Archive for 28 junio 2016

Salgan al sol

28/06/2016

Alta en el cielo, la luna llena ilumina las canchitas de fútbol del Parque Avellaneda. Cae la noche invernal. Hace frío, demasiado frío. Unos pocos cedros y la autopista Perito Moreno, como un telón de fondo, completan la escenografía. Varias fogatas arden cerca de la wak’a ceremonial. Falta sólo media hora para que un nuevo día comience, 21 de junio de 2016 del calendario gregoriano, y poco más de ocho para que los primeros rayos del sol den inicio al año nuevo de los pueblos originarios. El Inti Raymi 5524. “Mara T’aqa, la separación de ciclos agrícolas; Willkakuti, el regreso del sol; Machaka Mara o Inti Raymi, el año nuevo. El nombre no es tan importante, hermano. Lo importante es compartir”, explica a Tiempo Rafael Apaza, un jujeño cincuentón que disfruta de la vigilia ataviado de estricto poncho rojinegro y lluchu haciendo juego sobre su cabeza. A pasitos de la wak’a, el centro energético del parque, Apaza analiza con ojo de lince una bolsa repleta de hojitas de coca. “Hay que elegir sólo tres –detalla–. Son para poner nuestras intenciones en un quintu, como ofrenda para la Pachamama al inicio de la ceremonia.” Se crió en las alturas de Caranavi, cerca de La Paz, la capital aymara del mundo. Ahora vive en Liniers, el más andino de los 100 barrios porteños. Viene de una familia de agricultores, y se gana la vida como auxiliar de portería en una escuela. “Mañana tengo que ir al trabajo, el feriado que dio la Ciudad corre sólo para alumnos y docentes indígenas. Será pues en el futuro que nos incorporen a todos”, se lamenta. Consultado sobre sus deseos para el próximo año, Apaza hace aflorar sus inquietudes ecologistas: “Hay que cuidar la naturaleza, empezar a hablar de los derechos de la Madre Tierra”, dice y encara derechito hacia una fogata que alimentan los sikuris de la agrupación Ayllu Sartañani.”La diferencia de hacerlo en Capital o en pleno Altiplano es el cambio de escenario. La esencia sigue siendo la misma: la necesidad de reencontrarnos con nuestros orígenes”, explica Cristian Ponce, un joven sikuri. Mientras prepara sus zampoñas para interpretar un italaque, cuenta que las cuatro fogatas que arden en el predio representan a los suyus, las regiones que daban cuerpo al Tahuantinsuyo inca. Pero también a los cuatro elementos fundamentales en la cosmovisión andina: aire, agua, fuego y tierra. “Nuestra música está muy relacionada con la agricultura y las estaciones del año. Pero más que nada, el siku es una forma de comunicación. Cuando tocamos, estamos hablando”, dice Cristian y se lanza a soplar las cañas. A dialogar con sus compañeros junto al tórrido fogón.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro publicada en Tiempo Argentino, se lee completa por acá.

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Cabeza de tormenta

26/06/2016

“Las poblaciones, a fin de cuentas, observan y soportan los juegos de poder. Tratan de participar de ellos y sacar beneficios. La esencia del vivir no se juega en esos circuitos: es de la índole de los afectos, eso es lo que importa. Lo único que se puede hacer en política es establecer vínculos confiables y pequeñas alianzas de afines a modo de autoprotección. Los que están más arriba, los millonarios, son los que dominan el mundo; uno no puede esperar clemencia de ellos, sólo una dádiva. La dádiva no es un ideal político interesante y eso es lo que ha ocurrido hasta ahora, salvo pocas circunstancias en la historia moderna”, dice Christian Ferrer en una entrevista en La Nación. Se lee completa por acá.

Ropa sucia

25/06/2016

La presión crece. Una metodista toma los tiempos de producción con cronómetro y el control se respira en la nuca. Nueve operarixs en cada mesa se distribuyen las piezas de tela. Unas manos unen los hombros, otras cierran el lateral y pegan las tres tiras. Mientras, se arman los cuellos y luego se les agrega la etiqueta trasera. Los dedos ágiles parecen hacer pases de magia entre el género que se desliza bajo la aguja. Hay que hacer coincidir las franjas, no dejar frunces. Se cose para las mega marcas Adidas y Nike. Camisetas de primera línea para el equipo de la selección nacional de AFA y para clubes de primera como River y Estudiantes. Últimos modelos deportivos que brillarán en las vidrieras unos días después. Algunas otras prendas también se exportan. Para que esos súper logos sean posibles en las actuales condiciones de trabajo, hoy lxs costurerxs no pueden casi ni levantarse de su puesto. Ir al baño se convierte en un lujo y una pesadilla al volver corriendo y ver los cortes acumulados, desobedeciendo al cronómetro.

