Movida y tropical

Picasso no parece nombre de bailanta. Y sin embargo ahí está. Los parroquianos llegan caminando en grupo desde calle Morón para meterse al ritmo. El interior es una especie de Guernica alegre: no hay cubismo, hay cubatas.

Sumidas en su caldo de hormonas primaverales, las parejas perrean con ímpetu adolescente. El periodista interrumpe los perreos con preguntas. Intenta indagar en el sentido existencial del movimiento. Lo rebotan sin piedad.

Carolina Colque bebe despacio y ríe. Tiene el pelo rubio, la mirada andina. Acodada sobre una baranda, relata una historia que se parece a la de muchas otras Carolinas, Johannas, Jennifers y Sheylas.

En la semana trabaja en una clínica, doble turno. Pero los sábados son suyos. Ya pasó los veintilargos y, como todos los fines de semana, sale con su hermanita menor “para cuidarla”.

Una crónica de Facundo García, se lee completa en el diario Los Andes por acá.

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