Crónica sobre los niños matanceros

Los chicos están eufóricos: hoy hay flan. ¡Y con dulce de leche! Miran con ganas los baldes que las dos empleadas del comedor van repartiendo con su rutina perfecta. Extraen el flan de un balde y el dulce de otro y cada cucharón de flan tiene la misma cantidad que otro cucharón de flan. Los chicos comen su porción en alrededor de cinco segundos y se relamen. Salvo uno. Serio, saca un pequeño tupper de la mochila, toma el flan y lo guarda. Uno de los directivos de la escuela justo camina en ese momento por el comedor y ve la escena de reojo. “Seguro está guardando el flan para repartirlo en la casa con los hermanitos”, supone. Y llora.

Martín Granovsky escribe en Página 12 una crónica sobre el presente (con el pasado como sombra) en La Matanza. Se lee por acá.

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