxtasis y el cuelgue en las escenas donde el “líquido pálido veteado de sangre se escurre por la aguja y penetra en la vena” reponen de modo contundente la vida clandestina de esas figuras espectrales que eran los yonquis de Manhattan, “relegados a la pobreza, la suciedad, la miseria, sin siquiera la protección de un gueto legítimo”. Porque el narrador también fuma marihuana pero detesta la intransigencia de los consumidores de cannabis hacia la heroína, tanto como a los policías, jueces, médicos y expertos que condenan a los yonquis cometiendo “verdaderos asesinatos como si se sonaran la nariz”. Sin exagerar: en esos años, suministrar heroína a un menor podía ser castigado con la silla eléctrica.
En cuanto al autor, que compartía la aguja con todo el mundo sin importar la edad, tuvo que dejar Estados Unidos después de un serio traspié. Una vez fue a comprar droga a Harlem y al volver al centro lo detuvo la policía. Lo amenazaron con acusarlo de traficar heroína para que entregara a su dealer. Trocchi se negó a hacer esa delación y terminó preso. Por suerte, algunos buenos amigos lo sacaron de la cárcel bajo fianza. Pero el proceso continuó, agravándose cuando fue invitado a un debate por televisión y mostró en vivo cómo se inyectaba. Al advertir que no tenía ninguna posibilidad de evitar la condena, Norman Mailer, Leonard Cohen y otros lo ayudaron a refugiarse en Canadá.
En 1961 regresó a Gran Bretaña, donde pudo registrarse como adicto y recibir tratamiento y drogas de manera legal. Se dedicó a trabajos menores, entre ellos vender libros en el mercado de Portobello en Londres, y publicó una serie de artículos filosituacionistas sobre el Proyecto Sigma, una propuesta de red de artistas, universidad espontánea y agencia de comunidades no jerárquicas que en Argentina se publicó entre 1965-67 como “La insurrección invisible de un millón de almas”, por traducción de Ektor Nho (Miguel Grinberg) en la revista Eco Contemporáneo. También empezó a escribir otra novela, The Long Book, que nunca pudo terminar.
O sea que El libro de Caín fue la despedida de Trocchi de la literatura, si es que alguna vez estuvo allí. “Supongo que ésta es mi última voluntad y testamento, aunque mientras tenga la posibilidad de elegir tardaré mucho en morirme (sólo puedes cultivarte mientras esperas el desenlace)”, escribió en ese canto del cisne anticipado. Murió quince años más tarde, pero no a causa de la heroína sino probablemente del tabaco, un año después de una operación de cáncer de pulmón que se complicó con neumonía. Irónico: se salvó del “chute”, del “caballo” y de la “pasma” pero igual lo alcanzó la parca, como a todos. Eso se comprende.

 

Una nota de Osvaldo Baigorria en Perfil, se lee por acá.

Hemingway x Mailer

20/05/2016

La historia ofrece una clave fina sobre la lógica de la mente de Hemingway, y tienta a hacer la predicción de que no habrá una biografía definitiva de Hemingway hasta que se comprenda mejor la naturaleza de su tortura personal. Es posible que Hemingway viviera cada día de su vida en el estilo del suicida. Qué gran pavor es eso. Es el pavor que se siente en los silencios de sus cortas frases declarativas. En cualquier instante, por cualquier fallo en la magia, por una derrota mezquina, o por un momento de cobardía, Hemingway podía ser lanzado de nuevo a las exigencias agónicas de su coraje. Porque la vida de su talento puede haber dependido de vivir en un terreno psíquico donde uno debe ya sea ser valiente más allá del límite de uno o enfermarse hasta estar muy mal, o, de hecho, según la lógica última del suicida, debe adelantar la hora en que uno haría otro reconocimiento de su propia muerte.

Norman Mailer escribe sobre Ernest Hemingway, se lee completo por acá.

El peronismo de Perlongher

15/05/2016

El “peronismo” de Néstor Perlongher duró exactamente cuatro meses, de marzo a julio de 1973. Uno de los mayores disparates con los que se intentó construir su leyenda nac & pop estos últimos años fue sostener que para la asunción de Cámpora fue a la plaza con un cartel que decía “los putos con Perón”. Según mi propio recuerdo personal y documentos de época, el 25 de mayo de aquel año Perlongher estuvo al frente de unos cincuenta miembros del Frente de Liberación Homosexual con dos carteles, “Vivir y amar libremente en un país liberado” y otro cuya consigna había sido tomada de la marcha peronista: “Para que reine en el pueblo el amor y la igualdad”. Con las mismas banderas marcharon a Ezeiza el 20 de junio, detrás de la columna Oeste de la JP, donde fueron recibidos con frialdad.

Este acercamiento, un “entrismo” limitado a manifestaciones populares que funcionaría como dispositivo de visibilización, fue explicado por Perlongher a la revista amarillista Así de julio del 73, cuando llamaba a incorporar al “conjunto de la comunidad homosexual a la lucha por la liberación nacional y social”. Ya la izquierda peronista tomaba distancia en las marchas –dejaba un vacío- para no quedar pegada a esos excéntricos manifestantes, respondiendo a las acusaciones de la ultraderecha sobre “infiltración de homosexuales y drogadictos” con aquel canto fascista/machista de “No somos putos/no somos faloperos/somos soldados de FAR y Montoneros”.