Mientras tanto, en el Palacio de Justicia, el Tribunal Oral Número Cinco es escenario del racismo desinhibido de la abogada defensora de los empresarios y dueños del taller textil de la calle Luis Viale, donde murieron seis personas en un incendio hace diez años. La “letrada” -como dice la jerga leguleya- habla de lxs trabajadorxs migrantes de Bolivia argumentando que “en el contexto en el que se mueve, su mente es bastante primitiva”, propone justificar la explotación en nombre de que “en su lugar de origen viven en peores condiciones”, cree que puede tratarse de “delitos culturalmente motivados”. No son situaciones muy distantes: son lugares desde los que se difunden socialmente imágenes de racismo y de disciplinamiento laboral frente a los despidos y al ajuste, donde lo que se busca es expandir el miedo como fórmula de explicación de lo que sucede, y de obligar al conjunto de lxs trabajadorxs -más allá de su nacionalidad- al acato a la jerarquía y a las amenazas. Son mensajes que se envían al conjunto de la sociedad y que exceden por lejos al recinto del tribunal o a las paredes de una fábrica. Este martes, sin embargo, la sentencia del tribunal dio un paso promisorio: además de la condena de trece años de prisión a los dos talleristas a cargo del lugar (uno argentino, otro boliviano), también se ordenó la investigación a los dueños de las marcas para las que trabajaba el taller, Daniel Fischberg y Jaime Geiler, así como a los inspectores y a la policía.

Se lee completo en el suplemento Las 12 de Página 12, por acá.

El virus Symns

20/06/2016

La fábrica de velocistas

17/06/2016

Jamaica es una fábrica peculiar de velocistas. Desde su infancia, la mujer más rápida del mundo entró en un estructurado sistema de preparación cuyo recorrido garantiza el éxito. Shelly, que se graduó en psicología, llegó al mvp Club tras haber pasado por ese proceso que atraviesa la vida estudiantil de los atletas jamaiquinos desde sus inicios. De hecho, en sus primeros años, no era la mejor en su categoría. “En 2006, cuando ella llegó a este club y a la universidad, tenía 19 años y su mejor marca era de 11,77. Dos años más tarde ganó los Olímpicos con una marca de 10,78”, afirma Paul Francis, director deportivo del club. De los 130 atletas con los que cuenta el mvp, quince hicieron parte del equipo nacional en la pasada temporada.

Una crónica de Diego Cobo en la revista El Malpensante, se lee completa por acá.

La picada del domingo

14/06/2016

Imagen de la nota Conurbano rápido y furioso

En el barroso cruce del Camino de Cintura con Olimpo, se amontonan los fieles tuercas. Las banderas coloradas y el altar pagano que rinden culto al Gauchito Gil no están lejos. Faltan apenas minutos para las cuatro de la tarde. La fila india de bólidos nace del oxidado portón de acceso al Picódromo y va engordando hasta rozar peligrosamente la banquina de la ruta. Los parroquianos matan el tiempo, lustran sus máquinas. Comparten el mate mientras hablan del frío, impiadoso. “Era cuestión de fe, al final salió el sol”, dice Emiliano Guidone. El joven mecánico es oriundo de Morón y todos los domingos, religiosamente, llega hasta Esteban Echeverría para celebrar la liturgia del divino motor.

Como en éxtasis, Guidone admira la trompa de su Fiat Uno SCR modelo ’94. Recuerda: “Hace 22 años que vine a este mundo de las picadas y no frené más.” Como si repasara un párrafo del Génesis, el mecánico catequiza: “En el taller sos como Dios. Creás desde cero. Probás un carburador grande, después uno chico, ajustás el cigüeñal, el axial…” De repente, los empleados del Picódromo abren el portón y los autos empiezan a marchar hacia los boxes. Guidone enciende el motor de su carruaje. Antes de despedirse, confiesa: “Hay  gente que el domingo va a misa. Bueno, nosotros tenemos que venir acá.” Con parsimonia, pone primera.

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Ali vs Forn

13/06/2016

“Para ponernos en contexto, Cassius ya se había cambiado para entonces su ‘nombre de esclavo’ por el de Moamed Alí (perdonen la grafía, pero voy a llamarlo como lo llamamos siempre), ya se había hecho musulmán, ya le habían prohibido pelear y le habían arrebatado el título por negarse a ir a Vietnam. Su famosa declaración: ‘Ningún Vietcong me ha llamado nigger, ninguno violó ni linchó a los míos ni nos hizo perseguir por perros. ¿Por qué ir a matar gente hambrienta en el barro, en nombre de la todopoderosa América? Métanme en la cárcel, si quieren. Hace cuatrocientos años que los míos viven en una cárcel’.

Era 1971. Alí venía volteando muñecos en su raid por recuperar el título (el último había sido Ringo) y el indestructible Joe Frazier era el campeón. Nadie podía con él. Su única sombra era Alí, y quería disolverla de su vida: que quedara un único invicto, un único campeón (hoy sabemos que fue Frazier el que consiguió que Alí recibiera permiso para volver a boxear: intercedió ante el mismísimo Nixon, a quien votaba y apoyaba de corazón). En aquella primera pelea entre Alí y Frazier, mi viejo y yo todavía éramos padre e hijo. Para la tercera pelea, en 1975, ya éramos enemigos: ya estábamos en guerra, su manera de pensar y mi rabiosa adolescencia. Yo era la versión doméstica de Alí, para él; y él era una mezcla de Frazier y Nixon, para mí.”

Juan Forn escribe en Radar de Página 12, se lee completo por acá.