¿Le falta poder a la poesía?

Lo que también es materia de acuerdo es que la situación de la poesía, alguna vez lenguaje general, cambió. Que la poesía perdió ese lugar. No sólo existe justamente la escritura como medio privilegiado para el registro de ideas, datos, métodos, oraciones e información, sino que dentro de la vida “escrita” del poema difícilmente podría pensarse que éste cumpla hoy un rol tan central en relación con la memoria social. Los géneros asociados con ella son otros. Existe una abundante escritura académica ya no solapada con el gesto poético: la crónica y el universo amplio de la escritura de “no ficción”, testimonial o ensayística, como formas que también pueden asociarse más con la memoria, además de que abundan medios no verbales para producir marcas, recuerdos y registros. En la vida cotidiana, las fotos y videos hechos con las camaritas de los celulares construyen antes que lo que llamamos poesía esa memoria social, familiar o personal. Y es que la poesía, por más que pueda en rigor seguir hablando de todo, es decir, de cualquier cosa(algo que era su característica primigenia, como vemos, pero que tuvo que reconquistar hace no tanto tiempo), raramente usa ese espectro tan amplio. Y algo más: cuando lo hace es al precio de hablar en voz baja, de murmurar, de integrarse en un ritual comunitario intenso pero ínfimo en su alcance. Este temperamento es vital porque tiene algo de resistencia de modos de ser alternativos, algo de estrategia celular de contagio de otras formas de vida posibles, pero tiene también como peligro el carácter de la huida. Ahora que la función de la poesía y la idea de su sobrevida aparecen como dudosas, ahora que se habla de su marginalización al menos en cuanto género, ahora que los poetas “bajaron del Olimpo”, renunciando a algunos materiales (los “grandes” o “importantes”) o bien confinando su tratamiento en ciertas perspectivas, y que todo esto no deja de señalarse y volver en boca de artistas y críticos, el riesgo de la huida es doble.

Un ensayo de Gerardo Jorge en la revista Anfibia, se lee completo por acá.

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