Archive for 27 julio 2016

El Campeonísimo

27/07/2016

Portada libro El Tour de Francia, de Mario Fossati 2

Al cierre del Tour de Francia de 1952, los aplausos del Parque de los Príncipes son todos para el dominador absoluto de la carrera: Fausto Coppi (1919-1960). Después de 23 etapas, casi 5000 kilómetros, y un dura caída, el “Campeonísimo” alcanza la gloria por segunda vez en la Grande Boucle. Este triunfo, más que ningún otro, le valió a Coppi el título –hasta nuestros días– de “héroe del deporte italiano”. El país que luego de la sangrienta Segunda Guerra Mundial hacía equilibro sobre dos ruedas para salir de la miseria.

En aquel mítico Tour, también hubo otro fuera de serie que acompañó a Coppi en su epopeya. El periodista Mario Fossati (1922-2013) fue testigo directo de las proezas de su paisano. Fossati había sobrevivido de milagro a la campaña de Rusia y se ganaba el pan colaborando en La Gazzetta dello Sport. Cuentan que el joven cronista siguió la prueba a sol y sombra desde una moto y que nutrió sus crónicas con jugosos reportajes registrados en los hoteles donde los competidores reposaban sus cansados esqueletos. Dos décadas más tarde, luego de trajinar las redacciones del Giorno y La Repubblica, ya erigido como uno de los periodistas deportivos más importantes de Italia, Fossati decidió inmortalizar sus andanzas y desandanzas en aquella mítica competencia de principios de los años cincuenta. Así nació el único libro que escribió en su dilatada carrera. Una joya oculta de la crónica deportiva del pasado siglo.

Publicado originalmente a finales de los ’70, pero recientemente traducido al español por la editorial Gallo Nero, el libro El Tour de Francia. Fausto Coppi hacia la gloria permite conocer las mil y una peripecias de aquella edición que bordeó la agonía épica y la estrategia bélica. Es importante recordar que en 1952, el Tour todavía estaba reservado a las selecciones nacionales, lo que le daba un beligerante encanto patriótico, que más tarde dimitió ante el mercantilismo.

Como si estuviera rodando un clásico del neorrealismo italiano, Fossati relata la agónica obra maestra de Coppi con ritmo cinematográfico. La escalada del Alpe D’Huez, los celos y envidias en el team italiano –brillaban Gino Bartali y Fiorenzo Magni apoyando al piamontés-, las largas rectas de Le Mans, las charlas con Biagio Cavanna –el masajista ciego mentor de Coppi– y aun las confesiones nocturnas en los hoteles, “la tienda de los guerreros, el lugar en el que el campeón desvela a sus más íntimos los misterios de la carrera, manifiesta sus dudas, confía sus temores y lanza sus desafíos”.

El Tour de Francia es un libro de estilo elegante, pero sobre todo riguroso. También potente. Como una escapada del eterno Campeonísimo.

Una reseña de Nicolás G. Recoaro publicada en Tiempo Argentino. Se lee por acá.

Los gauchos beat

26/07/2016

caja negra argentina beat

Los llamaron “beatniks” como contraseña para el escándalo en tiempos de intolerancia. No era una autodefinición. Quedó el mito y se perdió la obra, pero en Argentina Beat. Derivas literarias de los grupos Opium y Sunda (1963-1969) hoy se recuperan los textos, fotos, portadas de fanzines, poemas, manifiestos y semblanzas de la parte más marginal de esa bohemia porteña que en aquellos años rondaba la “manzana loca” (M.T. de Alvear, Alem, Córdoba y Maipú, con su Instituto Di Tella, Bar Moderno, etc.), antes de su dispersión por el mundo y el autoexilio interior.

Un artículo de Osvaldo Baigorria sobre el libro Argentina Beat. Salió publicado en la revista Ñ, pero se lee completo por acá.

Hoy te convertís en héroe

25/07/2016

Con mostaza y una gruesa capa de papitas paille. Así le gusta el súper pancho a Deadpool. “Salí muy temprano de Merlo y todavía no almorcé. Tengo más hambre que el Chavo del 8”, confiesa Brian, el joven detrás de la máscara de la estrella pistolera de Marvel Comics. Curtidas zapatillas negras, pantalón de gimnasia colorado, pasamontañas al tono y una bolsa de consorcio rojo shocking sobre su torso. “Es una versión bizarra. ¡Soy Pobrepool! En el cosplay también sufrimos el ajuste”, explica el fornido muchacho, que se gana el mango como empleado municipal en el Conurbano profundo. Brian no es el único con hambre de gloria en la Usina del Arte. La entrada al histórico palacete de aires florentinos, en el sur último de la Ciudad, está superpoblada por estoicos héroes de cómic y personajes surrealistas de animé que le ponen el pecho al frío dominical. Todos quieren obtener el mejor lugar, para participar en el encuentro de la Asociación Internacional de Cosplay.

