Segunda mano

Con ojo clínico, Nelly analiza los atributos de una bufanda escocesa. “¡Mire qué lana, bien bonita! Usted sabe, con estos primeros fríos se larga la temporada de invierno, hay que ir buscando precio y calidad, y dejarse sorprender por lo que aparece”, asegura la señora nacida y criada en Pompeya. Dos veces por semana visita con puntualidad las instalaciones del Cottolengo Don Orione en ese barrio del sur. En el sector ropería se aprovisiona de muy variopintas prendas de segunda mano, aunque primeras marcas. Luego las revende en una feria de Florencio Varela. “Acá vestí a mis hijos y aprendí a ganarme mis pesitos. Antes se conseguían cosas más interesantes: acá compré los zapatos que usé el día de mi casamiento, unos Liotti que me quedaban al pelo, parecía la Cenicienta. Hay que reconocerlo, el Cottolengo nunca me dejó a pata. Pero bueno, con la crisis, ya no se regala ni un pañuelo”, dice Nelly sobre los tiempos violentamente austeros que vive el país. En las ferias, cuenta, la venta de rezagos y ropa usada aumentó en los últimos meses. “La mano viene brava, bravísima”, subraya. El trueque volvió a salir a escena.

 

Una crónica de Nicolás G. Recoaro, se lee en Tiempo Argentino por acá.

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