El Tata

Mi recuerdo del Tata me incita o requiere no hablar de literatura, ni del río como espacio imaginario ni del delta en general sino de algo muy particular, real y concreto: voy a hablar de la muerte, que es un tema del delta verdadero, ese que te atrapa y te deja como alimento para los peces. Porque hay un Tigre que engaña al turista, al visitante de día o de finde, al que se va después de tocar la superficie. Y porque hay que vivir y morir en la isla como lo hizo Luis “El Tata” Leonardi, rosarino nacido en el 44 que se vino a mediados de los 70 tras haber militado en el Peronismo de Base, en busca de un exilio interior que sólo podía encontrar en ese espacio que se nombra en singular, igual que el río. La isla, un lugar que en la imaginación siempre parece inabarcable, con meandros y orillas en formación constante, vegetación que oculta todo rastro, ausencia o mínima presencia de policía, vecinos que preguntan poco, tiempo de sobra, fronteras difusas entre municipios, provincias y países.

Osvaldo Baigorria escribe en la Revista Carapachay, se lee por acá.

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