La enfermedad como destino

A algunos les crecerá desde el omóplato un miembro largo como un antebrazo o una doble fila de dientes. Algunas mujeres serán tan fértiles que podrán dar a luz a un niño tras otro después del primero sin volver a tener relaciones sexuales hasta caer exhaustas tras múltiples embarazos. Y algunos infantes padecerán la “maldición de Sísifo” que a los dos años de vida les hará perder todas las habilidades adquiridas desde su nacimiento, obligándolos a reaprender todo de nuevo por dos años más hasta detenerse en otra regresión, y así hasta morir con una mente de bebé en un cuerpo de adulto.

Estas son algunas de las enfermedades contenidas en una enciclopedia médica del siglo XVI que irá descubriendo un novicio llamado Máximo, quien también tiene sus discapacidades, guiado por un anciano bibliotecario que está perdiendo la vista. Primera novela de Vikram Paralkar, médico hematólogo nacido en India y emigrado en 2005 a Estados Unidos, donde se dedica a la clínica y a la investigación en la Universidad de Pensilvania, Las afilicciones puede leerse como una serie de casos revisados por una concepción medieval y pre-científica de la medicina. Cuenta entre sus precursores a Las ciudades invisibles de Italo Calvino y a El libro de los seres imaginarios de Borges, aunque los modos de construir las referencias históricas y religiosas contribuyen a un clima de “realismo mágico” que el autor mismo ha admitido tener entre sus influencias. Y faltan ritmo, velocidad y tensión dramática para relatar cómo cada individuo sufre su enfermedad, intenta curarse y es finalmente derrotado.

Hay ideas notables, como la Amnesia inversa, una falla de la memoria que afecta a quienes conocen al enfermo y no al revés: la víctima ve cómo los demás, incluso sus seres queridos, se van olvidando de ella hasta que nadie la reconoce. O la Aevum insolitum, un trastorno por el cual cada imagen, busto o retrato envejece al mismo tiempo que la persona que representa. O el Corpus fractum, que reproduce en el rostro de cada uno los rasgos de aquellos a los que traicionó, estafó o lastimó al entrar en contacto.

Algunas epidemias evocan figuras bíblicas, como la Confusio linguarum, en la cual las víctimas de pronto pierden sus lenguas nativas y solo pueden hablar con sílabas nuevas y extrañas. Hay varias plagas que afectan la memoria: por ejemplo, la Aflicción de Mnemósine produce una memoria tan prodigiosa que –como Funes- el afectado recordará hasta la forma de una mancha en la página que ha leído y otros detalles ínfimos. Hay otra enfermedad que obliga a observar todos los defectos, hipocresías y secretos más indecibles de las personas y que pudo haber estado inspirada en el cuento del siglo XIX “El misógino”, de John Davis Beresford, donde cierto astigmatismo moral hace que uno, al mirar por sobre el hombro a los demás, no pueda evitar ver todos sus vicios y mentiras. Plagiado incluso hasta el título por el sacerdote y escritor Leonardo Castellani en la década del 1970, el tema tiene aquí una nueva vuelta de tuerca en un caso llamado “intoxicación con Erysifia”.

Con pocas excepciones, las causas de estos padecimientos son de índole moral: contagios psíquicos, heridas y ulceraciones que se producen ante cada acto de malicia, arrepentimientos mal digeridos, castigos divinos por crímenes y pecados. Y aunque el karma de la enfermedad está tratado con humor negro, el médico parece imponerse sobre el novelista, y a veces el moralista sobre el médico, en el tratamiento narrativo de estas patologías fantásticas.

Versión completa de la reseña firmada por Osvaldo Baigorria, publicada con recortes bajo el título “Enfermedades imaginarias” en revista Ñ del 6 de agosto de 2016. Las aflicciones (traducción de Laura Wittner) fue editada por La Bestia Equilátera.

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