Osvaldo Baigorria escribe en Ñ, se lee completo por acá.

La marcha universitaria

14/05/2016

“La marcha salió de la Plaza Houssay. Sobre los canteros, desde las primeras horas de la tarde, se reunieron los centros de estudiantes. Estuvieron todas las agrupaciones estudiantiles. Hasta Franja Morada marchó contra las medidas de Macri. ‘¿No estaban con Cambiemos?’, preguntó Página/12 a Josefina Mendoza, dirigente de Franja y vicepresidenta de FUA. ‘Muchos piensan lo mismo’, contestó ella y se rió. Después añadió que están, ‘pero marchamos porque compartimos los reclamos'”, cuenta Laura Vales en Página 12, se lee completo por acá.

“Hacía 15 años que el sector universitario no hacía una protesta unificada. Reclama un aumento salarial superior al 31% que propone el Gobierno, un mayor presupuesto universitario y un boleto estudiantil universitario. ‘El conflicto está creciendo en las universidades del país y si el Gobierno no da una respuesta, se pone en riesgo el cierre del cuatrimestre’, dijo Henkel”, escribe en La Nación María Manuela Ántola. Se lee completa por acá.

“Fue una de las protestas universitarias más grandes de los últimos 15 años. Sin el kirchnerismo en el poder, se llevó a cabo una multitudinaria marcha que comenzó en Plaza Houssay y se extendió hasta el Ministerio de Educación, conocido como Palacio Pizzurno, y de allí a la Plaza de Mayo. Con sueldos y un presupuesto rezagados desde hace años, los seis gremios docentes fueron al paro y se movilizaron junto a las representaciones estudiantiles, el claustro de graduados y personal no-docente de todo el país por el centro porteño para rechazar el aumento del 31% propuesto por el Gobierno y exigir más fondos para las casas de estudios”, consigna Infobae por acá.

Formas, parecidas o muy distintas, de narrar la marcha.

Palermo, me tenés seco y enfermo

10/05/2016

rsturf

Por Nicolás G. Recoaro

Palermo Rosa, lleve Palermo Rosa”, repiten como un mantra los vendedores de revistas en la esquina de Dorrego y Avenida Del Libertador. Ya pasaron algunos minutos de las 14 horas y la entrada del Hipódromo Argentino de Palermo es un hervidero de familias, turistas, miembros del jet set criollo, empresarios y, obviamente, “burreros” (como se conoce a la fiel afición del turf), que pugnan por entrar a la catedral de la hípica. El recinto que hoy inicia los festejos por sus 140 años de historia.

La masa humana avanza parsimoniosamente por una de las calles internas del hipódromo. Muy cerca del Paddock.  “Hoy viene la gente de siempre. Pero sobre todo muchos que no son del palo del turf, y eso está muy bien”, me cuenta Ariel Cejas, un técnico oriundo de Entre Ríos que ahora vive a pasitos del hipódromo. La apreciación de Cejas no es errada: unas 40 mil personas visitarán el templo argentino del turf esta tarde. Muchos atraídos por el imán del Gran Premio República Argentina, otros tantos por el variopinto menú que incluye una pantagruélica feria gastronómica, exposiciones de arte y hasta un desfile de moda. Apoyado sobre la baranda del Paddock, Cejas chusmea el estado de un alazán. “Estudio bien el caballo en la previa. Pero por ahí cuando lo veo cambio de idea. Los caballos son como estados de ánimo”, confiesa antes de encarar para la ventanilla de apuestas. En los parlantes del predio suena un clásico de los franceses Daft Punk. “Get Lucky”.
(more…)

Palabras finales de Debord

02/05/2016

La despedida de Guy Debord (1931-1994) tuvo algo de esas “situaciones construidas” que impulsó la Internacional Situacionista, grupo que entre fin de los ´50 y principios de los ´70 propuso la superación del arte en tanto esfera separada de la vida dentro de una revolución que Debord seguía llamando, sin concesiones, “proletaria”. Es curioso observar el derrotero de ciertas palabras que en otros tiempos fueron potentes. En el vocabulario situacionista, una de las más novedosas y equívocas fue détournement: la tergiversación y el desvío de elementos estéticos preexistentes y su composición en una nueva unidad de sentido. Por ejemplo: un título, un recorte de prensa, una frase neutra, un póster, una consigna, una foto cuya relación con el texto no sea obvia de inmediato, producen otros significados si se los inserta en un nuevo contexto. Se modifica un cartel publicitario o señal de tránsito, se arranca un fragmento de su lugar fijo y predeterminado, se desvía su curso y se subvierte su sentido. Desviación o tergiversación serían más apropiadas, pero en las reediciones argentinas de La sociedad del espectáculo, desde su primera publicación por Ediciones De la Flor en el 72, détournementsiempre aparece como “diversión”, quizá tomando en cuenta su traducción al inglés.

Osvaldo Baigorria escribe sobre Guy Debord en suplemento Cultura de Perfil, se lee completo por acá.