Una crónica de Nicolás G. Recoaro en Tiempo Argentino, se lee por acá.

Symns de perfil

22/07/2016

Enrique Symns es uno de esos personajes que el mismo Symns retrató en Cerdos & Peces. Tiene el don del relato, pone en relación eventos, circunstancias y lugares y arma una historia. Una habilidad que quizás haya aprehendido atando los cabos familiares, o sorteando acusaciones en el barrio, cuando robaba los billetes que los vecinos dejaban debajo de los sifones. Una gracia que maduró en los bares, al calor del alcohol en la garganta, con la lubricación de algún estimulante extra y la urgencia por hacerse de alguna mujer, de algún amigo. “Fui un lumpen hasta los treinta y pico de años”, dice con la mirada puesta en una puerta.

Un perfil de Enrique Symns, firmado por Agustina Frontera en la revista digital Anfibia. Se lee por acá.

Crónica sobre los niños matanceros

18/07/2016

Los chicos están eufóricos: hoy hay flan. ¡Y con dulce de leche! Miran con ganas los baldes que las dos empleadas del comedor van repartiendo con su rutina perfecta. Extraen el flan de un balde y el dulce de otro y cada cucharón de flan tiene la misma cantidad que otro cucharón de flan. Los chicos comen su porción en alrededor de cinco segundos y se relamen. Salvo uno. Serio, saca un pequeño tupper de la mochila, toma el flan y lo guarda. Uno de los directivos de la escuela justo camina en ese momento por el comedor y ve la escena de reojo. “Seguro está guardando el flan para repartirlo en la casa con los hermanitos”, supone. Y llora.

Martín Granovsky escribe en Página 12 una crónica sobre el presente (con el pasado como sombra) en La Matanza. Se lee por acá.

Es cierto, es cierto, he visto un lindo gatito

17/07/2016

En el puesto vecino, Ana vende juguetes que hacen adelgazar las billeteras de los felinófilos: chifles, pelotas, dosificadores de alimento y hasta varitas mágicas coronadas con plumas. La encargada de Identidad Propia Artesanías advierte que, a la hora de consentir a sus mascotas, los fanáticos “gastan más de lo que uno cree”. Rascadores Mau es uno de los emprendimientos más novedosos del mercado. Ofrece cuchas que parecen diseñadas por Le Corbusier. La más extravagante es un Empire State de cuatro pisos, forrado en peluche, que cuesta casi 6000 pesos.

Greta es la coiffeur de Jade Jeanette, una glamorosa gatita Bosque de Noruega. “Para este tipo de eventos se le pone espuma y tonalizadores”, cuenta Greta y con delicadeza cepilla a la dócil felina. Revela que cada raza tiene su propio estilo: “Por ejemplo, los persas tienen que tener el pelo bien volado, como cuando la Pantera Rosa sale del lavarropas”. Tres largas horas se afanó la estilista para que Jade Jeanette luzca hoy como una verdadera reina de la belleza felina.

Nicolás G. Recoaro escribe una crónica sobre felinofilia en Tiempo Argentino, se lee completa por acá.

Pensá en verde

16/07/2016

La ecología tiene la ventaja de ser evidente y razonable: si nos cargamos el planeta no vamos a poder usarlo más. La ecología es algo así como la solidaridad de los individualistas, la misión de una época de escépticos. Y tiene, sobre las demás opciones, una gran ventaja: ofrece mejoras personales evidentes. Hubo tiempos en que alguna ideología –cristianismos, socialismos– había convencido a mucha gente de que no podía ser feliz si su prójimo no lo era, no podía sentirse satisfecho si su vecino tenía hambre. Ahora, cuando tales antiguallas parecen ser historia, la preocupación ecololó triunfa: es fácil suponer que la degradación del medio ambiente no deja –en principio– a nadie a salvo, que si el calentamiento global va a calentar tanto, oponerse no es altruismo ni requiere el esfuerzo de imaginar la desgracia de un niño morenito: es puro instinto de supervivencia.

Martín Caparrós escribe en El País, se lee completo por acá.