Veteranos del under

Para Norberto de la Rosa, el cuerpo habla. Y muchas veces pide a gritos un masaje reparador. El curtido masajista cuenta que con sólo rozar los músculos de los pies de sus clientes, es capaz de reconocer el nivel de tensión que comprime sus desdichas. Lleva 35 años de servicio en el Castelar. Arrancó cuando tenía 29. Su entrada al milenario universo del masaje se dio de casualidad. Hastiado por sus tareas de empleado administrativo, incursionó en un taller de yoga. Fue una epifanía. Conoció el arte de la respiración y de las posturas sanadoras. También aprendió a relacionar el masaje con la trasmisión de energía. Desde entonces, De la Rosa es cultor de una rama más New Age del gremio, con aptitudes relajantes y antiestrés. Un paradigma que rompe con el tradicional masaje de fuerza. “Acá se estilaba el masaje activo. El cliente llegaba y te decía: ‘Matame, porque ando mal’. Y no es sencillo: piense que para hacerle masajes a una persona de casi 100 kilos prácticamente hay que poner el alma.” Aquellos tiempos rudos y de muchachos sin gomina quedaron en el pasado: “Ahora prendo un sahumerio y propongo ejercicios sencillos. Es posible hacer un masaje profundo sin estrujar al cliente. Pero ojo, no son caricias.”

Una crónica de Nicolás G. Recoaro sobre el sauna del Hotel Castelar. Se lee en Tiempo Argentino por acá.

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